martes, 18 de diciembre de 2007

que esta boca es mía

Ni yo quiero elegir entre tenerte o dejarte, entre el vino o el correr. Es mejor aprender a vivir en la frontera entre esto y aquello.

Nadie me impide correr, ni siquiera los ladridos de los perros, menos el pecado original. No me da por las noches cantar ni tirar migas de pan a las gaviotas de ciudad.

Te engaño sí me dejo confundir por tu voz despedida, no tengo orgullo ni vanidad, fui yo quien decidió el final. “Solo se trata de poder dormir sin pelear con la almohada”. ¿Qué es el bien? ¿Dónde está el mal?

El adiós viene y aunque arranque me ha de alcanzar. Y tu ahí, refugiado donde todos te amenazan.

Y sal de ahí, a defender el pan y el semen.

Y sal de ahí, para que sepas que esta boca es mía.















Este es un canto de noches pérdidas, que canta al filo de cuando te duermes. Con el ron de las despedidas suena más desesperado.

Vamos al bar de los amores perdidos, ya sabes que todo sabe a casi nada, a paraderos de estaciones perdidas, a hielo seco derretido en la almohada….

Y tiene tu nombre, como la soledad y como el olvido. Los fugitivos del deber no tienen pasajes para el cielo.

Este es un llanto de noches perdidas, se suena con una flor marchita, se sube a la cabeza como esas bebidas, se pega a la desilusión como una corbata, quema como la loca en la discoteca, sirve para echar vinagre en las heridas, miente como sólo miente Sabina

Y el olvido tiene tu nombre, como mi corazón y como tu partida. Los fugitivos del bien amar no tienen más amor que el que han perdido

Este es el trago de los amores perdidos…


Sí quieres te lo cambio por un rato en tu cama, hierve como estadio los domingos, suena como un beso en un telegrama.

Y tiene tu nombre, como la libertad, como el horizonte. Los fugitivos del mar amor cogen su maldición y se la beben.

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