martes, 4 de diciembre de 2007

se viene el carnaval



Mientras la señal que esperaba se tomaba su tiempo para llegar, adelantándose a su camino, una noticia revolucionaria me llegaba en forma de antigua carta. Se trataba de un sobre de esos antiguos, color celeste deslavado, con un avión aún más desteñido en una de sus esquinas y, alegremente para mí, un interior grueso. Remitente, uno solo: Valle del Elqui, Región de Coquimbo.

El grosor de su interior se esfumó al abrirla, como un globo que se desinfla; un puñado de hojas de distintos árboles elquinos. El resto de la carta una pregunta: “¿Nos vas a buscar? Llegamos el día 21 a pasar las fiestas de fin de años con tu familia”. La hoja fue firmada por un montón de signos que, con detención, identifiqué; el pez de Muchi; la Cruz de Pablo que le seguía un “2”; una línea como un “v” invertida de Matías; un “^” de Lito; una estrella de Ángella… y así reconocí a mis 9 hermanos, tres de ellos x 2, supuse que se trataba de sus novi@s. Dos días más tarde un mail de Matías anunciándome la intención de pasar las fiestas de fin de año, que le seguían unas minis vacaciones, junto a mi familia en la parcela de Pirque y a orillas del Río Claro.

Mi familia tomó tal idea con un entusiasmo de carnaval. Dos días más tarde escuché a mamá charlar por celular diciendo que vienen unos sobrinos a pasar fin de año. Cosas de mamá pensé. Corregí, cosa de esta mamá media loca que tengo. Pero su locura se esfumó de un suaquate cuando Hannessis, en la oficina, contaba que para las fiestas venían sus primos. Y es que en mi familia somos huérfanos de tíos, de primos; no vivimos la primera experiencia sexual con algún prim@, ni fuimos a sus cumpleaños. Y es que mi madre es hija única de inmigrantes europeos y, por su lado, papá es hijo de, también, inmigrantes europeos y que parieron dos hijos chilenos, pero la dictadura milica se encargó de dejar a mi papá sin hermanos, a mamá sin cuñados, a nosotros sin tíos ni primos y a mis abuelos adiando esta tierra más que la Europa natal en el año 43.

Sin organización alguna, en un derrame de euforia y espontaneidad, comenzó la organización: Dos se pueden quedar en nuestra casa, decía Doris; si consigo un camarote en la mía caen dos, ayudaba Minerva. Pero nada, debí parar a todos de una, en seco, con la vista fija y la voz firme: Ellos se quedan en mi casa. Decidí temiendo que de lo contrario terminaran mutilando a mis elquinos de tal modo que cada cual tuviese su parte de primo para sí mismo. Papá lo entendió a la primera diciéndole a mamá “Estos chiquillos son igual de hippie como fuimos nosotros, pero estos creen en la existencia y la comunidad”. Como un gladiador al ganar una pelea infló el pecho y dijo a mamá, asegurándose que todos lo oyeran: “¿No te lo advertí?”. Mamá respondió con un simple “fue para hacerte rabiar no más. Sí yo sabía que new age”.

Minerva, que ante el infinito deseo de mamá de tomarse la vida como un juego, puso el tono estricto y realista de la situación: “Necesitaras camas, sábanas, frazadas, toallas… haz una lista con todo lo que te falte”. Y la lista fue tan larga como un rollo de papel para el poto. Los menores, en especial mis hermanos, preguntaban sobre quien eran los que vendrían e Irineo respondía con que éramos los miembros de una tribu milenaria, que solo comían plantas y cagaban donde hubiera hoyo en la tierra. Junto a mis sobrinos más chicos mis hermanitos lo creyeron mirándome con asco.

Si la llegada de mis herman@s elquinos me tenía movilizado, una llamada desde Roma me petrificó, tanto por la emoción como por los detalles que ello implicaba. Analuz y Gonzalo habían hecho reservas aéreas para pasar en Santiago las fiestas de fin de año y quedarse en nuestra casa. Por suerte Mamá lo arregló de una: “Segura estoy que Minerva se las pasará con ustedes no más, así que en su dormitorio duerme Analuz y Gonzalo y se arregla el cuarto destinado al planchado para las niñas”. Tal determinación me pareció invasiba pues yo hubiese querido estar con mi hija todo el rato. Después de unos días entendí que la solución de mi vieja era la más cómo y realista.

El recolectar camas y colchones y el modificar toda mi casa, que tiene un diseño de choza y un aspecto de templo Maya, con plantas y todo, a ocupado gran parte de mis días dejando a Camilo en un lindo segundo lugar. Al menos eso fue en un comienzo porque cuando se entero del tropel místico que vendría se interesó tanto que ha llegado al punto de auto invitarse para el día primero de enero, día en que haremos una fiesta como se acostumbra en el valle, por la Paz Planetaria. Una vez estando solos me declaró que deseaba probar ante mis herman@s elquinos cuanto me amaba. Para hacer todo más fácil Mamá invitó cordialmente a Camilo a pasar navidad y año nuevo con nosotros. Obvio, yo no estuve presente cuando dio tal brillante idea. Camilo le respondió con un rotundo NO para navidad, pero que hablaría con Cecilia la idea de pasar año nuevo en esta parcela desatada en vez de la aburrida casa de sus suegros en Rapel, donde después de los abrazos todos se iban a acostar y el permanecía en la terraza luchando con los mosquitos hasta aclarar el nuevo año.

Como siempre cuando los dioses se aburren se entretienen conmigo, Irineo invitó a Camilo con su familia a su cumpleaños, el 02 de enero. Como siempre, comienza en la tarde del día 1 con una tarde infantil, en casa hay muchos niños donde los hijitos de Camilo la pasarían muy bien. La fiesta continúa después para los mayores y esperaba batir el record de festejos con tres días ininterrumpidos de carnaval, aprovechando la comparsa elquina y el festival de REIKI, fogatas, cantos y danzas Hoppy, fiestas de tambores y patricias tardes de río: “Cuando conozcas a los primos del Valle del Elqui vas a querer regresarte con ellos a esa montaña pelá cruzada por un estero”.

En tanto, con la llegada de mis herman@s mamá y mis hermanas han intentado encontrar un menú navideño y año nuevo apropiado. Para ello han dado vueltas arecetas.com, investigados en libros de cocina budista y repasado las recetas de Laura Amenabar. No entiende que del valle solo tres somos vegetarianos y que el resto dedicaría una oración a la vaca que se asaría en la parrilla para el banquete. Solo que debía cuidar que esa carne no este contaminada de químicos y que quién la crió haya recibido una paga justa por la vestía sacrificada.

La solución la dio Hannessis, el hermano padre: Festejemos la navidad con pescados, mariscos y dulces. Y después, con todos en la casa, decidimos la cena de año nuevo”. Todos encantados por la idea menos mis hermanitos y sobrinos menores, a quienes se les prometió una pizza de sueños.

No tengo duda alguna de que serán unas semanas de carnaval, con estilo veneciano, alegría brasilera y la simpleza del Valle del Elqui.

1 comentario:

G! dijo...

Tremenda fiesta!
la tierra vibrará de alegría...

y yo en buenos aires, buscaré vuestros pasos por la gran ciudad en la noche que cambia todo.

Saludos hermano, me gustaria hablarte denuevo.

Gonza.