martes, 18 de diciembre de 2007

que esta boca es mía

Ni yo quiero elegir entre tenerte o dejarte, entre el vino o el correr. Es mejor aprender a vivir en la frontera entre esto y aquello.

Nadie me impide correr, ni siquiera los ladridos de los perros, menos el pecado original. No me da por las noches cantar ni tirar migas de pan a las gaviotas de ciudad.

Te engaño sí me dejo confundir por tu voz despedida, no tengo orgullo ni vanidad, fui yo quien decidió el final. “Solo se trata de poder dormir sin pelear con la almohada”. ¿Qué es el bien? ¿Dónde está el mal?

El adiós viene y aunque arranque me ha de alcanzar. Y tu ahí, refugiado donde todos te amenazan.

Y sal de ahí, a defender el pan y el semen.

Y sal de ahí, para que sepas que esta boca es mía.















Este es un canto de noches pérdidas, que canta al filo de cuando te duermes. Con el ron de las despedidas suena más desesperado.

Vamos al bar de los amores perdidos, ya sabes que todo sabe a casi nada, a paraderos de estaciones perdidas, a hielo seco derretido en la almohada….

Y tiene tu nombre, como la soledad y como el olvido. Los fugitivos del deber no tienen pasajes para el cielo.

Este es un llanto de noches perdidas, se suena con una flor marchita, se sube a la cabeza como esas bebidas, se pega a la desilusión como una corbata, quema como la loca en la discoteca, sirve para echar vinagre en las heridas, miente como sólo miente Sabina

Y el olvido tiene tu nombre, como mi corazón y como tu partida. Los fugitivos del bien amar no tienen más amor que el que han perdido

Este es el trago de los amores perdidos…


Sí quieres te lo cambio por un rato en tu cama, hierve como estadio los domingos, suena como un beso en un telegrama.

Y tiene tu nombre, como la libertad, como el horizonte. Los fugitivos del mar amor cogen su maldición y se la beben.

lunes, 17 de diciembre de 2007

¿dónde fue?

Dónde fue
un chico que conocí
estaba don Jodo sentado en su velador
fabricábamos películas de amor sobre la cama
y mirábamos tormentas de papel por la ventana
Dónde fue
ya no oigo su voz
Díganle que esto nos sirve a los dos

Sobredosis de amor
Dónde fue
el chico que conocí

viernes, 14 de diciembre de 2007

peligro de fuga


Quiero no tener que optar entre Santiago City y el Valle del Elqui, entre andar a pata pelá o con corbata, bañarme con mis herman@s desnudo en el río o asarme en la soledad de la ciudad. Ni elegir entre tú, ella y yo.

¿Valdrá aprender a vivir en
la frontera?

martes, 11 de diciembre de 2007

carta a muchi (extracto)



Y yo también soy una cosa distinta. Algunos se alegran, otros lamentan, a otros les da la misma hueva no más. Otro hueón raro mirando pa fuera del sistema, por esa única ventana, esa que ahí esta tan oculta tras el cortinaje de la sociedad, tras toda esa soledad que llena bares, discotecas, cines americanos y mall. Y es que la soledad llena todo esos nichos modernos… puras puertas que no son de escapes. Y YO, pobre marinero de un océano distinto, tan naufrago en medio de todo esto y, sin embargo, -que maricones son los “sin embargos”, siempre listos pa cagarnos la intención de parecer lindo como Apolo- sabiéndome uno más; hermano de todos, parte de todos y sintiéndolos a todos tan aquí (me toco el pecho).

Es como los viajes de Guliver, o ¿Guliber? (capaz que sea con hache). Cachaí ese cuento? Ese en el que un marinero zarpa y se va en su nave, se va (parece que no leí la parte que decía a donde va), se va a navegar quizá para mirar una estrella, o a pescar, o tras su amante sirena que lo tiene atontado con su silencio (no ves que el canto de las sirenas mata a los que la escuchan). Entonces en el puerto les despidieron todos los del pueblo –Parece que era bueno el caballero porque todos lo querían y elevaban sus pañuelos blancos, sin haberse sonado nunca con ellos, porque son los pañuelos de despedida. Y se va po. Se va lejos, como el tren de Sui Generis. Entonces llega a un continente medio vola´o… No, no, el continente no es el medio vola´o, el medio vola´o es el caballero ese. Esta parte no me la sé porque vi el puro dibujo. Entonces los enanitos que le llegaban más debajo de las rodillas, porque sobre la rodilla no son enanitos son pigmeos, que no son lo mismo, lo tienen todo amarrado al pobre. ¡Y ¿Cómo lo amarraron?! (Preguntaría la Bianca). Entonces (estoy cachando que no leí el libro, vi las puras laminitas) (Hice tonta a mi mamá porque hacia como que leía pero solo inventaba viendo las laminitas) chaaaa, acabo de cachar que mi mamá tampoco leyó el cuento. Na que ver. En fin. La cosa es que como el hombre era bueno los enanitos lo liberaron, le dieron pan, y todos los enanitos del puerto lo salieron a despedir con pañuelos blancos, pero más chiquititos que los otros pañuelos, que o si no serían banderas. Y se va a navegar el tipo ese (Guliver, Guliber, Huliwer, capaz que se llamaba Wiliber, como el hermano vecino willy). Pero parece que la mano del marinero era del Elqui porque se vuelve a volar y se va pa otro la´o. Es bien gil el marinerito este. Igual me cae bien. Entonces llega a otra tierra donde todos eran grandes. Pero ¡Grandes! Randes. El no les alcanzaba a las rodillas, porque si les pasaba las rodillas no sería enano sino que yanomami. Y este huón era enano ahí. Entonces el loco cacha la volá. ¿Te fijai?. Un pito pa allá te haces gigante, un pito pa acá te haci enano y sin pito erí como todos los demás que te rodean. Y yo cacho eso, que somos ese marinero, Wiliber pongámosle, se parecen en lo vola´os. Entonces uno un momento es chico, en otro se es grande. La Polaridad, diría la hermana Ananda con su cabeza media ladeá, los ojos abiertos que no te explico, y esa cara llena de luz.

jueves, 6 de diciembre de 2007

preparando navidad

Me he convertido en un citadino, pero no de cualquier ciudad, sino que en un santiaguino. Así me he sorprendido subiendo al ascensor sin saludar a quienes ya están en el; poniéndole mala cara al conductor de al lado frente a su mala maniobra; irritándome cuando caigo en un taco. Aun no escojo el pan con la mano porque no voy al supermercado ni empujo a las personas porque es muy raro que viaje en metro. Así es que he tomado medida que comencé a practicar la semana pasada y ya dan algunos frutos. No tan solo comencé a saludar a las personas en el ascensor, lo hago tratando de mirar a los ojos a más de alguna persona. Eso me ha permitido que un joven coreano me responda el saludo y, ahora, hasta hemos cruzado un par de palabras. El estrés del volante se ha aplacado al no poder manejar estas últimas semanas.

No quiero ser un santiaguino. No lo acepto, No señor.

Suelo estar medio día en la oficina, sé qué todo el mundo debiera tener el mismo derecho, ojalá con una remuneración como la mía o mayor. En el trabajo realizo, simplemente, la función de ayudar a mis hermanos. Después del trabajo suelo ir a algún lugar entretenido; un café en Lastarria; alguna exposición en una de las tantas galerías cercana a la oficina, en Las Condes; o caminar por algún parque y el de las Esculturas en Providencia me resulta ideal, no solamente porque es pequeño y eso lo hace cómodo para mi pata con bota de yeso, sino que, además, es grato para leer o tirarse al pasto a mirar la copa de los árboles.

Día por medio nos estamos reuniendo con Camilo a cualquier hora de la tarde. Me pasa a buscar a la oficina y nos vamos por ahí. No tenemos un lugar especial y creo que nunca lo tendremos. No tenemos nada especial en realidad. Solo nos convoca la posibilidad de haber vivido uno de esos amores monumentales sino se hubiese casado. Lo primero que hago es preguntarle por Cecilia y los niños. No por joderlo, como me acusó hace unas tardes, sino para no olvidarme que una mujer y dos niños adorables pueden pasarla mal sí uno de los dos, por separado o juntos, hacemos algo mal hecho. Decidí que el tema de la infidelidad para con Cecilia es un tema de él y no tiene que ver conmigo. Pero si tiene que ver conmigo la afectividad que puede nacer entre ella y yo. Un tema no resuelto aún. En realidad lo único resuelto que tengo con Camilo es que debiéramos desaparecernos uno del otro. Pero no me hago caso.

Los preparativos para el arribo de la manada de mis herman@s elquinos ha dado pretexto para muchas cosas. Mamá, que por estos días pasa una semana en Tunquén con papá, mis hermanos y sobrinos menores, compró un pino grande, mando hacer un hoyo tremendo, y lo chantó frente a su casa. Con los niños se pasó un día entero visitando distintas ferias artesanales y otras especializadas para conseguir los adornos en tonos veraniego; frutas de papel maché, nidos de pajaritos, máscaras de madera y un montón de otras bolsas que no me atreví a trajinar. Ese mismo día trajo unos monos de yeso representando el nacimiento, pintura, betún de no se que cosa para dar un aspecto de reliquia y un puñado de pinceles y brochas. A cada uno de los chicos de la casa, que en total son seis, le encargó que pintaran una de las estatuas, que tienen un tamaño promedio de 35cms, de la forma que ellos quisieran. Nunca sospechó que todos se disputarían pintar al niño, que cae en mis manos, creando una batalla que amenazaba con dejar muchos heridos. Decidió que ella pintaría al niño, a modo de solución de conflicto, y la llantería no se podía tolerar. La solución fue ir a comprar cinco figuritas de “niño Jesús”. Ahora el nacimiento, que ya está bajo el pino, tiene ovejas pintadas como si fueran cebras, un camello rosado, un rey mago con traje a rayas de preso, una virgen con los colores de carnaval, un José que bien podría servir de modelo de Benetton, un campesino surrealista y otro con atuendo franciscano. Al centro, los seis niños forman un círculo.

Con esfuerzo mental, mucho de corazón y evitando el vicio de soñar despierto, no logro alejar a Camilo de mi presente. En su ausencia adquiere propiedades de fantasma y se me aparece, translucido, yendo de un lugar a otro, en todo momento y lugar. Temo que dormido pronuncio su nombre y lo abrazo hasta asfixiar. Las erecciones matutinas que han regresado desde mi adolescencia así me lo hacen ver.

Aun así, el anuncio de la llegada de mis herman@s del Valle del Elqui ha convulsionado a la familia a tal punto que Irineo me pregunto: “¿Qué acaso ahora somos cristianos?”

martes, 4 de diciembre de 2007

se viene el carnaval



Mientras la señal que esperaba se tomaba su tiempo para llegar, adelantándose a su camino, una noticia revolucionaria me llegaba en forma de antigua carta. Se trataba de un sobre de esos antiguos, color celeste deslavado, con un avión aún más desteñido en una de sus esquinas y, alegremente para mí, un interior grueso. Remitente, uno solo: Valle del Elqui, Región de Coquimbo.

El grosor de su interior se esfumó al abrirla, como un globo que se desinfla; un puñado de hojas de distintos árboles elquinos. El resto de la carta una pregunta: “¿Nos vas a buscar? Llegamos el día 21 a pasar las fiestas de fin de años con tu familia”. La hoja fue firmada por un montón de signos que, con detención, identifiqué; el pez de Muchi; la Cruz de Pablo que le seguía un “2”; una línea como un “v” invertida de Matías; un “^” de Lito; una estrella de Ángella… y así reconocí a mis 9 hermanos, tres de ellos x 2, supuse que se trataba de sus novi@s. Dos días más tarde un mail de Matías anunciándome la intención de pasar las fiestas de fin de año, que le seguían unas minis vacaciones, junto a mi familia en la parcela de Pirque y a orillas del Río Claro.

Mi familia tomó tal idea con un entusiasmo de carnaval. Dos días más tarde escuché a mamá charlar por celular diciendo que vienen unos sobrinos a pasar fin de año. Cosas de mamá pensé. Corregí, cosa de esta mamá media loca que tengo. Pero su locura se esfumó de un suaquate cuando Hannessis, en la oficina, contaba que para las fiestas venían sus primos. Y es que en mi familia somos huérfanos de tíos, de primos; no vivimos la primera experiencia sexual con algún prim@, ni fuimos a sus cumpleaños. Y es que mi madre es hija única de inmigrantes europeos y, por su lado, papá es hijo de, también, inmigrantes europeos y que parieron dos hijos chilenos, pero la dictadura milica se encargó de dejar a mi papá sin hermanos, a mamá sin cuñados, a nosotros sin tíos ni primos y a mis abuelos adiando esta tierra más que la Europa natal en el año 43.

Sin organización alguna, en un derrame de euforia y espontaneidad, comenzó la organización: Dos se pueden quedar en nuestra casa, decía Doris; si consigo un camarote en la mía caen dos, ayudaba Minerva. Pero nada, debí parar a todos de una, en seco, con la vista fija y la voz firme: Ellos se quedan en mi casa. Decidí temiendo que de lo contrario terminaran mutilando a mis elquinos de tal modo que cada cual tuviese su parte de primo para sí mismo. Papá lo entendió a la primera diciéndole a mamá “Estos chiquillos son igual de hippie como fuimos nosotros, pero estos creen en la existencia y la comunidad”. Como un gladiador al ganar una pelea infló el pecho y dijo a mamá, asegurándose que todos lo oyeran: “¿No te lo advertí?”. Mamá respondió con un simple “fue para hacerte rabiar no más. Sí yo sabía que new age”.

Minerva, que ante el infinito deseo de mamá de tomarse la vida como un juego, puso el tono estricto y realista de la situación: “Necesitaras camas, sábanas, frazadas, toallas… haz una lista con todo lo que te falte”. Y la lista fue tan larga como un rollo de papel para el poto. Los menores, en especial mis hermanos, preguntaban sobre quien eran los que vendrían e Irineo respondía con que éramos los miembros de una tribu milenaria, que solo comían plantas y cagaban donde hubiera hoyo en la tierra. Junto a mis sobrinos más chicos mis hermanitos lo creyeron mirándome con asco.

Si la llegada de mis herman@s elquinos me tenía movilizado, una llamada desde Roma me petrificó, tanto por la emoción como por los detalles que ello implicaba. Analuz y Gonzalo habían hecho reservas aéreas para pasar en Santiago las fiestas de fin de año y quedarse en nuestra casa. Por suerte Mamá lo arregló de una: “Segura estoy que Minerva se las pasará con ustedes no más, así que en su dormitorio duerme Analuz y Gonzalo y se arregla el cuarto destinado al planchado para las niñas”. Tal determinación me pareció invasiba pues yo hubiese querido estar con mi hija todo el rato. Después de unos días entendí que la solución de mi vieja era la más cómo y realista.

El recolectar camas y colchones y el modificar toda mi casa, que tiene un diseño de choza y un aspecto de templo Maya, con plantas y todo, a ocupado gran parte de mis días dejando a Camilo en un lindo segundo lugar. Al menos eso fue en un comienzo porque cuando se entero del tropel místico que vendría se interesó tanto que ha llegado al punto de auto invitarse para el día primero de enero, día en que haremos una fiesta como se acostumbra en el valle, por la Paz Planetaria. Una vez estando solos me declaró que deseaba probar ante mis herman@s elquinos cuanto me amaba. Para hacer todo más fácil Mamá invitó cordialmente a Camilo a pasar navidad y año nuevo con nosotros. Obvio, yo no estuve presente cuando dio tal brillante idea. Camilo le respondió con un rotundo NO para navidad, pero que hablaría con Cecilia la idea de pasar año nuevo en esta parcela desatada en vez de la aburrida casa de sus suegros en Rapel, donde después de los abrazos todos se iban a acostar y el permanecía en la terraza luchando con los mosquitos hasta aclarar el nuevo año.

Como siempre cuando los dioses se aburren se entretienen conmigo, Irineo invitó a Camilo con su familia a su cumpleaños, el 02 de enero. Como siempre, comienza en la tarde del día 1 con una tarde infantil, en casa hay muchos niños donde los hijitos de Camilo la pasarían muy bien. La fiesta continúa después para los mayores y esperaba batir el record de festejos con tres días ininterrumpidos de carnaval, aprovechando la comparsa elquina y el festival de REIKI, fogatas, cantos y danzas Hoppy, fiestas de tambores y patricias tardes de río: “Cuando conozcas a los primos del Valle del Elqui vas a querer regresarte con ellos a esa montaña pelá cruzada por un estero”.

En tanto, con la llegada de mis herman@s mamá y mis hermanas han intentado encontrar un menú navideño y año nuevo apropiado. Para ello han dado vueltas arecetas.com, investigados en libros de cocina budista y repasado las recetas de Laura Amenabar. No entiende que del valle solo tres somos vegetarianos y que el resto dedicaría una oración a la vaca que se asaría en la parrilla para el banquete. Solo que debía cuidar que esa carne no este contaminada de químicos y que quién la crió haya recibido una paga justa por la vestía sacrificada.

La solución la dio Hannessis, el hermano padre: Festejemos la navidad con pescados, mariscos y dulces. Y después, con todos en la casa, decidimos la cena de año nuevo”. Todos encantados por la idea menos mis hermanitos y sobrinos menores, a quienes se les prometió una pizza de sueños.

No tengo duda alguna de que serán unas semanas de carnaval, con estilo veneciano, alegría brasilera y la simpleza del Valle del Elqui.

lunes, 3 de diciembre de 2007

besos sabor a ron

Han pasado los días con todo y sus horas. Así, como un interminable tren en que cada vagón pareciera tener una dirección propia y distinta al que los que lo antecede y precede. “Cada día tiene su afán” ha repetido mi padre como una oración.

Cuando el proceso en el que me dejó mamá fue disminuyendo en intensidad y con la tranquilidad y el humor que suelen dar el paso de las horas, decidí no tomar una opción en relación a Camilo sin antes no recibir un signo claro e inequívoco, de lo que debía hacer.

Por otro lado sentía una lata tremenda de preocupar a mis padres por mis problemas de criterios, amorosos y de ermitaño en medio de todos los que tanto amo. Me propuse ponderar mi actuar, compartir más con todos, no invalidarme por la pata quebrada y recuperar mi alegría elquina.

Entre mis padres, mis hermanos, cuñados, sobrinos y amigos se fueron disipando mis urgencias. Para hacerle una trampa a la mente escogí de entre la familia tres libros; La suma de los días – Allende-, La razón de los amantes -Simonetti- y Los cuadernos de don Rigoberto –Vargas Llosa-. Historias que solo tienen por fin entretener y chismosear la vida de otros, reales o menos reales, pero otros al fin. Así, cada vez que me daba cuenta de estar volando en medio de la tempestad de Camilo o el porvenir de Papá, me voy con uno de esos libros a un sitio fresco de la parcelar y me pongo a leer lentamente, para no acabarlos, disfrutando los únicos dolores que se pueden gozar; los de la literatura.

Una tarde, mientras leía a la Allende bajo el viejo sauce del lado de la piscina, fui sorprendido e interrumpido por mi hermana Vera. Con ese derecho que sentimos los hermanos se sentó a mi lado y sin siquiera esperar una pausa en mi lectura me comenzó hablar. Sabía perfectamente que estaba vencido y que era mejor cerrar el libro y prestarle todos mis sentidos, de otra forma es imposible comunicarse con ella. Después de temas relacionados con el termino de las solemnes, el cambio climático que ella notaba de sobra por las altas temperaturas que tanto le encantaban, las vacaciones locas y sádicas que planea papá para toda la familia y las ganas que tiene de que yo recuperé mi pata para que empecemos a ir a la Blondie y la Fabrica fue por una chela a la cocina. Y en tiempo record volvió con dos botellas de litro heladas y húmedas. Entonces de una me sorprende con un “La mamá dice que por fin te enamoraste”. La cerveza se me atoró en la garganta provocándome un ahogo incomodo y llenándoseme los ojos de irritantes lágrimas muy saladas. “Entonces es verdad, si no lo fuera no te hubieses ahogado”.

Sé que Vera tenía una idea de las palabras de mamá referente a mí y que eso le bastaba para sentirla una realidad total, inalterable y que nada serviría cuanto argumento le presentara para convencerla de que no estaba enamorado. Y lo que me era peor, toda mi familia manejaba la misma información y, lo que era peor, todos lo daban por hecho. Las palabras de mi hermanita delataban el cariño de mi familia por mi y la preocupación que les causaba y, lo que me asustó, que el tema Camilo había sido un tema familiar, lo que en esta famita significa asunto de estado capaz de movilizar a todos por una causa. Incluso el que Vera haya aprovechado ese momento para decirme que esta pensando en cambiar de pololo porque un tal Marcos le gusta mucho más y resulta ser más interesante, y que no lo va a pensar mucho para terminar un pololeo de casi tres años.

Definitivamente no podía continuar preocupando a mi familia y debía hacer algo para evitar que charlas similares a la de mi madre la semana anterior y de Vera esa tarde se repitan con cada uno de mis hermanos, cuñados y papá. Sobre todo debía evitar el turno de Irineo, ante quién jamás he podido contradecir y todos mis argumentos se evaporan con sus palabras salidas desde el corazón.

Entre tanto Camilo apareció ese día al atardecer. Venía directamente desde su casa y se le veía muy relajado y contento. Yo aún conversaba con Vera al borde de la piscina y ya habíamos salido de la sombra del sauce para exponernos al sol. A juzgar por el saludo tan poco efusivo de mi hermanita se me ocurrió que ella sabía que Camilo llegaría esa tarde y, lo que me resultaba peor, que se habían juntado el día anterior, quizá esa misma mañana.

Camilo se sentó entre mi hermana y yo. Tocó la bota que inmoviliza mi pie y me miró preguntándome ¿Cómo estás? Le miré intensamente como para que leyera en mis ojos un contundente: ¿Y cómo mierdas quieres que esté? Pero simplemente le sonreí alegrándome ampliamente su visita. Nos sonreímos a la vez que nos regalábamos muecas infantiles y cómplices. Vera recitó un menú de tragos y bebidas dignos de un buen bar para que escogiéramos de ellos. Después de pedirle una segunda recitada ambos optamos por un Habana Club, pero bien servido, eso para Camilo quería decir tres cubos de hielos y una rebanada mediana de limón, en caso que este fuera de pica lo prefería partido en cuatro, dos quintos de Ron y el resto tónica. No fue preciso que yo le aclarara a Vera mí formula de RON pero lo hice para lucirme ante Camilo: dos cubos de hielo, una rodaja de limón y la mitad del vaso con ron, sin bebida ni agua ni nada.

Al quedar solos con Camilo pasó marchando una tropa de ángeles liderados por los arcángeles, sí hasta los pájaros dejaron de cantar y mis sobrinos a lo lejos de reír. Nos miramos me incliné un poco, solo un poco hacia su lado entonces le volví a mirar y como leyendo mis deseos el se venía acercando para estallar en un beso monumental que borró de un plumazo mis temores, incertidumbres y penas. Vera nos sorprendió sentados uno más cerca del otro, sin hablar y cogidos de las manos. Nos miró intermitentemente a uno y al otro y sonrió sin dejar de caminar con la bandeja con los tres vasos de ron.

“¿Cómo están?”. Pregunto con una sonrisa irónica y un tono de voz juguetón.

Esa noche Camilo se quedo en mi casa.

jueves, 29 de noviembre de 2007

esa cosa tan tonta de las mamás




- Para ya de estar triste, ¿Quieres?

Ante la sorpresa de sus enérgicas palabras elevo la vista hasta encontrar sus ojos eternos y la miro sin alcanzar a reponerme y guardo silencio.

- Siempre has sido como un perrito, un quiltrito, donde te dan cariño y te sientes a gusto te aguachas. Al fin te están dando cariño, estas aguachado y quieres, una vez más huir.

- ¿De que me estás hablando?. Al fin puede sacar la voz

- Lo sabes bien, no te hagas el pajarito conmigo, a mamá canario no se le viene con lechuguitas de plástico….

- Tú no sabes y por ello no puedes opinar porque…. –Me interrumpe-

- Yo te parí, te amamanté y te he acompañado toda la vida, he estado en todas las que me has dejado estar y cuando no me dejaste también ahí estuve así que no te me hagas el lejano ni el que no me entiende…

Me siento delatado, mínimo. Nunca he podido con sus sermones, que sí bien han sido pocos en la vida ocurrieron en momentos precisos, claves, donde al tambor de sus palabras logré volver a mi sitio. Pero esta vez no era lo mismo, no, no lo era.

- Aféitate esa barba de deprimido, llama a quien debas llamar, visita a quien tengas que visitar y ponte a caminar…

- Mamá no es fácil, no me mires como a un quinceañero

- Estoy clara que eres un hombre y por eso te lo digo, si fieras un adolescente hubiese traído unas chelas para hablar contigo, pero mira lo que traje -Me muestra un cigarrillo de cannabis, de sus matas - ¿Hace cuanto que no nos compartimos uno?

La última vez fue hace años, la primera vez que vine de visita desde que estaba viviendo en el Valle. Entonces nos sentamos a fumar, me preguntaba todo sobre mi vida elquina. Sé que mamá tiene esa cosa tonta que tienen todas las mamás bien desarrolladas pero, en este caso, la experiencia de haber criado y seguir ciando a 8 hijos le dio la técnica que emplea a la par con sus instintos. Y sí a eso le sumo la gran cuota de Chamana que trae en sus huesos, el resultado es esta Diosa a quien llamo Mamá, o, simplemente, Amaaaaaaá.

A penas oí el tono de la voz con que llegó supe que no valía la pena dar guerra, de todas maneras ya estaba yo vencido, derrotado y en sus manos desde el instante en que decidió venir a charlar conmigo. Entonces fui respondiendo sus preguntas con monosílabos,

- ¿Te duele el alma o el corazón?

- Los 2

- ¿Extrañas el Valle?

- Si

- ¿A Matías?

- No

- ¿Por qué no?

- Tiene novio

- ¿Entonces extrañas a Lito?

- No

- ¿Tampoco?

- Lito es el novio de Matías

- ¿Eso duele?

- No

- ¿Entonces es Camilo?

- ¿Es que cosa?

- Dímelo tú

- Camilo es Camilo

- Y tu mi hijo y no me haces tonta

- No te quiero hacer tonta, el tonto soy yo

- ¡Sí, eres muy tonto cuando te da la tontera!

- ¡Gracias por venir a apoyarme!

- No me des las gracias

- Fue una ironía mamá

- Lo sé

- Y ¿Qué más sabes?

- ¿Quieres que te lo diga?

- Por supuesto

- ¿Seguro?

- Segurísimo

- Camilo no es solo un nuevo amigo…

- Mamá, ¿Qué dices?, él tiene esposa e hijos

- Y esa es tu pena

- Mamá….

- ¡No me abras los ojos!


Y entonces mamá dejo salir su cosa tonta esa que tiene ella describiendo todo lo que me pasaba, recomponiendo con sus interpretaciones las trizaduras que se me dolían. Sus sospechas fueron en gran medida todas ciertas, salvo algunas traiciones que le causó su imaginación. Y finalmente sentencia…

- Camilo es igual que tú y bien lo sabes. La única diferencia es que tu no te casaste ni le mentiste a Analuz porque tuviste más suerte en no tener la familia que dices que a él le tocó. No los juzgues, no lo dejes atrás porque el te ama y tu quieres amarlo más todavía. Y sí tu estas triste el lo está tres veces…

- ¿Por qué tres veces?

- Por su familia, por él y por ti…

Lejos de la euforia, los elefantes blancos, los cerros que se acercan y los árboles que abrazan lo que la cannabis causa en mí es un eco de monasterio con su catedral y todo. El tiempo se me alarga, los espacios se me alargan, un segundo se alarga tanto que alcanza el minuto y ese sólo minuto se vuelve en una hora. Y mamá lo sabía y me dejo solo en medio del eco de sus palabras. Recostado en el suelo con la cabeza al lado de donde ella tenía sus pies.

Y en ese eco se repetía las afirmaciones de mamá: “Siempre te las arreglaste para amar cueste lo que cueste y lo hiciste intensamente”, “Con tu padre no nos hemos gastado la vida en criar hijos que no sepan amar”

Como decimos en el valle, mi madre me había dejado procesado


martes, 27 de noviembre de 2007

no pasa nada

Que ante noche salí con un amigo a bailar y primero nos metimos en un bar, era un pub en realidad, en una oscura calle cerca del cerro, todo muy bonito, todos bien arregladitos, con luces en el patio y mesitas de mantel blanco con una velita, para darle romanticismo y algo de contenido a esa vanidad, que no es vana porque es una verdad, que se expresa al mirar, porque todos miran, y miran con dedicación hasta que uno los mira y entonces bajan la vista, la mueven para un lado y te vuelven a mirar para que el mirarse parezca una casualidad. De nada sirve. Tratan de levantarme y yo trato de levantar al garzón, pero estamos vacíos, vacíos y repodridos, hasta el pisar esta reglamentado y la regla se quiebra demasiado sin reconocer que se ha quebrado y de nada sirve. De nada sirve si hasta el coito es para escaparse de uno mismo. Morder las almohadas de desesperación, la soledad es fuerte y todo lo hace una prisión, hasta las ganas tienen candado. Y de nada sirve.

Hemos comido mucho, hemos bebido hasta caer aturdidos, hemos contado estrellas y un secreto a cada una de ellas. Has leído a Jaime Bayle y te masturbas, con sus paginas masturbas la mente y te crees importante y un alternativo intelectual. Y lees a Coelho y te sientes sublime y espiritual, por un día no sales en la noche a bailar y te sientes muy grande, tan grande tan grande, tan grande que te pierdes en ti mismo y te sientes tan solo que escapas de ti mismo y te retiras a una disco y ¿Qué queda? ¡No queda nada queda! que nada sirve sí se usa para escaparse de uno mismo.

Amigo te doy un consejo aunque yo consejos no doy: trata de hacer la prueba de parar las maquinitas, las maquinitas que llevas en ti y fíjate que pasa cuando te agarra la soledad verdadera. No escuches canciones de los ochentas ni de Madonna ni electro-tango. Mucho silencio, mucho pensar y mucho meditar, nada de escapar ni de evasión…. Entonces, ¿Qué es lo que pasa conmigo? Si soy inteligente y también puedo ser intelectual… ¿Qué es lo que pasa conmigo? Yo aún no me lo puedo explicar… por favor que alguien me lo diga.

No puedo salir de mi estoy muy encerrado, en mi prisión de carne, semen y huesos. No puedo salir, me voy a morir dentro de mi y antes de morirme yo quiero salir, ver las estrellas, esconderme en el mar, bajo su piel al mar me quiero ahogar y quiero salir, quiero vivir, me quiero ir, por favor de mi.

¿Qué puedo hacer?
No hay nada que hacer…

Tengo que vivir
Tengo que estudiar
Tengo que sentir
Tengo que amar
Me tengo que arriesgar
Me tengo que jugar
No puedo tener seguridad
No puedo tener ninguna propiedad
Tengo que salir
A que me rompan la cara
Que me maten
Que me pisen
Tengo que amar a cualquiera
Tengo que odiar a cualquiera
Ay, ¿qué puedo hacer?
Estoy solo

Y todos pasan a mi lado
Nadie me mira
O si me miran es para violarme
O para encerrarme
Estoy muy encerrado
De nada sirve
Escaparse
De
Uno
Mismo


No se que hacer
Que es mi vida
Es mi mundo
Que soy yo
Me voy a volver LOCO
No sé que hacer


y esto tampoco sirve

De nada sirve escaparme de mi mismo

Caminar por todos los parques de esta ciudad, que siempre son pocos y están a tras mano, yo puedo lentamente recorrer, con lo mirada perdida tras algún sufriente árbol, a pata pelá por el pasto, en el cuello atados los zapatos, imaginándome en otro lugar, la existencia sabe bien cual es ese otro lugar, y los pasos no dejan huellas sobre el bosque de la ciudad. Y de nada sirve, siempre soy yo en mi mal co-creada realidad.

Puedo fumar cigarrillos hasta morir y marihuana para vivir, sentarme vola´o bajo una higuera a meditar, y es que no me creo Buda pero él sabe de una verdad, que en silencio de la mente se puede encontrar, y en ese momento olvidarme de mí mismo y descubrirme en un silencio de verdad y la telepatía en la noosfera es una realidad y al abrir los ojos veo la ciudad, y presiento que algo está muy mal.

Con mil chic@s puedo salir, enredarme en sus camas sudorosas, tener sexo como perros, eyacular incluso mis sueños, morder en vez de besar y agarrar en vez de acariciar, y oír todos sus misterios, el sueño de que juntos a la noche volveremos a estar, y yo sé que eso no ha de ser verdad, y regreso a casa exhausto de tanto fornicar y me encuentro con mi cara en pintada en la pared y mi cama se inmensa y de nada sirve eyacularme en todos los demás.

De nada me sirve soñar con una patente con cuatro letras –excluidas las vocales que malas palabras pueden formar, según la autoridad-, tener una cosa con vista a las montañas, salir a la terraza de piedra y escuchar el río la montaña labrar y llamar a mi madre, pedirle que me regaloneé, abrazar a mi padre y jugar con mis hermanos, tener un equipo musical de última generación e inundar las laderas con el canto de Sumac. Y no tener televisor y no enterarme de la última violación, de nada me sirve. Aún que todos en la ciudad dicen que un auto, la tele, la casa y el equipo sí que sirven. Y yo sé que no están verdad y saberlo tampoco sirve.

Cuando estoy solo y bien solito; y no hay música, lecturas y ollas hirviendo en la cocina, el celular bien apagado, el chat clausurado, el MSN aniquilado y miro el techo, y descubro figuras distintas, algunas nunca descubiertas, y te me vienes a la vista y bajas de las vigas y me das una razón que justifica tu amor, y sigo mirando el techo, y descubro que todo es mentira, allá arriba no hay más que un techo, es sólo un techo, un techo de madera, sin pintura ni escaleras, un techo de adeveras y nada baja de sus vigas, que es solo imaginación, un escape de mi realidad, pues no existe una razón, para que habites mi corazón, y de nada sirve, escaparme en el techo, que el techo no es más que un techo y pasan las horas y sigue siendo un techo. Hay solamente un techo.

¿Qué puedo hacer? Estoy solo y me aburro, me aburro de mí mismo, me recluyo en mi casa, la familia y mi perro, y sigo solo, la dicha esta en el Elqui, y Elquí está re lejos, y en los mall la gente es tan feliz y yo no voy a los mall, en las discotecas baila la dicha y la felicidad urbana, y yo soy de campo, son un huaso sin caballo en una ciudad, donde todos dan igual, y yo no me puedo por ahora escapar y me sumerjo en la soledad, y tampoco sirve, de nada me sirve, a nadie le sirve, ignorar la realidad, la mal criada realidad que nada tienen que ver con uno mismo.

Y sigo solo y sin saber que puedo hacer. Y esto tampoco sirve

lunes, 26 de noviembre de 2007

cosas



26 nov

Camilo se niega a abandonar mi vida y yo me niego a expulsarlo de mi realidad. Es una de esas pocas personas con la cual podemos estar en un profundo silencio sin incomodarnos y, lo que resulta aun más mágico, acompañándonos. Llega sin avisar, interrumpe mi rutina, me saca de mis pensamientos más pesimistas.

Es cierto que el tema de que sea casado me complica a tal modo que evito formular sueños para un mañana, inhibiendo los que el formula –“Que tal si nos vamos una semanita al lago”, “¿Me llevas contigo al Valle?”, “¡¡¿Y si compramos un terrenito por allá?!!”-, el vivir el aquí y ahora es mi impronta para con él. Sí bien es cierto que lo odié y a la vez lo compadecí cuando me contó su verdad, también es cierto que después de ello lo he querido más, y mucho más. Nuestros mail han dejado de ser diarios y a la vez son más largos y profundos. No los espero pero me alegro un cerro cuando me llegan, los imprimo y los leo con toda calma en algún lugar acogedor. Adoro que me llame “mi pequeño”.

Papá se ve absolutamente bien, alegre y cariñoso, disfruta cada instante mucho más que antes. Mamá ha dejado de mirarlo como sí se tratara de un niño. Ya casi no va a trabajar y cada vez pregunta menos por los negocios, todo ha quedado en manos de nosotros, sus hijos, aun que, para mi fortuna, Hannessis e Irineo hacen la pega pesada. Para abril se espera que abandone al 100% la empresa que ha dirigido desde muy joven. Por ahora se preocupa de mis tres hermanos menores, de legalizar los papeles, que lleven nuestros apellidos. Está hecho un papá sumamente juguetón con ellos, los va a dejar y a buscar al cole y al jardín, es él quien prepara esas colaciones, ordena cuaderno, se sienta al lado de ellos a estudiar, leer, mirar monos. Los saca con mucha frecuencia a todos lados. Para mi es relindo verlo así, y aún cuando tanta memoria no tengo de mi época de primera niñez no me cae duda que así él también fue conmigo.

domingo, 25 de noviembre de 2007

donde guardo todo lo que siento por ti???




20 y tantos de noviembre 2007

Ayer yo quería haber pasado la tarde entera fumando porros y mirando el Topo de Don, Jodo. Y para ello me preparé y preparé a los otros. Después del almuerzo (Reineta grille con papas cocidas y merquen) me encerraría en mi ruka de piedra, madera, vidrios y madera a pasar la tarde, la noche y el amanecer, bebiendo el vino que me regaló mi padre y fumando la cannabis que me vendió un aprendiz de ingeniero de la USACH , de profundos ojos negros y profunda melena masculina. Entonces esperaba ver pasar todo un día desde mis ventanas, que dan a cerros, añosos árboles nativos…. ¡¡¿Como mierda no he de estar solo sí prefiero estos cerros y estos maitenes más que todos los mall?!!!

Mi familia sabe bien de respetar los espacios, pero eso era algo que Ka (Camilo) no tenía porque conocer y justo en el momento en que acabo de meterme a la tina de patio (un gigantesco barril de madera inspirando en esas tinas japonesas) llegas tú Camilo con un cargamento tremendo de sonrisas y miradas encantadoras de serpientes. Yo, como no, me encanté. Y me sumergí aun más profundo en ese estanque lleno de burbujas y cáscaras de árboles nativos flotando como navíos en una tempestad.

Sabina dice que tardó en el olvidar un amor 19 días y 500 noches. Pero yo, Camilo, te he aprendido a olvidar en 3 noche y han pasado 35 días sin dejar de pensar en ti. En ti, que ahí estabas, sin aviso previo, simplemente llegaste y cuando salí a respirar te lo pregunté y me respondiste: “Sí te veía me moría… te despediste sin decirme “Llámame un día”.

De ahí a invitarte a mi húmedo ambiente pasó nada. Te quitaste la ropa lentamente, como en un acto sagrado y si, sé que te es sagrado. Y permaneciste tan desnudo ante mí y antes de meterte al agua. Me mirabas a los ojos y sabías que yo me sumergía en ellos. Sonreíste y yo esquivé tu sonrisa y te pedí que fueras por otra copa, otra botella y dieras más volumen al equipo (yo escuchaba los temas rápidos de Nina Simona) y tu fuiste dándome la espalda, tu espalda de Apolo, tus nalgas de praderas puras y tus muslos de Zeus.

Y yo un simple mortal en este camino, erecto, tenso, entregado y tanto amándote….

¿Tú sabes que mis erecciones dicen te amo? ¿Sabes que mi sangre se acumula ahí por ti? ¿Sabes que eyacular mi médula láctea cerca de tus huesos, más profundo aún, es darme todo para ti?

¿Dónde he de guardar lo que por ti siento?

jueves, 22 de noviembre de 2007

muy a mi pesar no he sido yo



Amé una vez y una vez y una vez y otra vez


Mi paisaje interior esta contaminado y mi cabeza llena de pájaros enjaulados, las paredes de mi casa aún guardan el recuerdo de esas últimas noches follando como perros.


No me queda ni ganas ni dinero ni huevos ni sentido del humor, me paso las noches fumando y escribiendo lo que nunca ha de llegar a algún buzón.

Mi padre se bebe lo que le queda de vida y mi madre es guitarrista en la puerta del balcón.

No creo en la sociedad chilena, menos desde que Falabella y Almacenes París se han negado a vender marihuana ni por compra superior a un televisor, siquiera, regalan un póster del Che Guevara. Y yo por mi parte he terminado hasta el culo con ese senador, la carta que no dejaste y las llamadas que no te respondo.

Muy a mi pesar alguien se me adelantó y asesino al último nuevo amante. Muy a mi pesar no he sido yo y vivo fuera de una prisión.

Se funde toda bola de nueve en el pasado y me negaré tres veces en menos de lo que canta un gallo.



Y cuando el amor se va se me mueren las plantas que no puedo regar con mi llanto que de tanto llorar los ojos se me secan. Y con ojos sequitos la mirada se me ciega y el corazón que no ve ni siente ni padece se mustia y palpita de pena.

Mejor planto mi corazón en una maceta para poder echar raíces donde quiera que yo fuera y por eso me arranco la piel para hacerme una mochila

Por sí te acuerdas de mí
Te he apuntado en una barra de hielo
Mi nueva dirección
Y mis mejores deseos

¡Que te follen!

miércoles, 21 de noviembre de 2007

une fatigue spirituelle


Hoy es uno de esos días en que hasta pensar en mí me provoca un profundo bostezo, una lata tremenda y unas ganas de dejar de ser yo que resultan imposibles de controlar.
Y también hoy es uno de esos días en que pensar en ti me contrae todos los músculos del cuerpo, me los tensa provocando la evaporación de la médula, viscosa en un día como hoy, de mis huesos totales.
Tampoco pueda pensar en los demás y hacerlo me es como estar en la punta de un trampolín apunto de saltar al cráter vivo de todos los volcanes andinos e himalayos.

¿Será esto lo que Neruda dibujó en la frase “Sucede que me canso de ser hombre”? ¿La razón de la resignación existencial de Harry Haller en El Lobo Estepario? O ¿La panne del avión en medio de un desierto del piloto de guerra que luego se encuentra con un habitante extraviado proveniente del asteroide B612 y el cual, en medio del encanto, lo liquida de un solo golpe a las creencias y el corazón? ¿"Une fatigue spirituelle" del pequeño dios creacionista?

Partiendo de la nada he alcanzado las más altas cotas de mi miseria. Puedo detenerme en este punto, mirar atrás y no lograr observar las huellas de mis pasos hasta acá. Involucionado me siento a esperar no sé bien que cosa y me patea el culo ni siquiera sospecharla. Me duelen las campanadas del mes mariano, los vómitos de los senadores, el aroma de tu cuerpo aún fresco en mi piel y mi semen coagulado alcanzándome los talones.

Sonámbulo recorro la ciudad que me arremete en cada esquina, en cada semáforo, en cada letrero luminoso, en cada una de las portadas de los diarios y de las revistas, en el silencio de tumba de los ascensores saturados de oficinistas, en el uniforme de la línea aérea que no tiene vuelo al edén, en el mal uso del color verde de los pacos fofos, en los parques a tras mano, en el aroma a fritura en las veredas, en los adornos de navidad de las vitrinas y la nieve de algodón sobre un ciprés de plástico.

La Libre Voluntad en estos días es la hamaca donde la fortuna descansa lejos de aquí. Y mis certezas languidecen no sé en que lugar. Desde esta oficina con vista a la virgen embarazada del cerro miro el Valle del Elqui, donde todo es otra cosa, donde me pasaba todo el día a pata pel´a, donde es más fácil amar y dejarse amar y hasta la sexualidad florece como las alstroemerias y los tropaeolum tricolor en todas las laderas, en todos los cerros, en todas las montañas, bosques, cascadas y ríos.

No sé vincular mi sentir con el hacer en este día ardiente.

viernes, 16 de noviembre de 2007

¿que 29 años no es nada? Par I

1978, FEB, quizá el día quince, fui concebido para nacer un día Enlazador de Mundos Galácticos del mismo año. Recibí mi primer nombre por una vieja tradición de mi familia materna, de origen judío, donde adquirían como apellido el nombre de la ciudad en que residían. Pero como Santiago es un nombre católico, ella encontró la manera de hacerlo pagano quitándole la santidad y dejándolo solo en Tiago. El segundo nombre fue un capricho de mi abuelo paterno, quien murió cuando aun era yo una guagua, y así salió el Tadeo, y mi tercer nombre, Mauro, es el diminutivo de Mauricio, el único hermano de mi padre y que murió en las garras malditas de la dictadura dos años antes de mi llegada. Mamá dice que fui malo para comer y papá que lo fui para aprender a hablar, todo mi idioma se basó en un sonido similar a un OUMI, que dependiendo del tono y los gestos de la cara quería decir muchas cosas. Aún cuando gateé a temprana edad, el caminar se me hizo duro y lo conseguí pasado el año. Para mi hermana mayor, Minerva, pasé a ser su juegue regalón desde temprana edad, Hannesis, el segundo de mis hermanos, me sobre protegía mientras que Irineo, el tercero, me cuidaba con celos y una hermandad que durante los años no ha hecho otra cosa que crecer. Y crecí en una parcela de Pirque, con licencia para jugar a pata pel´a, aprender a bañarme en el río, subir cerros y empaparme de la naturaleza silvestre de la zona y los cerros. Tal como a mis hermanos mayores, la vida transcurría en casa tranquilamente para mí, sin apuros paternos por aprender letras, números y eso que todo padre desea que sus hijos nacieran sabiendo. “Ya habrá tiempo para aprender” ha sido su consigna para respetar los procesos individuales de cada uno de los hijos de estos increíbles padres. Y también el tiempo para socializar vendría con el colegio.

Así, durante mi infancia primaria mi mundo estaba habitado solo por mi familia y algunos conocidos que frecuentaban la casa. Avanzando el tiempo llegaron a este mundo los amigos de mis hermanos, básicamente del colegio, y luego mis propios amigos. Y los amigos de cada cual eran los amigos de todos y juntos pasábamos días enteros en la piscina o en el río de nuestra casa.


1983 fue un año eufórico. Con 5 años cumplidos me integro a primero básico en el mismo colegio donde estaba estudiando mis hermanos, en el colegio agrícola. A este colegio asistían hijos de trabajadores obreros y campesinos, algunos de los hijos de los hippis que habían llegado a la comuna y los de los militantes clandestinos de izquierda. Esto me marcó, como a mis hermanos, de manera total, y años más tarde, trabajo me costó aceptar aquello del clasismo social, pues en mi infancia tal cosa no existía. También en este periodo nace mi amistad con una chica que por ese entonces usaba unos alambres en los dientes y solía tomar la delantera en todos los juegos. En términos reales, ella, llamada Ana Luisa y bautizada por los amigos como Analuz, nombre que terminó borrando el real, fue la primera persona fuera del núcleo familiar que perteneció a mi mundo privado. No sospeché nunca que entre los dos nacería un lazo que nos uniría la vida entera. La infancia en el campo y el colegio agrícola me llevaron a interesarme en la flora y fauna y ya de niño me ví como un biólogo, idea que sostuve hasta dos semanas antes de postular a la U.

1988 fue un año de revelaciones. Ya desde el año anterior en casa oía hablar del “NO” al dictador y fui un testigo indiferente de algunas reuniones en casa. Pero también ese año, cuando ya tenía 10, se me fue develado, junto a mis hermanos, un secreto familiar; De los 5 hermanos que éramos entonces, pues Vera nació un año después que yo, tres eran o éramos adoptados. Entonces fue empezar a entender que era esa palabra y que implicaba, y tardé un tiempo en comprenderla del todo. Aún así, y cuando no se nos reveló quienes eran los dos hijos biológicos, no viví una crisis y visto ese periodo desde hoy, algo absolutamente compartido con mis hermanos, esa fue la fecha en que pasamos de ser hermanos a ser hermamigos –un término familiar-, algo que nos ha mantenido hasta hoy, y sin duda hasta todos los mañanas, como los mejores amigos de nosotros mismos.

1993. Ese fue el año en que baje de de jugar a poto pela´o sobre los árboles y descubrí que el mundo era más amplio que mi familia. Me pasaba del liceo a otros lugares, compartía mucho tiempo con Reimundo, un compañero de liceo, a quien extrañaba inconsolablemente cuando no lo veía. Por ese tiempo comprendí que las personas sentimos atracción por otras personas como algunas por nosotros mismos. Analuz había dejado de usar esos alambres en los dientes y era una peliroja linda, delgada y coqueta. También fue la responsable de alejar a muchas chicas que se me podían acercar, pues no dejaba de andar de mi mano, y nos encantaba estar abrazados la mayor parte del tiempo que compartíamos.

El ser el menor de mi curso desde que entre al sistema formal de educación me hacía un tipo poco interesante para mis compañeras, solo Analuz y Reimundo compartían mi mundo de amistad y mis primeros carretes, las primeras pitadas y las idas a acampar sin que estuviese presente algún miembro de mi familia. Construíamos un mundo nuestro, una suerte de club. Luego se agregó Hannessis cuando comenzó a tener una onda con mi amiga.

1994. con 16 años mi sexualidad se había desarrollado en masturbaciones solitarias e imágenes, pensamientos y emociones confusas. No había besado sino que a Analuz. Fue cuando Reimundo sufrió un accidente donde todo se develó. En aquella ocasión me sentí desolado, sufrí profundamente, estaba triste y rehusaba la compañía de todos, incluyendo a Irineo y Analuz. Todos los días después de clases me iba a la casa de Reimundo y permanecía en ella hasta que alguien me pasara a buscar, generalmente mi padre. Los fines de semana también me lo pasaba con él y su familia. Me metía a su cama y le ayudaba en todo lo que fuera posible, desde bañarse, cambiarse ropa y durante toda su rehabilitación. Una tarde, cuando él recupero absolutamente la normalidad, al contarlo en casa, con toda mi familia, me he emocionado tanto que lloré de profunda felicidad en brazos de mi madre. Entonces, al día siguiente, mis padres me llamaron a su cuarto para conversar de algunas cosas. Me hablaron de la sexualidad, luego de la heterosexualidad y finalmente de la homosexualidad, todo muy normal, según ellos todo camino es el correcto, y que nos es algo que elegíamos sino que venía con cada uno de nosotros, entonces, de una, me revelan una verdad; “Nosotros sentimos que tú eres homosexual y amas a Reimundo”. Así, me impulsaron a entender que sentía mi hasta entonces mejor amigo, pues él podía sentir una cosa distinta por mi a la que yo sentía por él. Así, una buena tarde, algunos meces después de esa charla, y con la ayuda de Analuz, a quien le había contado mi verdad y había explorado a Reimundo, me confesé con mi amigo. Entonces esa misma tarde dejamos de ser amigos y comenzamos a ser amantes. Viví mis primera experiencia sexual, maravillosa, mis primeros besos con pasión y una historia que me marcó para siempre.

En el marco de ese relación terminé el cuarto medio –él, por el accidente, se había atrasado un año- y después de dar la prueba postule a sociología en La Chile, una decisión tomada solo unos días antes. Quedé.

1996. Con Reimundo, quien estaba estudiando en el conservatorio, viviamos en el pequeño departamento de Padre Luis de Valdivia, en el barrio Lastarria. Sus padres habían accedido a ello considerando la interminable distancia entre Pirque y La U. Fue un periodo de sublime belleza, yo con 17 años y el con 18 construíamos la vida que deseábamos tener. Y fue 12 días antes de mi cumpleaños en el que él fue a un paseo con algunos de sus compañeros al Lago Rapel cuando se va, trasciende esta vida y 4 días después encuentran su hermoso cuerpo a más de 30 kilómetros de donde el lago se lo tragó. Una semana antes de mi cumpleaños lo enterramos en medio de cantos, sus compañeros de facultad en zancos, banderas amplias de todos los colores, bandas de tambores y guitarras y flautas, una escolta de mimos, nuestras familias, amigos, ex compañeros de colegio y de liceo…

1996 noviembre – 1999 enero NOCHE OSCURA, mi primera crisis, de esas crisis bien perras que después de ellas todo es una cosa distinta.

Durante este periodo me mantuve, sin asumir, ni desear superar, una suerte de luto estricto, mientras todos mis paradigmas caían como hojas de árboles en otoño. Me mantuve en le departamento sin alterarlo en nada, no mantuve relaciones sexuales con ser alguno y mi vida social se basaba en mi familia. En ese estado hoy me es milagroso que haya terminado la U sin echarme ramo aluno, aunque mis calificaciones dejaron mucho que desear. También fue un periodo de mucho vino tinto, mucha marihuana y soldad.

2000 Nuevo milenio. Para marzo de ese año nos fuimos con Analuz a su casa de algarrobo, ella con un fuerte dolor amoroso y yo para acompañarla una semana. Comenzaba el invierno, dormíamos hasta tarde, llorábamos todo el día y bebíamos de noche. Y una noche, una noche, en nuestro consuelo, en esos abrazos que nacieron, los besos que germinaron, las caricias, la soledad nos consolamos amándonos físicamente como tantos años llevábamos amándonos en otras dimensiones. Y nos amamos toda esa noche y toda la mañana siguiente y la tarde y nuevamente toda la noche. Regresamos a nuestras rutinas cada cual más sereno y consolado, más liviano.

Tres meses después Analuz me pide juntarnos y me cuenta que estábamos embarazados. No lo podía creer, el sol amanecía para mí después de una noche tan larga y tan oscura. Reimundo pudo al fin descansar en paz y las escaleras comenzaron a nacer justo a mis pies, para subirlas una a una, peldaño a peldaño. En diciembre del 2000 nace Artemisa.


2000 – 2003 La paternidad fue asombrazo. Nunca más volvimos a hacernos el amor con Analuz ni constituimos pareja y sin embargo dormíamos juntos. Durante un año, mientras ella terminaba un doctorado y yo comenzaba un postitulo que aun no termino, ella y nuestra hija se mudaron a mi departamento. Entonces las jardineras fueron mi uniforme de padre. Con Artemisa paría a la universidad con una mamadera en un bolsillo, unos pañales en otro, alimento en otro, unos juguetes en otros, las jardineras me resultaban una comodidad increíble. En la mochila más pañales, libros, cuadernos, ropas, etc.

Al comienzo del 2002 Analuz comienza a salir con un compañero de doctorado. Las idas a la playa era Analuz con Gonzalo, nuestra hija y yo, como también las comidas familiares y todo acto social. Incluso barajamos la seria idea de comprarnos una parcelita en Pirque y construir una casa para los cuatro y para los otros que deberían llegar. Pero fue la llegada de Georgio, mi segunda pareja, la que me hizo desistir de tal formula.

Para finales del 2002 Analuz y Gonzalo se casaron y al poco tiempo se embarazaban de Isis, la hermana de mi hija. La verdad en que en muchos términos conformamos toda una familia y para disminuir las diferencias, en una gran ceremonia decidimos bautizar a nuestras hijas, obvio, bajo ninguna religión. Así Gonzalo es el único padrino de Artemisa y yo lo soy de Isis, como lo seré de todo hijo que ellos puedan engendrar.


Aun me faltan algunos años….

jueves, 15 de noviembre de 2007

cumpleañosfelizmedeseoami


Hoy desperté con mis hermanos, padres, sobrinos y cuñados cantando “un año más, que se va, un año más que ya has vivido” metiendo ruidos con cuanta cosa encontraron. Me visto, les abro la puerta y abrazos a mil brazos, todos juntos, el típico montoncito, corte de un mechón de pelo para la colección de mamá (a todos nos ha cortado un mechón de cabellos para nuestros cumpleaños y los acumula en una cajita, todos juntos, sin identificar cual es de cual) y comienzan a preparar el desayuno, y todo esto a las 06:40am.

Entonces la tradición, junto con mi cumpleaños es el día de la madre y del padre en mi familia, y día del padre y de la madre son todos los días en que uno de sus hijos estamos de cumpleaños, pues, obvio, es el día en que fueron padre y madre. A mamá le regalé un CD de canciones infantiles de Maria Elena Walsh que le traje desde Baires –pues son las canciones que ella, guitarra en manos, nos enseño cuando niños-. Y a papá, OH DIOSES, a Papá –lloro en este momento, una vez más-, le la carta que he estado escribiendo desde el día en que me enteré de su enfermedad letal, en febrero. Una carta en un croquera, con hojas de árboles del Valle del Elqui pegadas, viejas fotos, letras borrosas cuando cayeron sobre la tinta verde algunas lágrimas, otras manchadas con vino tinto, plumitas de aves, una hoja entera con polvo de la tierra del Elqui… una carta sin pie ni cabezas pues no necesita mente ni zapatos, solo amor, como la familia que junto a mi am´a el formó. Lloramos un ratito abrazados, tragándonos los mocos, y todos nos sumamos a un abrazo familiar. Mis hermanos los saludaron por su día.

Y los regalitos, los regalitos, los regalitos.
Minerva, como no, un libro de orquídeas nativa chilena. Hannesis una carpa de alta montaña, Vera –GRANDE ELLA- las cartas del Tarot de Jodorowsky, Roro unas sandalias, los dos menores –mis regaloncitos- un pantalón y una camisa estilo hippie e Irineo una brújula que conserva desde su adolescencia, “La necesitas”, me susurró, y yo sé que la necesito.

Después del desayuno todos a correr, los menores y mis sobrinos al colegio, los demás a la pega. A media mañana me llama Artemisa y Analuz, me cantan junto a Isis y Gonzalo el cumpleaño feliz en ITALIANO, y como regalo me dan la noticia que pasarán Navidad y Año Nuevo en Pirque.

Y luego llamas tú, no dices feliz cumpleaños, pero me saludas con cariño, el silencio se hace presente en la línea telefónica, nos emocionamos. Finalmente me dices que el sábado me darás el abrazo.

Y es que el sábado nos juntaremos a celebrar el cumpleaños, amigos, ex compañeros, la chica linda de la tele –mi amiguita-, Muchi, Ángella y Marcos que llegan mañana desde el Valle, amigos de mis hermanos, y en fin… como ocurre cada año. Y claro, viene Camilo con su abrazo anunciado y que yo ya espero con tantas ansias.

Durante la tarde veré el Maya para este año de mi existencia mientras la brújula indica el VALLE DEL ELQUI

miércoles, 14 de noviembre de 2007

como un cóndor


























Es como sí entre mis emociones, sentimientos, ideas y anhelos y la forma de exteriorizarlas existiese una suerte de limbo de la cual no pueden salir.











Hasta los deseos de llorar se quedan ahí.









Corro como un volantín,
no vengo ni voy
y siempre me quedo ahí.










Y yo quiero volar como un Cóndor,
volar muy alto,
con alas de fuego,
con alas de luz.
Volar sobre montañas altas,
solitario planear sobre los valles y las quebradas,
volar hacia el sol de día
volar hacia la luna de noche
y al monte más alto ir a pedir
una bendición para mi pueblo.











Sólo espero de ti que por siempre me recuerdes amándote.















martes, 13 de noviembre de 2007

para los ojos de mi amado


Hacia unos meses, equipado con un casco, una lámpara, con cordajes y con estacas, me propuse explorar los abismos de de tus ojos.

¿Sabe el placer indecible que siente un explorador cuando descubre un tesoro?

Yo lo sé.

Tu me tendías la mano, me invitabas a continuar caminando.

Para que sea una bella fiesta, donde se emociona, donde se ríe, había yo decidido acercarme sin blindajes, sin escudos...

Oh, mi amado, ¡¡Tus Ojos!!
Embarcaderos de noches, donde no existían los temores
Diques silenciosos
Que acechan las luces
Lejos, tan lejos, la oscuridad
Oh amado, ¡¡Tus ojos!!

Tus ojos
Dulces misterios
Grandes navíos
Tantos naufragios en tus ojos
Y mis ojos tan paganos

Un día, si los dioses quieren
Un día, mi amado, mis ojos serán tus ojos

Y yo veré la poesía en tu mirada creadora
Oh mi amado,
Tus ojos


Este amor…
Había decidido que no valdría la pena enamorarme si no fuera para conocerte a ti, sobre los prados, mi cama abandonada,

Si no fuera para naufragar en tus ojos tan floridos de ternuras.

¿Mi Amor, sabes que tus ojos son más bellos que tus ojos?

Hay miel en tus ojos.

Y yo ebrio de tristeza, rígido,

Lejos de tus ojos

Naufragio eterno

domingo, 4 de noviembre de 2007

ese es un nombre de conejo

Si hubiese sabido antes del viaje, incluso antes de conocer a Camilo, el fin de todo, lo hubiese vivido con mayor intensidad con la que, en efecto, la viví. Hubiese dado rienda suelta a mi sensualidad, sexualidad, emotividad… en definitiva, me hubiese liberado de todo y de todos. Y aún así, hoy también estaría triste.

A dos días de haber regresado de Buenos Aires recibo un extraño mail de parte de Camilo; había sido escrito de madrugada, con frases inconclusas, con ideas que me confundían, con un constante pedir perdón, con un mensaje que ni siquiera alcanzaba a enunciar. “Siempre todos mis besos serán tuyos”. Lo sentí triste, se notaba que no la estaba pasando bien, que algo le dolía profundo, que ese dolor tenía que ver conmigo, con “lo nuestro”, con una parte aún más profunda y, quizá, más bella de él.

Durante otros días no respondió mis correos ni atendió a mis llamadas, desapareció de yahoo, de gmail y del café literario al cual acudí cada tarde con la esperanza de encontrármelo, no con el fin de pedir alguna suerte de explicación, sino porque a esas alturas necesitaba saber que era un ser de carne y hueso y no el producto de la imaginación de mis deseos. Si merecía lo que estaba viviendo era algo en lo que no me enfrascaba, intenté sin egos asumir la ausencia, es decir, la desaparición de él y , no sin esfuerzo, evite la formulación de todo juicio para con él. Opté, entonces, por borrar su numero de mi celular, borrar toda registro de las llamadas que le hice y de las que de él recibí, así como también, todo los mensajes de texto; bien me conozco y borrar esos números evitaría poder en algún instante llamarlo. Escribí un último mail con solo una frase: “Te libero al mil por ciento. Nada de culpas”. Y, tal cual como de mi teléfono, borré todo registro de sus correos, lo quite de yahoo. Ya no tendría como, aun queriéndolo, comunicarme con él.

Pasaron dos días largos después de eso. Dos días en que realmente me la pasé mal, con una profunda tristeza y un sentimiento de culpa que no lograba comprender. Entonces un mail de pocas palabras y un amplio horizonte. Me solicitaba juntarnos en un sitio tranquilo, ojala entre los cerros y a orillas de un río, pues sentía que debía explicar algo. Y yo eso lo sabía. Y creo que con el lugar que proponía no se refería a mi hogar enclavado entre cerros y a orillas de un río. Bien sabía que para mi es un sitio sagrado cuya energía celo con cariño.

Otros dos días y lo paso a recoger al cruce de las Vizcachas para ir al Fundo El Manzano, pensé que era un buen escenario, pues pasando el río y ya entrando, a espalda de los guardias, la zona de Endesa, se encuentran rincones de extraordinaria belleza y profundos silencios. Fumamos un porro y le ofrecí mate mientras hablábamos del lugar. Todo era intenso, como la ante sala a una operación final, donde las probabilidades de sobrevivir son escasas y difíciles.

Y entonces comenzó, y entonces le pedí que no use las palabras “perdón” ni “disculpa” y que no permita la sensación de culpabilidad en él ni de victima para mí. Y entonces sus palabras comenzaron a fluir como el nacimiento de un río, como gotas emanando desde profundas grietas, desprendiéndose de antiguos glaciares sobre simas imposibles, arrastrando la superficie, corroyendo la piedra madre. Entonces su niñez, su crianza ultra conservadora, su preparación para el éxito en la concepción familiar, su preadolescencia internado en una mansión del siglo XVII a las afueras de París, el chico con el cual exploró los primeros pasos de la sexualidad, la expulsión del internado por tal razón, la deshonra familiar, la terapia sicológica eterna, la escuela militar, el descariño del padre, el llanto de la madre, la marcialidad machacándole el alma y haciéndole tira su naturaleza sin poder, siquiera, levantar la vista en las noches, la muerte de Dios, la lejanía de la vida, y el sicólogo inventándole una nueva naturaleza. Y entonces ella, la salvación para ganar el reconocimiento del padre y la ternura de la madre, el alta médica y la posibilidad de una vida más o menos normal.
De ahí al matrimonio sólo fue un trámite, una firma en una libreta que le resucitó al padre y a la madre y a los hermanos: reinserto en sociedad recuperó una parte importante de libertad. Entonces su casa en Lo Ocurro, el amor a sus dos hijos, la gratitud para con la esposa, la camioneta familiar, las mascotas en el jardín y, sobre todo, los domingos entregados en los felices almuerzos en casa de los padres.


Fue el último beso con Camilo
Las últimas caricias entre los dos

Nos hemos juntado a almorzar de vez en cuando

Fui al cumpleaños de su hijo menor llevando dos conejos como regalos.
Bautizó uno con mi nombre, porque, simplemente, “ese es un nombre de conejo” argumentó

Me presentaron como un amigo, sin mayor información, y su esposa me acogió con simpatía y cariño.
Al padre me costó saludarle y le esquivé al igual que a la madre

Dos semanas más y mi cumpleaños
Y ya les invité

jueves, 1 de noviembre de 2007

inventémonos el amor



Buenos Aires dejo de ser lo que es para ser aun más bella: el escenario donde se comenzaba a tejer lo que hoy, tres semanas después, me florece como la primavera en los cerezos. Caminamos muchos por sitios que descubríamos caminos a otros sitios a los cuales nunca llegábamos, nuestra brújula era nuestras corazonadas y siempre apuntaba al centro de nosotros dos.

Adoraba caminar al lado de Camilo alcanzar su ritmo de caracol abrazarlo de vez en vez dejarme abrazar de vez en vez y cuando se podía besarnos tras un árbol un quiosco o maravillosamente en algún portal Cuando por alguna razón me quedaba atrás y le miraba caminar con su paso firme y lento sus pasos zen su ritmo masculino y tan sutil y entonces el se detenía a esperarme y se volteaba a verme alcanzarlo y yo retrasaba mi paso volviéndolos más lentos mucho más lentos quizá más lentos y el me sonreía percatándose de la broma lesa y cruzaba sus brazos a la altura del pecho levantaba el mentón giraba un poco la cabeza y me miraba serio reteniendo toda expresión en su hermoso rostro mate y sus ojos marinos y entonces yo le veía sin ropa como si el viento húmedo le hubiese quitado de una todo lo que estaba sobre su piel y nuevamente la kundalini en mi perineo y mi sangre hirviendo y la médula de mis huesos extendiéndose como un coral sintiendo la sangre fluir a mi pene y este haciéndose notar y mis manos comenzaban a sudar y mi pecho a cabritar y entonces todo era él y la ciudad se iba y sus ojos mirándome acercar y yo deseando acercarme tanto que no existiera más dos cuerpos dos corazones cuatro manos cuatros pies dos penes dos lenguas y deseaba tomarlo como un águila a su presa y llevarlo a mi nido y entonces llegaba a su lado y el extendía los brazos como avión y haciendo un ruido de motor con su boca volaba en rededor se alejaba y entonces yo le imitaba y volaba en sentido contrario y dábamos la vuelta simulando dos aviones en combate y nos esquivábamos y volvíamos al ataque pero esta vez nos encontrábamos en nuestras frentes y las alas de nuestros aviones se transformaban en brazos de amantes y nuestras narices se encontraban y en nuestros ojos se creaba el cíclope

- Toronjil – me decía con una ternura paterna-materna
- Cedrón – le respondía como sí en esa aromática palabra le declarara mi amor

Porque no tenía duda que era amor lo que sentía por el, no tenía dudas ni miedo de sentirlo. Y porque sé que ese amor era correspondido y, aun que no lo fuera, me encantaba sentirlo y me sentía agradecido, una vez más, de la existencia y de cómo me ha tratado en lo que va de ésta, mi existencia.

Sentía, quizá por primera vez en la vida, el profundo deseo de declararme, de hacerlo como quizá lo hicieron mis padres o Irineo y Doris cuando, siendo niños, comenzaron a tejer su amor. Declararme con palabras lentas, nuevas, recién creadas. Declararme y llorar de felicidad al hacerlo, entregar mi alma en la declaración. Ni siquiera temía parecer cursi.

No me atreví

Y la habitación del hotel estaba amplia y calidad. Las ventanas abiertas y en el balconcito unas palomas escarbaban la tierra de una maceta. Invité a Camilo a ducharnos juntos y aún cuando confesó no haber pensado siquiera ducharse accedió con entusiasmo. Antes localizó en la TV un canal de música jazz, me pidió que me adelantara pues deseaba hacer algo antes. Me desnudé en el baño mientras la tina se llenaba de agua tibia y el espejo se comenzaba a empañar. Y en el espejo escribí “¿Inventémonos el amor?”. Para cuando Camilo entró al baño yo me encontraba metido la en tina, se desvistió mientras me preguntaba por la temperatura del agua, dejaba caer su ropa sobre el cerro que formaba mi ropa y yo le miraba atentamente a los ojos y el me miraba atentamente a los ojos, y una vez desnudo se volteó para atar su cabellera rasta a fin de evitar que se mojara en exceso y sentí como sus movimientos por un instante se congelaron, y supuse que leía mi mensaje en el espejo, y me puse nervioso, me dio temor, me sentí tonto por haberlo hecho, escondí mi cabeza sumergiéndola en el agua esperando sacarla cuando el se metiera a la tina pero tal cosa no pasó y me vi forzado a respirar y al abrir los ojos el estaba ahí, mirándome con sus expresiones contenidas, las manso tras su cuello y sus ojos… OH EXISTENCIA, sus ojos, y las lágrimas que comenzaban a emanar de sus ojos y sus labios dibujaron una sonrisa amplia como una puerta a otra vida. Y sin decir nada, y yo emocionado hasta las lágrimas, se metió a la tina, para hacer mas espacio me arrodille, el adquiero esa posición, me toma las manos y las lleva a su cara mientras sus manos aterrizan en mis mejillas, me aproximo lentamente, diciéndole mentalmente que lo amaba y que quería amarlo tanto como pudiese amarlo. Y nos besamos. Y en la tina solo nos besamos, la única palabra pronunciada fue la palabra beso.


El tiempo en la tina fue menor al que hubiese esperado. Camilo sin preguntarme se puso de pie y me invitó a salir de la tina. Sequé su cuerpo un poco y un poco secó él mi cuerpo. Se para tras de mi, se aproxima hasta que toda mi parte trasera sintió toda su parte delantera, cruzó sus brazos sobre mi pecho y me indico caminar forzando con sus piernas mis piernas y desde el mismo baño unos trozos de papel de cuaderno formaban un camino hasta la cama y sobre la cama más trozos de papel, todo era torosos de papeles. Nos giramos al llegar a la cama y sin soltarme nos acostamos y nos acomodamos y el se subió sobre mi dándome un millón de pequeños besos. Mis piernas se abrieron y mis brazos cubrieron su espalda, y nos giramos sobre más trozos de papeles, él quedó bajo de mí, abrió sus piernas y las cruzó sobre mis nalgas mientras mis manos sostenían sus mejillas y sus dedos se perdían en mi corta cabellera. Estirándome sobre mis manos apoyadas al lado de sus orejas, con el fin de observarlo mejor, noto uno de esos trozos de papel y en él escrita la palabra “Geranio”. Entonces busco poder leer otro trozo de papel y esta vez decía “Flor” y un tercero decía “Copihue”, y busco más trazos de papel que pudiese leer y el me libera desenredando sus piernas de mi cuerpo, y entonces tomo otro trozo de papel, lo volteo y decía “Flor”, y otro decía “Margaritas”, otro “Camelias”. Me levanto de la cama para coger el trozo de papel más lejano y también tenía el nombre de una flor, y los del piso, los de la salida del baño. Cada trozo tenía escrito el nombre de una flor, un árbol o, simplemente, su nombre y mi nombre como sí fuesen una sola palabra “tiagocamilo”. Emocionado hasta el infinito regreso a su lado, quise darle las gracias pero la voz no me salió y sin más mis ojos lloraban de felicidad y sus ojos lloraban de felicidad. Lamí sus lágrimas, lamió mis lagrimas, nos besamos, sin decir palabras, nos abrazamos, se enredaron nuestros cuerpos.

Camilo salía por cada poro de mi cuerpo. Yo emanaba de cada uno de sus poros. El entró en mi cuerpo tan delicadamente como si entrara a un Templo. Yo lo acogí con gratitud y alegría, bailamos la danza del amor hasta que estallo

Tendido, con los muslos como alas abiertas, dispuestas al vuelo, me libero, lo invito a viajar por mía vía láctea y negros agujeros levemente desvelados por su mano que explora sin pudores ni prisa entre los pétalos de mi cuerpo, de mi naturaleza desnuda, mojándolo todo, volando por un universo de color.

Húmedas llamas, los labios que con mis dedos delicadamente dibujo en su cara y el dilata para mi, mostrándome, liberado, la vía del milagro por donde emana su líquido rayo de la vida, incandescente fuente, lechosa lava, salpicaduras de líquidos profundos que inunda… mojándolo todo… danzando en un universo calido.

Su boca, besando mis semillas incendiadas, se dispone a beber en mi cáliz de piel y, entre jugos y zumbidos de olas y alas, hermosamente liba el néctar de la esencia de mi naturaleza y quema su lengua que vibra entre savia y saliva mojándolo todo… volando por un universo de amor

Mis piernas, de cera batiendo y creando su fuego en oleadas de ardientes espumas y plumas e Ícaro volando tan alto, tan alto… que a punto de entrar en el jardín del Edén, fundido su vuelo por su derramado sol, cae como un ángel al mar de los amantes mojándolo todo… volando por el universo de nosotros dos.

martes, 30 de octubre de 2007

desnudos

Particularmente no he tenido un modelo de lo que me puede o no resultar un hombre guapo. Mi primera pareja resulto ser un chico delgado y alto, muy parecido a un actor de telenovelas del canal católico. Mi segunda pareja fue un chico bajo, menos de un metro setenta, con una fuerte calvicie y 10 kilos de sobre peso, mientras que el último un tipo alto, rubio y de contextura gruesa. Nunca me llamaron la atención los cuerpos de gym ni los tipos en zungas. Un incipiente pancita incluso me resulta seductor. Sin embargo, ver a Camilo desnudo activo cada uno de los átomos de mi cuerpo físico y toda la energía de mi ser espiritual. Salió de la ducha secando sus cabellos rasta con la toalla y su cuerpo salpicado de gotas de agua.

La desnudez nunca me ha sido un tema de pudor sino más bien de naturaleza libertaria. Algo que desarrollé aún más desde que conocí el Valle del Elqui. Allí donde lo que menos importa es la personalidad, la vanidad y el ego. Donde bañanarnos desnudos es la cosa más normal que pueda existir, tan normal como estar en casa sin ropa o levantarnos y caminar desde los dormitorios al baño desnudos, en el caso de nosotros, incluso con la erección matutina recién decantando. Sólo fue un tema cuando Muchi y Matías comenzaron a darle personalidad humana a nuestros traseros y terminamos todos analizando nuestros potitos y bautizándolos; poto pálido –Muchi-, poto tabla –Litto-, poto mono – Pablo-, poto rucio –Matías-, poto feliz – Marcos (increíblemente se forman dos margaritas en sus nalgas tal como en las mejillas cuando sonríe-, poto lindo –Angella-, poto libertario –Adeline-, poto “poto” –yo-. Con las ventajas que da vivir en el campo mi niñez fue libre de pudores, claro, apoyado por esos hippies entrañables que son mis padres. Sólo una vez me sentí mal de mostrarme desnudo. Estaba en segundo medio y en el camarín después de educación física unos compañeros comenzaron a burlarse de mi pene llegando a cambiar mi apellido de Mendiburu a Mendiburro. Finalmente lo tomé con humor al comprender que más bien era algo de lo cual cualquiera se jactaría y que ese apodo me acompañaría un buen rato, incluso salió en el anuario.

Y ahí estaba Camilo, secando sus imposibles cabellos mientras me hablaba sobre lo que le gustaría hacer durante el día y me miraba mirarlo encantado y transportado. Siempre imaginé que Camilo era un chico delgado y no pensé siquiera que tuviese un cuerpo tan bello. En efecto, sus bellos rubios de la cabellera pasaban a ser de un color miel oscura en su pecho y pubis. En su abdomen se dibujaban tenuemente unas calugas, sus muslos eran gruesos y sus piernas increíblemente largas, su tórax desarrollado como los de un campeón atlético y su pene largo caía levantándose en el glande como una trompa de elefante. Me agradó la idea que no estuviese circuncidado, no sé porque me había creído, sin razón, que era de origen judío cuando en realidad sus apellidos son italianos. Francamente desnudo es hermoso como la existencia. Junco con un estado de felicidad inexplicable sentí todos los deseos de sentir su cuerpo en toda su plenitud, de perderme en su piel miel, de entrar en su cuerpo hasta lo más adentro que pudiese explorar y que el entrara en mi cuerpo con toda su fuerza y me llenara de su médula alba.

De pronto siento su mirada fija sobre mi y noto el silencio de su voz. Subo la mirada desde sus muslos pasando por su pene hermoso, perdiéndome en el bosque de su pelvis y siguiendo el camino de bellos que atraviesa su ombligo y se derrama como un delta en su pecho amplio hasta alcanzar su rostro. Me miraba con una sonrisa pícara y me levanta sus cejas a la vez que extendía sus labios. Le sonrío. “Quieres que me de una vuelta?” pregunto con ternura. Sí, respondí franco y decidido, entonces su espalda, entonces su pequeño potito bien formado, entonces su columna vertebral como un árbol se dibujaba en su espalda. Y de pronto mi erección se me manifestaba bajo el pantalón mientras mi cuerpo se comprimió con fuerzas para luego comenzar a relajarse. Se vuelve a voltear hasta llegar a mi lado, me tienda su mano invitándome a ponerme de pie y me abraza con su desnudez. Nos besamos ampliamente acariciándonos los cuerpos, el sumergiendo sus manos bajo mi polera, explorando bajo mi pantalón, lamiendo mi frente. Yo acariciando sus nalgas, sintiendo su mano acariciar mi pene sin apretarlo ni agarrarlo, yo sintiendo su pene en mi pierna… nos detuvimos de golpe. Nos miramos como dos niños cómplices de algo…. Me fui a bañar. Y después permanecimos desnudos sobre la cama planificando lo que haríamos en el día. Antes de salir al Museo de Arte Moderno y esa flor de metal que se abre y se cierra según la luz del sol le propuse que cada vez que estemos en la habitación lo hagamos sin ropa. El corrigió diciéndome, “Cada vez que estemos solo en algún lugar, estemos desnudos”.

viernes, 26 de octubre de 2007

l'amour commence récemment


Bajamos a la habitación en un silencio tan amplio que en medio de el me encontraba aún más cerca de Camilo. No intentaba comprender ni racionalizar las emociones que me embarcaban en ese momento, el fuego que ardía en la médula azul de mis huesos ni el corazón que me crecía como uno de esos corales que van a formar islas. Caminábamos con pasos lentos por los pasillos angostos, empujándonos para hacer chocar al otro contra la muralla solo por el encanto del rebote que terminaba en un beso suave y una sonrisa infantil. Entramos a la habitación y tras cerrar la puerta Camilo me detiene tomándome de los hombros, sumergiéndome en el amplio azul turquesa de sus ojos pequeños que miraban mi rostro como un cartógrafo miraría la superficie de un paisaje recién descubierto: “reste dans mes bras” pronunció con la exhalación de su respiración. Desconocía que hablara francés y él desconocía que yo no lo entendía, sin embargo, la energía de sus palabras llegaron hasta mí y me deje guiar por él, casi abandonándome, de alguna manera intuí que eso era lo que quiso decir y sabía que era algo que yo quería hacer. Entonces me condujo hasta la ventana, como un mimo me indicó que no me moviera mientras el abría la gran ventana que daba a un pequeño balcón donde apenas caían dos sillas de estilo italiano. Del minibar sacó un botella de vino de vino blanco que él había traído desde Santiago y a falta de copas utilizo los dos vasos del baño. Me sentó en invitó a sentarme frente a una incipiente luna creciente que se dejaba ver entre las nubes de aquella noche primaveral, se sentó enfrente acomodando sus piernas entre las mías, pues de otra manera no se podía, sirvió el vino, señalo silencio con un dedo sobre sus labios y me invitó a un brindis silencioso.

Ignorando las copas de los árboles del parque, las luces de los edificios del barrio más parisino de Buenos Aires, las bocinas de los automóviles, la vida que en muchos rincones se desarrollaba en ese momento en tan magnifica ciudad, permanecimos en silencio, observándonos, sintiéndonos, penetrándonos con las miradas, descubriendo al ser más interno que en nosotros podía habitar... “J´adore le bois vert de tes yeux”.

De alguna manera provocaba una suerte de fascinación sus frases en francés aún cuando no podía entenderlo. Claramente el no podía dar por hecho que por mis abuelos yo hablará tal idioma pues no le había contado de ellos. Tampoco por mi apellido habitualmente relacionado con el mundo del medio oriente. De pronto, como un chispazo, comprendí el porque me encantaba sus oraciones en francés, y no tenía que ver con el “idioma del amor” sino que con Rayuela. Entonces sonreí y mal pronuncié la frase que Julio Cortazar empleará una sola vez en todo el libro y que, según yo, era la propia voluntad del protagonista –él- y no el resultado de una fuerza externa a él. Camilo me miro con ternura y con cara de cuestionamiento. Sentí vergüenza por mi mal francés y para arreglar tal situación fui por un lápiz y papel y la escribí correctamente: Mom amour par la Maga m´a à la tombe. Abrió sus ojos sumergiendo a lo más hondo de la marejada turquesa de su mirada. Y sí, sus ojos son turquesa, son mar caribe, son océano libre y limpio, son enlazadores de profundidades exactas. Por supuesto, Camilo comprendió la sita que le había presentado, la conocía en todo el amplio y pequeño mundo de Rayuela: “Suis-je ta magicienne ? Es-tu ma magicienne?”.
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El sol comenzaba a asomar sobre el horizonte de edificios delgados como columnas, el vino se había acabado y las avecillas comenzaban a cantar en el bosque del parque cuya cúpula observamos gran parte de la noche. Para ese momento yo estaba sentado sobre una almohada en el suelo de aquella terraza, con las piernas abiertas y estiradas y Camilo entre mis piernas, con su melena rasta en mi pecho, sus manos en mis rodillas y mis brazos atados en su pecho.

Esa madrugada supe que lo amaría con todas mis fuerzas. Supe que Rayuela recién se comenzaba a escribir en este continente...
l'amour commence récemment