jueves, 29 de noviembre de 2007

esa cosa tan tonta de las mamás




- Para ya de estar triste, ¿Quieres?

Ante la sorpresa de sus enérgicas palabras elevo la vista hasta encontrar sus ojos eternos y la miro sin alcanzar a reponerme y guardo silencio.

- Siempre has sido como un perrito, un quiltrito, donde te dan cariño y te sientes a gusto te aguachas. Al fin te están dando cariño, estas aguachado y quieres, una vez más huir.

- ¿De que me estás hablando?. Al fin puede sacar la voz

- Lo sabes bien, no te hagas el pajarito conmigo, a mamá canario no se le viene con lechuguitas de plástico….

- Tú no sabes y por ello no puedes opinar porque…. –Me interrumpe-

- Yo te parí, te amamanté y te he acompañado toda la vida, he estado en todas las que me has dejado estar y cuando no me dejaste también ahí estuve así que no te me hagas el lejano ni el que no me entiende…

Me siento delatado, mínimo. Nunca he podido con sus sermones, que sí bien han sido pocos en la vida ocurrieron en momentos precisos, claves, donde al tambor de sus palabras logré volver a mi sitio. Pero esta vez no era lo mismo, no, no lo era.

- Aféitate esa barba de deprimido, llama a quien debas llamar, visita a quien tengas que visitar y ponte a caminar…

- Mamá no es fácil, no me mires como a un quinceañero

- Estoy clara que eres un hombre y por eso te lo digo, si fieras un adolescente hubiese traído unas chelas para hablar contigo, pero mira lo que traje -Me muestra un cigarrillo de cannabis, de sus matas - ¿Hace cuanto que no nos compartimos uno?

La última vez fue hace años, la primera vez que vine de visita desde que estaba viviendo en el Valle. Entonces nos sentamos a fumar, me preguntaba todo sobre mi vida elquina. Sé que mamá tiene esa cosa tonta que tienen todas las mamás bien desarrolladas pero, en este caso, la experiencia de haber criado y seguir ciando a 8 hijos le dio la técnica que emplea a la par con sus instintos. Y sí a eso le sumo la gran cuota de Chamana que trae en sus huesos, el resultado es esta Diosa a quien llamo Mamá, o, simplemente, Amaaaaaaá.

A penas oí el tono de la voz con que llegó supe que no valía la pena dar guerra, de todas maneras ya estaba yo vencido, derrotado y en sus manos desde el instante en que decidió venir a charlar conmigo. Entonces fui respondiendo sus preguntas con monosílabos,

- ¿Te duele el alma o el corazón?

- Los 2

- ¿Extrañas el Valle?

- Si

- ¿A Matías?

- No

- ¿Por qué no?

- Tiene novio

- ¿Entonces extrañas a Lito?

- No

- ¿Tampoco?

- Lito es el novio de Matías

- ¿Eso duele?

- No

- ¿Entonces es Camilo?

- ¿Es que cosa?

- Dímelo tú

- Camilo es Camilo

- Y tu mi hijo y no me haces tonta

- No te quiero hacer tonta, el tonto soy yo

- ¡Sí, eres muy tonto cuando te da la tontera!

- ¡Gracias por venir a apoyarme!

- No me des las gracias

- Fue una ironía mamá

- Lo sé

- Y ¿Qué más sabes?

- ¿Quieres que te lo diga?

- Por supuesto

- ¿Seguro?

- Segurísimo

- Camilo no es solo un nuevo amigo…

- Mamá, ¿Qué dices?, él tiene esposa e hijos

- Y esa es tu pena

- Mamá….

- ¡No me abras los ojos!


Y entonces mamá dejo salir su cosa tonta esa que tiene ella describiendo todo lo que me pasaba, recomponiendo con sus interpretaciones las trizaduras que se me dolían. Sus sospechas fueron en gran medida todas ciertas, salvo algunas traiciones que le causó su imaginación. Y finalmente sentencia…

- Camilo es igual que tú y bien lo sabes. La única diferencia es que tu no te casaste ni le mentiste a Analuz porque tuviste más suerte en no tener la familia que dices que a él le tocó. No los juzgues, no lo dejes atrás porque el te ama y tu quieres amarlo más todavía. Y sí tu estas triste el lo está tres veces…

- ¿Por qué tres veces?

- Por su familia, por él y por ti…

Lejos de la euforia, los elefantes blancos, los cerros que se acercan y los árboles que abrazan lo que la cannabis causa en mí es un eco de monasterio con su catedral y todo. El tiempo se me alarga, los espacios se me alargan, un segundo se alarga tanto que alcanza el minuto y ese sólo minuto se vuelve en una hora. Y mamá lo sabía y me dejo solo en medio del eco de sus palabras. Recostado en el suelo con la cabeza al lado de donde ella tenía sus pies.

Y en ese eco se repetía las afirmaciones de mamá: “Siempre te las arreglaste para amar cueste lo que cueste y lo hiciste intensamente”, “Con tu padre no nos hemos gastado la vida en criar hijos que no sepan amar”

Como decimos en el valle, mi madre me había dejado procesado


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