
Hoy desperté con mis hermanos, padres, sobrinos y cuñados cantando “un año más, que se va, un año más que ya has vivido” metiendo ruidos con cuanta cosa encontraron. Me visto, les abro la puerta y abrazos a mil brazos, todos juntos, el típico montoncito, corte de un mechón de pelo para la colección de mamá (a todos nos ha cortado un mechón de cabellos para nuestros cumpleaños y los acumula en una cajita, todos juntos, sin identificar cual es de cual) y comienzan a preparar el desayuno, y todo esto a las 06:40am.
Entonces la tradición, junto con mi cumpleaños es el día de la madre y del padre en mi familia, y día del padre y de la madre son todos los días en que uno de sus hijos estamos de cumpleaños, pues, obvio, es el día en que fueron padre y madre. A mamá le regalé un CD de canciones infantiles de Maria Elena Walsh que le traje desde Baires –pues son las canciones que ella, guitarra en manos, nos enseño cuando niños-. Y a papá, OH DIOSES, a Papá –lloro en este momento, una vez más-, le la carta que he estado escribiendo desde el día en que me enteré de su enfermedad letal, en febrero. Una carta en un croquera, con hojas de árboles del Valle del Elqui pegadas, viejas fotos, letras borrosas cuando cayeron sobre la tinta verde algunas lágrimas, otras manchadas con vino tinto, plumitas de aves, una hoja entera con polvo de la tierra del Elqui… una carta sin pie ni cabezas pues no necesita mente ni zapatos, solo amor, como la familia que junto a mi am´a el formó. Lloramos un ratito abrazados, tragándonos los mocos, y todos nos sumamos a un abrazo familiar. Mis hermanos los saludaron por su día.
Y los regalitos, los regalitos, los regalitos.
Minerva, como no, un libro de orquídeas nativa chilena. Hannesis una carpa de alta montaña, Vera –GRANDE ELLA- las cartas del Tarot de Jodorowsky, Roro unas sandalias, los dos menores –mis regaloncitos- un pantalón y una camisa estilo hippie e Irineo una brújula que conserva desde su adolescencia, “La necesitas”, me susurró, y yo sé que la necesito.
Después del desayuno todos a correr, los menores y mis sobrinos al colegio, los demás a la pega. A media mañana me llama Artemisa y Analuz, me cantan junto a Isis y Gonzalo el cumpleaño feliz en ITALIANO, y como regalo me dan la noticia que pasarán Navidad y Año Nuevo en Pirque.
Y luego llamas tú, no dices feliz cumpleaños, pero me saludas con cariño, el silencio se hace presente en la línea telefónica, nos emocionamos. Finalmente me dices que el sábado me darás el abrazo.
Y es que el sábado nos juntaremos a celebrar el cumpleaños, amigos, ex compañeros, la chica linda de la tele –mi amiguita-, Muchi, Ángella y Marcos que llegan mañana desde el Valle, amigos de mis hermanos, y en fin… como ocurre cada año. Y claro, viene Camilo con su abrazo anunciado y que yo ya espero con tantas ansias.
Durante la tarde veré el Maya para este año de mi existencia mientras la brújula indica el VALLE DEL ELQUI
Entonces la tradición, junto con mi cumpleaños es el día de la madre y del padre en mi familia, y día del padre y de la madre son todos los días en que uno de sus hijos estamos de cumpleaños, pues, obvio, es el día en que fueron padre y madre. A mamá le regalé un CD de canciones infantiles de Maria Elena Walsh que le traje desde Baires –pues son las canciones que ella, guitarra en manos, nos enseño cuando niños-. Y a papá, OH DIOSES, a Papá –lloro en este momento, una vez más-, le la carta que he estado escribiendo desde el día en que me enteré de su enfermedad letal, en febrero. Una carta en un croquera, con hojas de árboles del Valle del Elqui pegadas, viejas fotos, letras borrosas cuando cayeron sobre la tinta verde algunas lágrimas, otras manchadas con vino tinto, plumitas de aves, una hoja entera con polvo de la tierra del Elqui… una carta sin pie ni cabezas pues no necesita mente ni zapatos, solo amor, como la familia que junto a mi am´a el formó. Lloramos un ratito abrazados, tragándonos los mocos, y todos nos sumamos a un abrazo familiar. Mis hermanos los saludaron por su día.
Y los regalitos, los regalitos, los regalitos.
Minerva, como no, un libro de orquídeas nativa chilena. Hannesis una carpa de alta montaña, Vera –GRANDE ELLA- las cartas del Tarot de Jodorowsky, Roro unas sandalias, los dos menores –mis regaloncitos- un pantalón y una camisa estilo hippie e Irineo una brújula que conserva desde su adolescencia, “La necesitas”, me susurró, y yo sé que la necesito.
Después del desayuno todos a correr, los menores y mis sobrinos al colegio, los demás a la pega. A media mañana me llama Artemisa y Analuz, me cantan junto a Isis y Gonzalo el cumpleaño feliz en ITALIANO, y como regalo me dan la noticia que pasarán Navidad y Año Nuevo en Pirque.
Y luego llamas tú, no dices feliz cumpleaños, pero me saludas con cariño, el silencio se hace presente en la línea telefónica, nos emocionamos. Finalmente me dices que el sábado me darás el abrazo.
Y es que el sábado nos juntaremos a celebrar el cumpleaños, amigos, ex compañeros, la chica linda de la tele –mi amiguita-, Muchi, Ángella y Marcos que llegan mañana desde el Valle, amigos de mis hermanos, y en fin… como ocurre cada año. Y claro, viene Camilo con su abrazo anunciado y que yo ya espero con tantas ansias.
Durante la tarde veré el Maya para este año de mi existencia mientras la brújula indica el VALLE DEL ELQUI

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