miércoles, 24 de diciembre de 2008

van a ser las diez... y no hay regreso

Recién sale el sol y me espera un día agitado… bien sé que mi amor hace tiempo que está acobardado. ¿Cómo le pido que no me deje ir y, sin embargo, que no corte mis alas de pájaro? OH Dios… recién amanece y me espera un día agitado.

Antes de levantarme quisiera hablarle un momento. Tengo que decidir antes de las diez lo que quiero… y quiero que este aquí, por favor, cuando le diga que por un gesto de su amor yo me muero a su lado.

Fluyen las almas y hay miles de almas. Que si falta alguna seguro que la existencia la proveerá.
Suerte que estoy aquí y no me arrepiento y que suerte que en cualquier lugar y en cualquier momento su alma esta aquí conmigo.

¿Donde iré a escribir al comienzo de una mañana? Agitado existir yo no sé porque no se calmas. No sabré que pedir si me entero que no me quiere, ya van a ser las diez… a la luz del sol nadie hiere, y aun no me levanto.

Toda la magia, todo el dolor, todo es milagro. Todas las noches que uno llora no son en vano. Jamás imaginé que estuvieras tan cerca de mí. Y un solo beso, un solo color, marcan mis besos.

Ya van a ser la diez y aún no me declaro. Recién es media mañana y me espera un día agitado. Quiero que sea mi estación terminal pero que no me ate los zapatos.

¡¡¡Dios, va a ser las diez…!!!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

tanto



Pensaba en algo, en no sé qué y llegaste tú
Para alumbrar la media noche con tu luz
Para pintar el mundo entero cada espacio en tono azul
Te quiero tanto, tanto te quiero
Que en este abrazo se me acaba el universo

Como una eterna melodía por mi voz
Como el camino de regreso a pleno sol
Llevo tu nombre a cada paso en cada calle, en cada flor
Te quiero tanto, tanto te quiero
Que en este abrazo se me acaba el universo

Me preguntas si cuando me pierdo te tengo presente
Si la duda que abraza este cuerpo profana mi mente
No es tan fácil romper el silencio feroz de la tarde, de lo cotidiano
Te quiero tanto, tanto te quiero
Que en este abrazo se me acaba el universo

Tienen tus ojos el color que tiene el mar
Siempre profundo, interminable en libertad
Del horizonte hasta la playa no me canso de mirar
Te quiero tanto, tanto te quiero
Que en este abrazo se me acaba el universo

miércoles, 19 de noviembre de 2008

cumpleaños feliz III, resumen

Me caga una huevada, y me caga pesa´o

Enrique llego al colegio en primero medio. El nuestro era un liceo chiquito y piola, un curso por nivel donde no se vestía uniforme ni el portón se cerraba con candado. El patio lo cercaba un cerro de aquellos y un canal de regadío generoso. Enrique se sentó delante de mi asiento, al lado de Analuz –ya entonces mí mejor amiga y por ese momento polola de mi hermano Hannessis y más tarde madre de mi hija Artemisa-. Era un chico alto y delgado, me sobrepasaba en unos cuantos centímetros, relegándome del puesto del “Más alto del curso”. Durante unos meses sólo fue un compañero de curso destacado tanto en música como en deportes, taciturnos en los recreos. Hasta que una tarde de domingo de invierno nevado Analuz llega acompañada de Enrique a mi casa… entonces nos fuimos a la leñera, distante de todo, a fumarnos un porro que traía él. Y en medio de eso me sumergí en sus ojos almendrados color madera y me maravillé al descubrir sus facciones precisas.

Para el próximo verano y sus vacaciones no soportamos la separación y planeamos vacaciones conjuntas. Así nos fuimos durante enero con mi familia a la casa del Molco en el lago Villarrica y durante febrero nos fuimos a mochilear a Chiloé. Y fue ahí, en una isla pequeña y húmeda y oscura y fría donde descubrimos los besos y las caricias y la ternura y la excitación y el morbo y el sexo. Cada uno fue para el otro la primera vez y esa primera vez se replicaba cada vez que estábamos solos hasta la noche anterior a esa mañana maldita en que mi padre me va a buscar a la universidad para contarme que Enrique había sufrido un accidente. Entre banderas de colores, amigos en zancos, cantos de guitarras y batucada lo enterramos tres días más tarde. Una semana después su madre me entrega la única foto que nos tomamos juntos tres años antes, en la plaza de Ancud, abrazados y sonriendo a la eternidad.

La noche oscura me acompañó un largo tiempo.

En mi tiempo universitario trabaje como modelo para una agencia importante. En eso me tocó participar en campañas para una marca de ropa gringa. Tiempo después un informe de UNICEF da a conocer que tal marca de ropa empleaba niños en países tercermundistas, entre ellos Perú y Bolivia, como fuerza de trabajo en condiciones de abuso. Tal informe causó tal revuelo en el medio que pronto se organizó una protesta. El lugar escogido fue Viña del Mar, pues tal marca mantenía una sucursal a la calle –diferente a Stgo donde las sucursales más importantes están dentro de mall- la idea era sencilla. Un grupo de “modelos” que habíamos trabajado para tal marcas llegaríamos vestidos de esa marca al frente de esa vitrina y nos desnudaríamos, la ropa sería quemada en medio de carteles con denuncia y globos de colores y serpentinas. A la hora acordada nos reunimos en una esquina, el Partido Humanista –organizador- nos apoyaba y juntos caminamos hasta la tienda y mientras los globos comenzaban a aparecer y los carteles a denunciar, rodeados de turistas con sus cámaras fotográficas y peatones sorprendidos nos desnudamos y la ropa fue quemada. Un par de minutos más tarde llegó la policía y nos dimos cuentas que habíamos olvidado un detalle. No teníamos ropa de repuesto. Los pacos se concentraron en quienes estábamos en pelotas. Un muchacho me alcanza su polera la cual use para tapar mis genitales y culo mientras era subido –respetuosamente, hay que decirlo- a un carro hediondo. Tres horas después salimos de la comisaría como héroes para quienes nos habían acompañado y nos fuimos a casa de alguien del Partido Humanista donde pasamos la tarde y la noche y la mañana siguiente. Ahí fue donde vi a Cristian y agradecido le regreso su polera.

Aquella tarde marcó dos cosas importantes. Abandoné la publicidad ante la certeza de ser un actor más de la compra-venta, de este capitalismo salvaje y esta sociedad ciegamente consumista que para satisfacer sus caprichos es capaz de abusar de niños y quizá cuantas otras cosas atroces que no se saben y, haber conocido a Cristian con quien vivimos juntos un par de años viajando y descubriendo el mundo. Nuevamente me sentía mágicamente enamorado, comprometido, alegre y profundamente feliz. Durante más de tres años construimos un mundo pacifico, hermoso, solidario y gentil. Cuando él estaba a mi lado el mundo me parecía más amable, más humano, menos malo.

La noche que nos despedimos lo hicimos a lo grande. Nos amamos toda esa noche para jamás olvidarnos el uno del otro. A la mañana siguiente le fui a dejar al aeropuerto y lloré al ver ese Iberia despegar de la pista...

Continuará

martes, 18 de noviembre de 2008

cumpleaños feliz II, tiago el zorba


Y llegó el día 14 y aun estaba como una estatua en el centro de la plaza de mi existencia. Definitivamente no estaba bien, me sentía absolutamente huérfano incluso de mi mismo. Hice todo lo posible para que con Dan las cosas fluyeran en paz. Finalmente no supe que pasaba en él y solo sospeché que un miedo atroz fue lo que lo llevó a actuar con tal nivel de desestabilización. Bien sabía que no había vuelta atrás, imposible después de haberme acostado con un chico que… un chico que me envío un mail como alguna vez soñé recibir, proponiéndome que le invitara a conocer la quebrada que más me gusta. Pero el caso es que volvía a estar solo… cosa que no quería que sucediera, que me aterraba e inmovilizaba.

No obstante ahí me encontraba, en medio de mi casa, con una brisa fría y húmeda, erecto como un cactus, bañado de un melancólico rocío. Aquella mañana llore como un niño, no, mejor dicho lloré como un hombre, con lágrimas certeras y silenciosas. Por un momento sentí mucha bronca con Dan y conmigo mismo, con el chico que no me llamó y con el que había escrito ese mail como un horizonte, un oasis quizá.

Mi madre, con esa intuición que sólo tienen las madres, llegó a casa y al ver mis ojos colorados me acunó. “Treinta años ya y sigues siendo mi niño” dijo mientras me abrazaba para comenzar a cantar aquella canción que cantaba cuando era un niño y en las noches de pesadilla buscaba el refugio de sus brazos en su cama. Entonces me acostaban entre papá y ella y cantaba: “Eigo, yo remando voy, mi canoa por el río va y en la noche fresca por la selva voy”, y su voz espantaba mis miedos y entre ellos me dormía seguro, amado y en paz. Pero esta vez mis miedos necesitaban más que una canción y el amor de mis padres para ser espantados.

La razón de la visita era para contarme que el día sábado (mi cumpleaños) ella y papá irían al concierto de Serrat y que por tal razón habían planificado una celebración para la noche del viernes donde habían invitado a los amigos de la familia (lo más cercanos que con mis hermanos hemos tenido a Tios) y a mis amigos de toda la vida. El menú… lo mismo de todos mis cumpleaños “Ñoquis”. Dicho sea de paso, a mi madre le quedan ESPECTACULARES.

Aquel viernes me la pasé en la oficina con mis hermanos, el seminario en Canelo de Nos había concluido el día anterior y volvía a tener mis días libres para mi.

Irineo, uno de mis hermanos mayores y con quien estoy seguro venimos juntos de muchas vidas anteriores, notó que no me sentía del todo bien y nos arrancamos la tarde a un bar de El Golf (Donde están las of) y en dos horas saqué todo lo que me quemaba en el interior. Él, claro como es él y con ese humor que luce espontáneamente me contó su película favorita y como la encontró en un libro de Osho.

“Teñí que dejar de ser Tiago Mendiburu y comienza a ser Tiago el Zorba”. Me aseguro que ahí estaba el secreto…

Al día siguiente su regalo de cumpleaños para mi fue la Película Zorba el Griego y el libro de Osho

“Zorba está vivo pero no sabe nada de las cimas más altas. Es feliz arrastrándose por la tierra: puede abrir las alas, pero no tiene consciencia de ello.


Su jefe es un hombre culto, muy refinado, rico, pero infeliz, continuamente angustiado. Zorba le dice un día:


- Jefe, lo único que a ti te pasa es que piensas demasiado. ¿Por qué no vives? No le veo sentido. ¿Por qué sigues pensando? ¿Qué vas a sacar en limpio? ¡Vive! ¡Ven conmigo!.


Coge su instrumento musical, arrastra a su jefe hasta la orilla del río donde viven y empieza a tocar, a bailar. Y el jefe se queda allí parado, muerto de vergüenza, pensando: "Si alguien ve a este loco, y a mí con él, ¿qué va a pensar?". No baila pero tiene miedo de que si alguien le ve allí... Zorba tira de él y le dice:


- ¡Ponte a bailar!


- No sé bailar -replica el jefe.Zorba le insiste:


- No hay por qué saber bailar -insiste Zorba-.


- El baile no se aprende. Empieza a dar saltos y lo verás. Yo toco la música. Tú sólo tienes que empezar.


Al comprender que aquel hombre no iba a dejarle en paz, el jefe empieza a moverse, y Zorba le anima. Al final, en aquella noche de luna llena, se olvida por completo de su cultura, de su educación, de su civilización, y por primera vez comprende que también puede vivir, que también puede bailar, que sus piernas no sólo sirven para andar. Tiene alas: Zorba le enseña algo de la tierra”

lunes, 17 de noviembre de 2008

cumpleaños feliz I


Aún no se apaciguaban los pájaros en mi cabeza, que habían revoloteado incansablemente durante semanas, cuando llegó de grandes zancadas mi cumpleaños. Y yo ahí de pie, despierto, desnudo en una mañana lloviznoza de esta extraña primavera, sin nada planeado para lo que supuse debía ser un festejo muy simbólico.

Mi primer diez años lo viví como todo niño criado en una familia numerosa que habita el sereno y generoso paisaje cordillerano de una parcela en Pirque, franqueada por quebradas, un río y la montaña, donde jugué en casas de árbol a poto pela´o sin ninguna otra urgencia que estar con mis hermanos.

Mi segundo diez años fueron de bajar de los árboles y descubrir que más allá del Maipo existía toda una ciudad con un sin fin de callejones oscuros y excitantes. Fue la época de enamoramiento cándido y ese primer amor que me salvó de vivir una vida ordinaria, de adherir al partido y militar, descubrir el vegetarianismo y la cannabis.

Mi tercer diez años fueron de exploración profunda… del nacimiento de mi hija, del amor de pareja profundo y comprometido, la sexualidad florecida en la piel, el descubrimiento de otra forma de vivir la vida, la emigración al Valle del Elqui, la conquista de la soledad de pareja, la sexualidad dormida, el descubrimiento de dios en la forma de la Existencia, la vida en “comuna”, el sosiego, la enfermedad de papá que me trae de regreso a Pirque.

¿Cómo quiero que sean mi cuarto diez años? Y para ello había barajado múltiples posibilidades tales como irme a acampar con Dan –sí es que podía convencerlo de tal cosa- y celebrarlo juntos o irme al Valle del Elqui, o acampar solito –Radal era el sitio escogido-, en Tunquén, salir con mis hermanos y los amigos de siempre (benditos sean) a carretéarnos Santiago…

Los descartes llegaron por si solos…
- Mis padres no me perdonarían un cumpleaños lejos de casa y la familia
- Con mi hija haríamos una teleconferencia el sábado en la mañana
- Dan…

Dan… durante las últimas dos semanas se había encargado de mostrarme la cara más ambigua de la existencia y en tal maremoto me acerqué al filo de un precipicio que de haber saltado… Su juego de inseguridades, el pasarme la cuenta por no sé que cosa, el querer despertar en mí emociones de culpa de supuestos hechos que sólo se podían basar en su imaginación.. Con una relación tan de ir y venir, con sus terminar cada dos semanas y a los tres días una dulce y extendida reconciliación posible de hacernos volar a prados románticos de una exquisita elegancia… y ese clima se mantenía unos días hasta que… OH Dios… sus diablos internos florecían con una violencia desmesurada.

El jueves pasado fue clave y decidor… había acordado juntarme con un chico guapo, excitante y, al parecer, ya maduro y sosegado a “Pisar como los Dioses”, ambos tenemos claro que entre nosotros el vivir lindo sexo es lo único posible que se puede dar y dispuestos estábamos a hacerlo. A él no le complicaba el hecho de que yo estaba en una relación… que para tal día estaba yo soltero al haberme dado Dan la quinta pata en el culo. Las cosas salieron distintas… este chico jamás me llamó el día jueves (ni después tampoco), excitado como gato en celos di vueltas por la ciudad en busca de… a las tres de la madrugada del viernes regresaba a Pirque sabiendo que él hecho de haber tenido sexo casual con un guapo chico imposibilitaba cualquier posibilidad de regresar con Dan… sólo me clavaba la espinita que el chico con quien acordé juntarnos esa noche no me llamó nunca…

El viernes, por insistencia de Dan nos reunimos a almorzar, momento en el cual me hace entrega de una pequeña cajita como regalo de cumpleaños. En su interior en una base de plata un cuadrado de lapislázuli y en el centro, también en plata, el signo del Infinito… fue difícil rechazarlo sin dejar de herirle en alguna forma… esa vez y por primera vez era yo el que declaraba que tal relación estaba concluida. Fuimos a su depto porque así podíamos hablar tranquilos y de paso yo retiraba algunas cosas que tenía ahí (maquina de afeitar, ropa interior, camisa y unos cuantos apuntes de mi trabajo y estudios). Bien sabía que no podía retirarme sin antes dar respuesta a cada una de las preguntas que le surgieran y esperaba que no fuese insistente… y lo fue, y le conté que había acordado tener sexo con un chico con quien me comunico de hace tiempo, quien en un momento me gustó más allá de la excitación y me había llegado a interesar genuinamente, pero que este hombre finalmente no me llamó quizá porque razón… y que caliente me di vueltas por la ciudad, que había notado sus llamadas y que no quise responder y que finalmente en un bar de Vitacura cruce miradas con alguien y nos fuimos juntos a su departamento. Sólo por sus insistentes preguntas confesé haber tenido sexo y que, además, el muchacho me había gustado. Que en ese momento no podía saber sí lo llamaría o no, pero de que me había gustado… me gustó.

Contra todo pronostico Dan guardó serenidad. En un momento miró el techo, mis ojos y luego el piso… “yo te empujé a eso”. Le aclaré que no y le pedí que no se hiciera el culpable de algo en lo cual no existe culpabilidad sino que mi voluntad nada más. Nos despedimos con un abrazo suave… me pidió un beso de despedida… besé su frente, y me retiré sin permitir que me dejará en el jeep ni yo miré atrás.

jueves, 6 de noviembre de 2008

un célibat


Desde la terraza no sólo se veía el mar ni el horizonte tiñéndose de naranjo ni de mi vaso bebía sólo ron-tónica… un grupo de chicos se reunía en la playa y mi bebida contenía algo de tristeza.

De pronto la terraza se me hacía minúscula, me estrangulaba… el celular había permanecido apagado en el fondo de un morral para evitar oír sus llantos que, sin duda, hubiese volado a consolar.

Todo me era confuso. Antes de irme a la playa nos juntamos a cenar –elegante manera de decir “adiós”-, siempre he odiado ese: “¿Volvamos a empezar?” y ni por orgullo ni vanidad, en el tema de atracción-amor, nunca he dado un paso atrás y, sin embargo, le dije que no me cerraba a nada… ni a ese volver a empezar como a conocer a otro… en pésimo francés me declaré “un célibat” y de paso liberarlo y liberarme de lo que…

Y sentado en la terraza, con mí entre piernas inquieto y tenso, decido acercarme a la fiesta que se comenzaba a armar en la arena. Por si acaso llevaba una botella de ron, otra de tónica y seis condones en el morral (siempre he sido optimista a la hora de proveerme de preservativos) y baje a la playa con todas las puertas y ventanas de mí ser abiertas.

y bueno… na que hacer, regresé cuatro horas más tarde sin ron ni tónica, cuatro condones, dos números telefónicos y el eco de esta canción que me subió el ánimo de una forma increíble.
(los dos condones faltantes se convirtieron en globos que un viento se llevó)

Arriba todos es un día de sol,
Fucking mezzogiorno de calor
Las flores blancas del amor, las flores negras del dolor
Hoy Frida pinta el cielo desde allá
Todo esto es un sueño que más da
El paraíso es un lugar,
El paraíso es un lugar

No buscaría la razón
La sensación de estar colgado de un avión
Que está a un segundo de arribar
Que está a un segundo de estallar
Que es un milagro despertar
Saber que nada es para siempre y hoy…

Desafiar a las leyes de la gravedad
Sólo reírme hasta verme flotar
No me creo que todo haya ido tan mal
Prueba el efecto de resucitar…

Cuando el mundo se pone oscuro
Se pone lento, todo mal
Por el mundo yo no me dejo desanimar

Preferiría amarte y no pensar
Siempre entre tus piernas quiero más
Amar
Amar
Amar
Amar
El paraíso es un lugar

I can´t get no satisfaction
La dosis justa para la resignación
La maravilla del color
Las endorfinas del amor
Sí todo se acabara hoy
Yo desearía que termine así…

En el cine del barrio de la humanidad
Ver “lo que el viento nunca se llevó”
Y los chicos fumando nos digan que fue
Sólo una broma, nada terminó…

I can´t get no satisfaction…


Está canción, que nunca había oído, fue cantada hasta el delirio por dos chicos secos en percusión y que hicieron de un anochecer anaranjado en la playa una fiesta intimista y carnavalesca como pocas veces se dan en Tunquén, pero cuando se arma la fiesta… la mejor pista es un poquito más allá de esa quebradita que da al mar en Tunquén.

lunes, 27 de octubre de 2008

tantra


Ven y lléname de ti
escarba cada uno de mis poros por donde entra el sol y emana el aroma de mi cuerpo
consúmeme con la lengua y los ojos y la nariz y devórame despacio y en silencio sacro
ahógame en tu pecho hasta hacerme desaparecer y méceme como a un recién nacido
enmudece mi abecedario con tus besos
atrápame en el interior de tu cuerpo y no me dejes salir
quémame con tu médula y tatúa mis muslos con tus manos
escálame despacio hasta alcanzar mi frente y coróname con tu existencia
llégame al corazón y salta al vacío de mi alma
exprímeme con tus piernas
ara con tus manos mi espalda
quiebra tus uñas en mis hombros
navégame como un corsario
seca mi esperma y has florecer mi sexualidad de metafísica
aliméntate de mis extremidades
anida en los pliegues de mi entre pierna
y eyacula mi esencia para saciar tu sed.


evaporaré tus sueños con mi lava incandescente y quemaré las huellas que cualquier otro hoya dejado en tu piel

viernes, 24 de octubre de 2008

¿y el mago?


Tengo un amor sin usar y unas ganas increíbles de sacarlo a la luz. Tengo un sueño que ha sobrevivido a los maremotos del tiempo, a los inviernos más tristes, toda soledad resiste.

Tengo la cama bien hecha, la vida fluida, un río claro que me despierta. Tengo una mata sagrada que florece a diario y me transporta a un mundo de silencio y comunicación.

Tengo un amor que aún no existe.
El Mago que aún no llega a mi puerta.

Noches eternas entre cerros, quebradas y montes. Nadie puede imaginar como duelen algunas mañanas que al despertar no te encuentro.

Tengo una luna en el cielo, un amor verdadero que cuidar. Tengo un sueño que me invento por si no me despierto, para poder amor… tengo un amor sin usar.

Sí sólo pudiera saber por donde ves salir el sol, si es verdad que vamos por el mismo camino.

Le pido a la Existencia una y otra vez por tu arribo y te busco en las estrellas por sí tu eres una de ellas y al verme ya no te pierdes.

Sí de repente mirando al frente entre la gente pudiera verte.

Hay paisajes que sé que eres tu

Sí de repente mirando al frente entre la gente pudiera verte.

miércoles, 22 de octubre de 2008

vegetal

Desperté a la hora en que suele despertar el sol en primavera, así, solito, exita´o en esta cama tan desolada y me vestí lento después de estirarme como trapecista en la cuerda floja. No tenía prisa para responder los mensajes de la gravadora ni esos e-mailes que dejé pendiente anteayer. No deseaba desayunar ni con pepedés ni testigos de jehová ni a media mañana tomarme un cafecito con el muchacho aquel.

Y paso un rato y dos ratos y otros más. Ya no necesitaba explorar mi aparato genital, la urgencia matutina dio paso el letargo habitual y la erección se quedó dormida. Dejé de estar preocupado por la elección municipal y entre desayunar una vitamina o beber un mate sin azúcar y fumar de la hierba no me perdí y elegí la naturaleza del amor y de la paz, que amor estando solo es una cosa y extraña y por suerte conmigo mismo no peleo batallas.

Así, con la mente suave como una noche del Valle del Elqui, así voladito, calentito y transportado advertí extasiado, admirado, la vida sencilla de una mata con flores que floreció ahí sin haber sido sembrada ni menos almacigada ni plantada al lado de mi puerta.

Escuche la suave canción de las plantas que sólo necesitan sol y agua. Me quité las zapatillas y con las patas en la tierra perdí mi esencia animal y quise ser un vegetal.

Vegetal para todos los demás.

sábado, 11 de octubre de 2008

ahora que amo a un hombre

Ahora que tu energía es un amor lejano, besos en los ascensores, miradas cómplices siempre escondidas de los demás. Algunos años compañeros en la universidad, servilletas escritas, ron cubano y vino tinto, hojas de hierba, el auto siempre en una vía que aleja de la ciudad y tu cama siempre para mí estaba abierta.

Ahora que queda tan lejos aquella cabaña en el Melocotón, el bar biógrafo, libro-café, los enfadados, las copas que brindaban a los sueños y a los vientos y a los no-miedos, la luz de vela en ese bar a la hora en que el amor se declara converso.

Ahora que me canso en las reuniones y el comunismo pareciera que empieza a cerrar, y apuro el último suspiro antes que las estrellas comiencen a emigrar a noches que están aún más lejanas. Ahora que vivo en esta casa en que siempre quise vivir y nadie me espera aquí. Ahora que aprendí a llegar a fin de mes y que amo a un hombre---

¡¡Que amo a un hombre!!

Ahora que ya no uso chequera, que recorrí solitario París, que sueño con prados verdes, que ya no escribo cartas en servilletas de bar, que alcanzo más años que promesas, que naufraga mi corazón a pesar que no hay isla donde naufragar, que llego tarde a las fiestas de mis amigos y se me pasan los cumpleaños. Ahora que vivo entre dos cerros cruzados por un río…
Ahora que hay fiestas sin resacas y madrugadas poéticas, ahora que nadie me saluda por los bares de Constitución, que pido en noches desesperada auxilio y besos a cambio de una nueva canción, que fumo menos y a veces lloro mientras duermo. Ahora que muero de frío como un pájaro caído. Ahora que viejos amigos me han traicionado…
Ahora es el momento de volver a empezar, a vivir la realidad, que nazcan las orgías en mi casa en la montaña, de besos y caricias. “Se cayeron mis alas y yo no me rendí, así que ven aquí, brindemos que hoy es siempre todavía, que ya sabes, nunca creí en las despedidas”.

martes, 16 de septiembre de 2008

Paris, je t´aime


El resto del viaje fue solitario como sola es la luna, como solo es el sol. Viajé en trenes solitarios saturados de pasajeros cargando maletas, mochilas, hervidores de agua, condones con sus sachet de lubricantes y aquellas boletas de optimismo. En la mente aquella mirada oscura de Pasquale, su mano sosteniendo la mía en esa mesa fría del más cálido café de Termini mientras la oliva rodaba desde sus dedos eternos a la palma de mi mano ermitaña.



Y su mirada en mis ojos se anclaba como el navío después de la tormenta atraca en el muelle.

Y el tren avanzaba como la muerte lucha con mi signo. Y entre las calles de Riomaggiore salí por unos pasos encontrar y en callejuelas florecidas en la primavera de todos los amantes solitarios, idos, volados, navegados y naufragados me nació aquella esquina de pescado mediterráneo y vino de la casa con la libreta azulosa de papal maché y el lápiz de sangre verde Elqui tatuando toda mi soledad en esas hojas recicladas.

Los turistas corrían con sus cámaras digitales sin percatarse de los pobres amantes que cenábamos nuestras soledades desoladas con vista al mar. Aún con todo ello, y con más, yo era un hombre hermoso aquella tarde bebiendo vino en copa, picando el pescado entre las rodajas de limón a la hora en que el sol se marchaba más allá del mar.

Entonces regresé al hotel en Rapallo con vista al mar y piscina bajo la luna. Italia & Lido frente a mis ojos donde los chicos itálicos caminaban la costanera con sus jeans a medio traste, el abdomen de gym a la luz de la luna y sus miradas perdidas en Cinque Terre siempre eterna. Entonces fue, sólo fue entonces, que recordé… y subí agónico a mi habitación con vista a nada para… para…

No importar nada más que…

No fue tú mail, tampoco la pulsera de cuero ecuatoriano en mi muñeca, ni el aliento de ron, ni tu mirada varonil rindiéndose de mi mirada tímida y agónica. No sé que cosa fue

Fue alguna cosa?
Mi varonilidad?
Tú respiración secreta bajo mis brazos?
El chico Chileno de Pedro de Valdivia del cual te hablé en más de una noche romana?
Los deseos de abrirme a otros como la noche a los almendros?

Y tú, ardiendo por mi, sonreías con tus ojos tan sinceros… Y entonces, en una calle veraniega de turistas, en el corazón de Le Marais, llegaste a mi lado y en la plaza Les Vosgues, a esa hora en que todo es otra cosa, busqué tus labios y tus labios pronunciaron en mi boca el verbo beso y tus ojos oscuros fueron noche y mi pecho abría en tu pecho un rol nuevo mientras el chico aquel tejía su realidad lejos de nosotros.

Caminamos sin pasos ni cansancio, amplios como las noches son amplias cuando el amor ronda el desvelo y el cielo parece más cerca de techo y en la gare d´Austerlitz me enseñaste a basar como besan los bucaneros a esa hora en que solo lo que importa es el amar.

Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.

Y, sin embargo tu y yo nos acariciábamos, nos besábamos, descubríamos en una esquina de Paris.

¿Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio, mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad…..

Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel, por mis venas va, ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje, luciendo los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un liguero de querer?#

viernes, 12 de septiembre de 2008

el rincón más bello de roma


Desde nuestra mesa podíamos ver los andenes de Termini saturados de pasajeros, maletas, carros, relojes y prisa. De vez en vez me mirabas intentando que yo no percibiera tu mirada. De vez en cuando yo te miraba tímido como un niño. Hubiese querido ser un hombre valiente y declarar mi romántico agradecimiento y el encanto que me provocaba verte cada anochecer, al regresar de haber ido a dejar a las niñas, parado a las afuera del hotelito fumando tu cigarrillo de tabaco negro mirándome llegar.

Para que tú me oyeras mis palabras se volvían lentas como las horas tú volvías largas. Reías al verme reír de tus zetas y eses y yo disfrutaba de tus palabras largas. Cada noche descubriste para mí un secreto de Roma. Cada noche la luna salía en un nuevo bar, una nueva esquina y en una callejuela distinta cada noche se reunían las estrellas. Tenías una ciudad para mí.

Los trenes llegan cargados de turistas y de trabajadores, jóvenes estudiantes del mundo entero gritan de alegría. La mujer nos trajo las cervezas y las olivas, los vasos helados vestidos de escarcha. Entonces nos quedamos silenciosos como las uvas, como el viento previo al huracán. Tú buscaste mis ojos y yo te ofrendé mi mirada…

Aquella tarde de mí llegada tú cargabas a mi hija en tus hombros y tras ustedes el sol reinaba el espacio. Tú te inclinaste para yo poder besar a mi hija y yo me empiné para abrazarla y en ese ejercicio, como las nubes en las colinas del Valle del Elqui, mi boca rozó tu nariz y tu frente y tu cabeza se estacionó en mi pecho. Te miré, creo que colorado… me miraste sonriendo. Analuz nos miró cómplice. Tomaste mi hombro y dijiste “Pasquale”. Te sonreí enchuecando mis labios hacia la derecha –signo de mi nerviosismo- y te confesé mi nombre.

Por fotos, por correos de Analuz y por sus palabras en su última visita breve a Pirque cuando mi papá enfermó, yo ya te conocía. Tú me conocías por los mismos medios y conocías la historia de la comunidad del Elqui y de mis dos abuelas nacidas en Italia. Los tres primeros días compartimos juegos y comidas y risas y helados de aquellos con las niñas. Traducías para mi lo que ellas olvidaban decir en español. Luego, en aquel bar pagano con vista al Vaticano, nos confesamos en la fantasía de una pareja de hombres con dos hijas hermosas paseando por el mundo.

Sus dedos largos y albos cogían las olivas con una armonía masculina que me seducía. Sus cabellos caían sobre su frente ocultando por instantes sus ojos oscuros. Nos había nacido un silencio triste de despedida. Cientos de emociones y palabras y pensamientos e imágenes se atoraban en mi pecho como se atoran los geranios en algunos balcones. Levantó la mirada y con un breve y firme movimiento de cabeza despejó el cabello de su frente. Nuestras miradas se encontraron como nunca antes y estirando mi mano tomé la suya que reposaba sobre la mesa con la oliva entre sus dedos.

Por un instante los andenes se vaciaron de pasajeros y florecieron parejas de amantes. Los relojes se detuvieron y la ciudad eterna se imprimió en una vieja tarjeta postal. Pasquale recibía mi mano en la suya sin distraer su mirada de mis ojos. Yo sonreía agradecido y encantado. Y los pasajeros y las maletas y los carros volvieron a los andenes y los relojes a consumir sus segundos y sus minutos y sus horas. Entonces él miró su reloj, subió la vista, hizo un par de mueca, retorció su boca de lado a lado, apretó los labios, sonrió…

- “¿Confías en mi?”, preguntó seguro de una respuesta afirmativa. No lograba entrever que se le había ocurrido pero en sus próximas palabras todo se aclaró. “Dame tu billete”. Olvidé llevarte al mejor lugar de Roma y no te puedes ir sin conocerlo. “Espérame aquí”. Dijo mientras desapareció a grandes zancadas.

Regresó calmado tras un rato largo, sonriente y con el billete de tren golpeándolo en la palma de su mano mientras su sonrisa me develaba la acción. Guardamos la mochila en custodia y salimos de la estación por una calle lateral, de ahí enfilamos por calles pequeñas hacia el sur. De momentos nos dábamos golpes de hombros, nos abrasábamos. Reíamos. Así me enteré que mi tren saldría al atardecer del día siguiente.

La luz indicaba que estábamos en la fina frontera que hay entre el atardecer y el anochecer, esa hora imprecisa de los poetas. Pregunté a dónde íbamos, el nombre de esa zona aún más bella que Roma. Sonrío, desordenó mi cabello.

- ”A mi cuarto”, respondió.

Al atardecer del día siguiente nos despedimos en un eterno abrazo antes de abordar mi tren rumbo a Cinque Terre. Durante el trayecto se me venían una y otra vez las imágenes del rincón más bello de Roma mientras su nombre resonaba en el Duomo de mi pecho.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

el mareo

“Avanzo y escribo

decido el camino

las ganas que quedan se marchan

con vos”


En cuanto bar entrara, en las tiendas musicales, en la calles, en uno que otro parque y aquella tarde tirado en la plaza Julio Cortazar del Soho. Antes de que emprendiéramos el regreso compré el disco que parecía acompañarnos como un cupido esa vez en Buenos Aires.

“Se apaga el deseo

ya no me entrevero

y hablar eso

que se me iba

mejor”

No lo volví a oír sino hasta en esta etapa del viaje en que recorro solo el camino a Le Marais, como un peregrino (penegrino diría mi hermano).

Una letra elegante,
Una voz extremadamente sentimental en una energía absolutamente masculina
Algo pasa en mi interior que atrae a viejos pájaros que creí espantado para siempre de mi pecho. De pronto me torno triste como un naufrago y sé que la cusa no es la ausencia de alguien que ya no este a mi lado.

“Con los ojos no te veo

se que se me viene el mareo

y es entonces

cuando quiero

salir a caminar”

Y, sin embargo, te presiento con todos mis otros sentidos. Sé que existes, que por algún lado deambulas, sueñas, creces, te desarrollas, buscas, sientes. Y no te veo.

Te me vienes tú a la mente, el arrepentimiento por mi insulto taladra alguna parte de mí. Me dan ganas de llorar, de acudir a ti… sé que ya pasó el instante y que este se fue volando a un rincón aún más lejos que aquí.

“El agua me ciega

hay vidrio en la arena

ya no me da pena

dejarte que un adiós”

Esta tierra no tiene el romanticismo suicida de París en otoño, Guápulo en verano, Pirque en invierno ni de El Retiro en primavera. Hoy aquel sentimiento esta en mí.

Los chicos bajan a la playa cada atardecer luciendo sus sonrisas. Yo camino por la costanera descubriendo ese café, esa terraza con una mesa sobre la cual descansa una copa esperando mi vino. Me siento extrañamente contento de ser un náufrago de mi mismo y aún izar la bandera de un mañana.

“Así son las cosas

amargas borrosas

son fotos veladas

de un tiempo mejor”


Tengo ganas de regresar, de partir y de ir, volar, llegar a tu pecho y escribir mi historia en el. Quisiera poseer la valentía de abrirte mi pecho y que esculpas ahí adentro tu secreto, tu fe, tus ganas, tus mareos. Y temo que ya no estás; te has ido tras el portazo que pegué cuando mis piernas tiritaron de miedo


”Con los ojos no te veo
se que se me viene el mareo

y es entonces

cuando quiero

salir a caminar”

miércoles, 3 de septiembre de 2008

dios



- “¿Crees en Dios?”, preguntó suave como un sueño y firme como una cruz, con todas las zetas de un idioma aprendido en Castilla.


La luz trisaba la línea ecuatorial y se colaba rauda por la ventana que, según aseguró un orgulloso dueño de casa, databan del siglo XVIII. Mientras, y desde su puesto de salvavidas indiferente, la mirada de la comadrona juzgaba nuestras copas de vino y las condenaba a sabe quién qué cosa, pues no se bebe así antes que el papa se despierte. Comí lento los trozos de melón amarillento (calameños lo llaman donde vivo) cubiertos de jamón crudo y rescaté, cual quijote, los higos de los salame que los oprimían.


Melones e higos liberados ¡¡¡Jamás serán vencidos!!!


Y la pregunta giraba en el aire como un remolino.


Y su mirada se adentraba en mis ojos como un minero se adentra en la roca. Firme, varonil, decidido. (¡Mauricio!, ¡¡oh Mauricio!!). Su visaje me atraía como el silencio de las sirenas (y es que las sirenas tienen un arma aún más fuerte que su canto, y este es su silencio). En la viña de los hombres hermosos, él más hermoso de sus frutos esperaba una respuesta.


- ¡¡Si, creo en Dios, de hecho creo en varios!!


Respondí como el roquero aquel mientras Pasquale, caramayola en mano, llenaba las copas con vino.

domingo, 31 de agosto de 2008

fin I

Todo se ha vuelto otra cosa; los colores de mi vida co-creada y también co-destruida, los aromas, las formas, los sonidos emanados de mi experiencia (tan) humana, los silencios… ¡Oh Dios! ¿Cómo ha podido cambiar el silencio?
Desde el accidente de Tomás y Angella se han comenzado a plasmar este cambalache de la vida que, quizás, se habían gestado tiempo atrás. El termino en la relación de Muchi y Angella ha llevado a Muchi del Valle del Elqui a esas callecitas bonaerenses que tanto ama. Con ella ha viajado Marcos, quien una buena tarde llego a nuestra “comunidad” cargando en una mochila gigantesca su alegría y seducción infinita que ha vuelto a acarrear. Al partir Muchi declaró que será solo una temporada, pero quienes la conocemos sabemos que eso es incalculable, lo mismo puede ser una estación del año como una estación de su vida, y tardar mucho tiempo. Una vez dada de alta de sus fracturas, Angella fue traída por su familia a Santiago donde felizmente logró sanar sus dolencias. Hoy, y para recuperar las fracturas del termino de su relación, se la pasa entre Valdivia, la capital y Viña del Mar. Cada cierto tiempo vuelve al Valle del Elqui por escasos días que nunca alcanza la semana. Durante esas jornadas casi no se le oye y se le puede ver caminar en silencio, buscando espacios de retiros. Su cabellera de gitana azabache se la llevó el viento y hoy luce un corte que le asemeja a un chiquillo moreno-crespo-guapo-etéreo.
Por su lado Matías regresó –también dijo que por un periodo- a su pueblo materno con vista al Mediterráneo. Tras él fue Litto. Ya no viven su amor en la montaña y hora juegan en la arena y recorren las calles de un pueblo medieval levantado de piedras. Pablo regresó a instalarse en Santiago y hoy es mi único amigo en la ciudad. Nos juntamos dos veces a la semana y vamos a descubrir bares, museos y teatros. Nos llamamos todos los días y a cada rato, charlamos por msn, skype y email. Es loco, pero jamás comentamos en personas lo que cada quien escribe en los mail, como si fuera un secreto de los dos, un secreto incluso de nosotros mismos. Ha pasado varios fines de semana en mi casa y sospecho feliz que algo esta naciendo entre él y mi hermana Vera. Sería bello.
El termino de la “Comunidad”, al menos en la forma en que ha sido hasta hoy, sin duda a tendido un manto angustioso sobre mi idea de fututo, caminar, sueños…

martes, 26 de agosto de 2008

fundamento de bar

Me miraste apenas y lloré.

No sabía entonces que el amor abre puertas que cerró el ayer. Yo soy sólo un hombre con una ilusión, una playa que no alcanza el mar, una nube del Elqui que olvidó volar, un extraño sentado en la barra de ese bar, el bar de los fracasos.

Nos amamos tanto en tu cuarto –con extrañas flores de papel- ¡En mi vida sentí tanta esperanza! Algo de mi antigua soledad se aburría sola en un sofá envidiando el fuego en nuestras almas.

Ese día azul bailé y te amé, fui de nuevo viento, fui pincel, corazón y espuma encaramada a tu pecho de victoria y fe, a tu vientre calido y a tu miel, a esa sombra extraña en tu mirada.

Te miré apenas y lloraste ¿no sabías entonces que el amor cierra puertas sin decir porque?.
Tú y yo sólo fuimos dos hombres compartiendo una noche nuestra soledad, en aquel bar de los fracasos.

Viernes 22 de agosto en ese bar atrás de un patio, al llegar a La Concepción, cuando a media noche me encontré con un ex.

lunes, 25 de agosto de 2008


Llega al fin desde tu espacio profundo y pinta mi universo de colores nuevos.

Termina con esta espera que evapora mi sangre y fosiliza mi esperma,

entra por cada uno de mis poros

y habítame desde ahí.

Quémame completo,

por dentro,

por fuera,

por ayer,

por hoy

y sígueme quemandome en los mañanas.

No ceses en absorberme;

consúmeme como los almendros consumen los inviernos.

Llévame contigo a lo más profundo de ti

permíteme elevar una bandera con mi nombre

en la cima de tus misterios.

miércoles, 20 de agosto de 2008

¿ . ?


¿El regresar puede ser una forma de recomenzar el camino ya hecho y, aun así, avanzar?, ¿Un río puede manar del mar a la montaña, trepar cascadas hasta que todo un océano aloje en una vertiente cordilleraza?

¿El punto de partida seguirá siendo el mismo? ¿Cuál fue ese punto inicial? ¿Un OM acaso? ¿El primer llanto o la primera carcajada o la primera masturbación o la primera noche en una quebrada andina o aquella mirada que consumió la médula azulosa de mis huesos febos y, de paso, despeinó mi erotismo?

Me pasa que me disipo de mi mismo. Algunas señalizaciones han desviado mis pasos. Las zapatillas descansan a la orilla del camino. Las marejadas borran los nombres de los amantes escritos en la arena y en los cementerios florece un almendro en medio de la escarcha del mes de julio. He sacado mi corazón del cajón en el que lo solía esconder de mi mismo y ahora no cae en mi pecho y desde lejos suena un cascabel que espanta a los pájaros sin plaza. Lanzo mis ojos muy lejos de aquí.

Retrocedo como un paracaidista que triza el cielo.

lunes, 18 de agosto de 2008

rayuela


Cuantas veces en treinta años un hombre puede escribir su propia “Rayuela”?

Recorrer inconsolable y trémulo los mismos callejones de su ciudad luz?

Bebiendo café o vino en las mismas esquinas de esa ciudad?

Siguiendo los pasos de su “maga” o “mago” –al fin lo mismo da, es solo una ilusión-?

Suspirando el dibujo de una boca que su dedo alguna vez trazó sobre unos labios que se fueron?

Llorando cada ciclope que en otros ojos no nació?

Cuantas veces en treinta años un hombre puede ser treinta veces un pobre poeta agonizando de almendrismos en el mes de julio y sobrevivir como un gato negro a la media noche de agosto?

jueves, 14 de agosto de 2008

viernes, 8 de agosto de 2008

EL QUE NO SALTA ES COLA...

Me rindo, con toda la cobardía de la cual algún día pude hacer gala y lucir. Unos culparon al amado y al éxtasis por la falta de amor –fue la falta de amor la que no pudo resistir a su amado y llorado amante el maricado inferido carioca-, otros al yoga comprado con monedas sangradas en cada madrugada después del Fausto. Yo me acuso de soledad, de la falta de un no compañero, de ese que sueño con cada poro abierto…. Me acuso de soledad y de ella no culpo a nadie.

Ya no busco… que las marejadas formen el perfil de las rocas y el viento el perfil de los cipreses… no me alimento de tu pescado ni veo la soledad en tu TV bailando el tecno en aquellas azoteas con vista a tu soledad mientras bebo el té con el que te sientes y el que te hace tan especial. Me rindo como un cobarde mientras bebo este vino a la salud de los HUGOS, los MAURICIO, los GRILLO y todas las polillas. Y vaya que les amé..

THE END

"No acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo"

se acabó este blog.

THE END

lunes, 16 de junio de 2008

tengo frio

Tanto silencio en esta soledad, las ilusiones se hicieron a la mar, un extraño frío trae el perfume del dolor, en alguna parte un sueño descansa en un rincón.

Y cada vez que siento tanto frío pienso en que algún día deberías de llegar; los abrazos amplios, la sonrisa florecida, las miradas conquistando, la ropa interior lanzada por ahí y en este invierno inventándonos un sol. Y nuevamente la calle es tan amplia, los peatones caminan en otra dirección. De noche camino en medio de la neblina que disipa el corazón, y pienso en ti que aún no te atreves a llegar, o ¿seré yo el que no me atrevo a acercar?

Tarde o temprano la primavera a mi cuerpo llegará, las caricias donde nadie acarició, tu lengua en mi frente mi olfato en tus secretos, los dedos atados al corazón… y pasa que estas noches no sé sí reír o llorar, todo parece tan lejano, tan difícil y sin empezar. Y de pie en el horizonte cierro los ojos e imagino tu sonrisa que me hace temblar y tiembla el mundo que no entiendo al final y deseo ese beso

Ese beso de la vida

La sutil melancolía

El momento cuando respiras

Los espacios que miras

Y las gotas de lluvia en mis ojos diluvian


Y otra vez en mi cama, tan ancha y tan escarcha te espero por los medios de comunicación aparecer, y cuando llegas siempre pareces no llegar, no estar dispuesto para charlar…

Y siento aún más frío

Algún día deberías de llegar. La mañana que se viene es una vieja sensación que refleja los espejos del tiempo, y el niño acurrucado solitario, entumido en su rincón es el chico soñando el amor… no es mucho lo que tengo para darte, mira… y no sé sí detenerme o llorar… y es que tengo tanto frío que no sé si es miedo o me sangra alguna herida, la idea es que vengas a mi.

Congelándome a media noche

martes, 10 de junio de 2008

hospital

El hospital es pequeño y carece de todo aquello que carecen los hospitales de provincia. Y, sin embargo, le sobra todo lo que no tienen los hospitales de Santiago, La Humanidad.

Al llegar descubrí que la realidad era mayor a la que imagine mientras conducía de noche y de un único tiro de Santiago a Coquimbo. Ni en mis pensamientos más atroces imaginé que se trataba de riesgo vital para Angella y compromisos muy serios para Tomás. Por fortuna no hubo un tercero involucrado en el accidente.

La última vez que ví a Angella –así como al resto de la comuna- fue para el último año nuevo gregoriano al que asistió toda mi comuna a festejarlo con mi familia y transformando todo en un colorido y amoroso carnaval que duró dos semanas con todas sus horas, soles y estrellas. Entonces recuerdo aquella tarde veraniega que pasamos juntos caminando por los cerros que rodean mi ruka-loft. Yo me había rapado la cabeza y la salvaje y siempre libertaria cabellera de Angella llegaba a mi cara con el viento de la tarde…. Ahora su cabellera esta atada en un moño –jamás la vi así- y su rostro pálido mientras por las narices y boca le entran tubos y agujas pinchan sus brazos introduciéndoles líquidos de esperanzas. Milagrosamente sus huesos salieron intactos, salvo uno que otro hematoma y algunos rasguños.

Es su mente la que ha caído en un profundo sueño del cual no se sabe cuando despertará.

En el caso de Tomás es al contrario… su cuerpo físico es el que sufrió todos los impactos… los médicos dicen que con esfuerzo, paciencia y ayuda sus huesos volverán a soldar, sus músculos a resistir movimientos y sus tendones a generar movimientos. Tomás era quien venía conduciendo y ha relatado tanto a carabineros como a médicos y a quien le pregunte los detalles del accidente. Así la cosa, él y Angella venían de regreso de haber comprado verduras y otras cosas desde Vicuña. Ella traía en sus brazos una bolsa repleta de mandarinas que tenían la cabina de la camioneta perfumada. De pronto la frutas se escaparon de la bolsa y cayeron por todos lados, llenado todos los espacios y algunas ubicándose bajo los pedales de conducción. Así fue como Tomás, al acercarse a una curva no pudo disminuir la velocidad, el camino se acabó y nació la quebrada por la cual cayeron.

Aún con los huesos hecho trizas, fue él quien se acerco a Angela, tomó su pulso, la beso, la sacó de la camioneta procurando no agitarla, la acomodo intentando mantenerla recta y subió la quebrada en un tramo que Pablo calcula 60 metros. Así pidió ayuda al primer vehículo que encontró y volvió a bajar para acompañar a Angella mientras llegaba ayuda. Ayudo a los bomberos, les dio indicaciones de cómo avisar al resto y una vez que Angella era subida en camilla se oyó un grito desgarrador. Fue un ser anónimo, de esos que siempre llegan en esos momentos, quién afirmó en su desmayo a Tomás para evitar que su cabeza diera contra las piedras. Luego se supo de sus costillas trizadas, una muñeca quebrada, la tibia… la rodilla, la pelvis,,, etc

viernes, 6 de junio de 2008

miedo

Fue de madrugada. Me despertó el teléfono y me costó trabajo incorporarme a la noche fría. Para cuando tomó el aparato la llamada había cesado. Un número figuraba como llamada perdida. Los últimos tres dígitos me dieron el dato. El número de teléfono correspondía al de Muchi.

A Angella la conocí cuando ambos éramos niños y nuestros padres se hicieron amigos. Entonces ella llegaba con el pelo anudado en dos tomates sobre sus orejas, la mirada perdida y el cuerpo empujado por su timidez tras la figura de la madre. A diferencia de mis hermanos, su voz nasal me resultó graciosa. Así la vida avanzó y después nos encontramos en la universidad, estudiábamos ambos en Gómez Milla y más de una vez compartimos carretes. Luego no supe de ella hasta que su madre contó que se había ido a vivir a USA y dos años más tardes, cuando yo salía de la U, apareció una buena noche en mi MSN para contarme que estaba de vuelta en Santiago y vivía con una gringa en una casona increíble del centro. Dos días más tarde nos juntamos a un vinito, una semana después conocí a la gringa y antes que terminara ese mes me contaron que eran pareja.

Regresarían a USA y no volvería a saber de ella hasta aquella tarde de noviembre en que apareció junto a sus padres en el cumpleaños de mi mamá. Pero esta vez venía con una mujer que a primera vista me pareció increíble, alta, una melena rubia salvaje, ojos azules cielo de Quito y una serenidad que llenaba todos los espacios. Se trataba de Muchi, la nueva compañera de Angella y con quién vivían en una casa de barro del Valle del Elqui. Aquella tarde nos bebimos varias botellas de tinto y blanco también. Yo impresionado con la vida que me relataban.

Conociendo a Muchi supe que algo muy extraordinario ocurría como para llamar a alguien a esas horas de la madrugada. Entonces salté de la cama dispuesto a vestirme suponiendo que acababa de llegar a Santiago. Pasaron mil cosas frente a mis ojos, todas felices hasta que oí un… “Tatatí” –el apodo por el cual me llaman en mi familia y los amigos más íntimos-. El tono de su voz me paralizó. De pronto todo se detuvo y amenazaba con no revivir. Sentí miedo, un profundo miedo y una electricidad recorrió mi cuerpo por debajo de mi piel. Me pidió que llamara a Pablo mejor y solo ante mi insistencia de saber que sucedía murmuro antes de soltar un llanto desgarrador… “Angella y Tomás…” No pudo seguir charlando y cortó.

Tres meses más tarde de haberla conocido me fui por dos semanas al Valle del Elqui con unas escuetas indicaciones de cómo llegar escritas en una servilleta. Para ese entonces las chicas estaban viviendo con Tomás, un chico francés que después de meses de mochilear por la columna andina del continente se acurrucó en el nido de Muchi y Angella. Entonces vivimos dos semanas los cuatro juntos sin prever que éramos el origen de lo que con el pasar de los meses y los años sería esta comunidad que tanto amo y que habitamos 10 personas.

Entonces llamó a Pablo apenas recuperado el aliento y es el quien me cuenta lo sucedido.

De regreso de Vicuña, ya de noche, Angella y Matías desbarrancaron a la altura de Tres Cruces y ambos se encuentran graves en el hospital de Coquimbo.

He llorado todo el día mientras coordino mis actividades con el fin de irme, en dos horas más… durante el día, y siempre por teléfono me he ido enterando de la atrocidad del accidente.

Se me cae una piedra desde el corazón.

jueves, 5 de junio de 2008

noche


Las noches vienen como volantines oscuros. Allá en la noche trazan el espacio con su oscuridad mágica y surcan el viento nocturno en acrobacias perfectas que, de momento, parecen eternas. Y hay noches que vienen como tremendos pájaros de inmensas alas que emigran de un mundo lejano y se alimentan de las estrellas, nuevas y fugaces, los luceros y las lunas.

A lo lejos un perro ladra y en un callejón profundo un amante llora desolado. En ese rincón un niño encuclilla teme crecer y por mis poros el hombre quiere nacer, crecer y agigantarse. Y entonces la cama se me hace un tremendo océano sin ser surcado, un inmenso océano cubierto por una sábana desolada y espumosa y yo el navío sin capitán encallado entre cabos de sueños y esperas densas como las alas de estas noches invernarles.

Es la noche el horizonte definitivo donde me siento y mezo mis piernas como un niño en un columpio. Y es en las noches donde el hombre exige elevarse como un faro único y preciso, eterno y definitivo.

Entonces podría hacerme el digno y manejar hasta ese punto de la ciudad donde te puedes encontrar, extender mi mano como en una ofrenda y mirándote a los ojos desear que me correspondas extendiendo tu mano para agarrarme y no dejarme ir.

sábado, 31 de mayo de 2008

intimo... no leer

Después de un intenso día de reuniones espesas en Santiago

“Hoy regreso cansado no sé bien de que sitio”, la casa se iza horizontal en esta montaña de Pirque y el otoño germina la soledad. ¿Será que el frío le hace bien a la soledad? La escarcha no permite encontrar lo que esconde. Regreso cansado y solo y todo me parece algo distinto, no me acostumbro a caminar por las veredas de la ciudad, ese modo de andar caminando sin avanzar en la vida suele poner a los demás algo histéricos y a mi tan triste.

Que salga el sol en esta noche fría, que el frío emigre como un pájaro llamando tu nombre.



Una mañana de asear mi casa

¿Dónde guardo los besos que no florecen en mi boca? ¿Dónde guardo los sueños que no puedo contar? ¿Dónde guardo este aroma, este amor? ¿Y la loca carrera por vivir? ¿Dónde guardo la sexualidad que rebalsa mi cuerpo? ¿Dónde guardo tantos sueños que no dejaron de soñar? ¿Dónde guardo el poema escrito en la portada de un libro, la espera espesa de ver el camino por sí tu llegas? ¿Dónde guardo tanta masturbación de consuelo? ¿Dónde guardo el amor, la espera, la esperanza? ¿Dónde guardo esta distancia? ¿Dónde guardo estos días, estas semanas, estos meses, estos años?





Después de una pésima cita

Dicen que ando por ahí desafiando el porvenir y que de eso no tengo derecho, que soy una ilusión, que remato mis afectos en la subasta sin destino.
Dicen que loco estoy, que los sueños no se sueñan en la realidad y que, sin embargo, rompo la ilusión, que vivo a la mitad, que el paradigma traicioné.
Dicen que soy de lo mejor cuando les gana el deseo, dicen y dicen, tanto dicen y algunos me maldicen.
Dicen que me lo robe y no soben que el sueño fue siempre mío. Otros en su obsesión subastan mi hombría. Dicen que más temprano que tarde pagaré con llanto todo lo silenciado




Recordándolo

Hoy llegó tu imagen y no tengo escusas ni perdones para no sentirte a ti, para escribirte un mal verso de esos que te enternecían y descolgarte desde un ayer y acunarte en mi pecho para que no tengas frío. A mi no me importa que digan que esta pasado de moda hablar de amor, y es que nadie conoces tus brazos como los conozco yo. Se detienen las horas y los días descansan conmigo, cuando a mi mente llegas tu. Te veo correr por las laderas del Valle del Elqui, bajar estrellas por las noches y abrazar al río cada despertada. Tus cabellos acariciados por el viento de la tarde, el mismo soplo que mecer a las cañas y estás se quejan vanidosas.




Triste

Porque en el mundo todo se tranza de ayer a mañana, porque giro en la casa y desespero antes que amanezca todo menos tu cuerpo. Porque no hay un todo si tú no te anima a llegar, porque las calles de la ciudad son unos laberintos donde nadie se encuentra y los bares un recodo… otro modo de olvido, ni tu voz adivino. ¿Qué me espera mañana sí despierto prendido, con el hielo en mis manos y mis ganas contigo? Doy a la montaña para escalar lo sentido y abro las ventanas para darme la paz, para verte llegar cuando te animes a venir.

Porque a veces divago escribiendo tu nombre y como aun no tienes nombre escribo el sentimiento “Horizonte” y por apellido te bautizo “Florido” y viajo despacio de los sueños a los días como buscando las señalizaciones que me lleven contigo.

Y en la no llegada todo pierde su luz, se descompone y me arrojo en la cama con zapatos.




Frente al espejo

¿Quién soy, después de amar a dónde voy?

¿En donde me perdí?

¿Qué desamor me aleja de nuevo?




A Camilo… que no podía ser

Sí alguna ves te dije que mecer mis hojas no era fácil y tu lo hiciste con las ganas bien segura de alzar lo propio ¿Cómo pudiste cambiar así? Cuando desperté de tantos versos me entregaste el sí con cuerpo y alma y no dilatamos en ver que vendría, ya todo era más allá de lo prescrito conocerse en sí y que bien poco te conocí a ti.

Como fuese ni me acuerdo ni quiero recordarlo, pero el sol me dio a media cara confirmándome el olvido sin buscar tu nombre y a llorar contigo. Aun que hayan reencuentros más puede que pueda, si, todo puede y no ser.





Amigo

No me pidas ser tu amigo porque hay cosas en mi que este día no entiendo, por ejemplo que no puedo ser ese alguien que piensa en la comprensión y estar solo te daría tranquilidad si a la vez tu me comprendieras esta tarde en que lloras cuando me quiero marchar. Un amigo te diría que todo va bien mientras se muerde los labios quedándose detrás.



Regreso a casa

Esta noche vuelvo a casa como antes también volví, y al andar mis remembranzas van volando tras unos pasos.

Esta noche vuelvo a casa y dejo atrás otra distancia y pienso en las que llegarán cuando acabe de entender que esta noche nadie vendrá.

Esta noche vuelvo a casa, la luna muestra el color que mostraba mis esperanzas cuando más brillaba el sol.

Esta noche vuelvo a casa, esta noche y otras más, pero cuando veo que vuelvo no quisiera regresar. Se avecinan horas difíciles, yo sé bien que han de llegar, cuando a media noche mi alma salga a la terraza a llorar.



Témeme
Hoy que llevo en la boca el sabor a vencido procura tener a la mano a un amigo que cuide tu frente y tu voz y que cuide de ti, para ti y tus vestidos y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano a tu amigo.

La importancia de verte y morderte los labios de preocupación es hoy tan necesaria como verte siempre,como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación. Porque sabes, y si no lo sabes, no importa, yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios esos labios rojos y afilados y estos puños que tiemblan de rabia cuando estas contento, que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.

Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tucuarto se tenga cerrada porque no vaya a ser yo el viento de la noche y te mida y recorra la piel con mi aliento y hasta te acaricie y te deje dormir y me meta en tu pecho y me vuelva a salir y respires de mí...

O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos y todo por no hacerme un poco de caso, ten miedo de otoño y ten miedo de mí, porque no vaya a ser que cansado de verte me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas y te bese los pies y te llame mi dios y no pueda mirarte de frente y te diga llorando después: por favor tenme miedo, tiembla mucho de miedo campeón, porque no puede ser...


Cartas

Siento de nuevo el vacío y me colma hasta el delirio... síntomas que dan al recordar, la vida pasa tan aprisa, tan liviana como brisa que aveces me vuelvo y ya no estás.

Volver a leer tus cartas como la ventana donde te podía mirar, volver a ver tu cara en la foto que me diste con tu firma y la advertencia 'no olvidar'.

El tiempo pasa y el destino de ver tu nombre junto al mío sólo escritos en papel y nada más.

Distancias, tiempos, lejanías, promesas, letras tuyas, mías que hoy se abren y te vuelvo a recordar.

Mirar mi piel con ganas de tu beso, tu caricia y tu piel muy encendido para amar. Volví a sentir tu espalda en mi frente que ya empieza a despertar.

Mis manos llevan el producto del trabajo por el gusto de la pobreza derribar, ahora tu luz la tengo cercaimpresa en cartas con estrellas. Luz que el tiempo se ha cuidado de borrar.

Voy respirando olvido y tus manos buscan nido en otra faz, en otro cuerpo moribundo de tus encantos y a mi mundo le hace falta la paz de tu mirar. Ya no son días, si no años o hace siglos que me engaño, no sé quien de los dos quedó detrás.

Solo se que habla de ti lo que esta noche escribí.

Mirando tus cartas reviví que tomado de tu mano, bajo la lluvia y llorando abrazando un día de Julio... fui feliz.

viernes, 2 de mayo de 2008

no me mataste


Yo solo quería acercarme un poco. Así, lentamente como los corales forman islas. Sin desesperos maritales ni urgencias en los genitales. Con todo el recorrido que he hecho hasta aquí. Con mis silencios, mi pera partida, la soledad reinante en esta ciudad tan poco ciudadana.
No ha sido del todo mi opción vivir en Santiago, trabajar en la ciudad, caminar por sus veredas, conducir en sus calles estancadas de insultos e impaciencias, beber sus café y sus comidas y sus plazas y sus parques todo en modelo exprés. Pero sí podía ser mi opción el como caminar o adonde hacerlo entre todas sus calles.


No soy uno de todos esos que caminan top por los pobres boulevard de los mall, castillos únicos en este reino capital de consumo. No creo que ese sea un reino, los reinos no están más allá de nuestra piel. No tengo una caja fuerte donde guardar los secretos, mi casa es una casa llena de ventanas y siempre están abiertas de par en par, siempre a mi casa hay alguien o algo por llegar… tanto que amar, tanto de que aprender, tanto que destapar.


Cada amanecer amanece algo nuevo y en el amanecer siempre me sorprendo de todo lo que se ha de aprender. Por eso quise acercarme al mundo y tener alguien junto a quien aprender… rehacer juntos desde el principio hasta el final y ahí juntos abrir el cielo y bautizar una estrella con el nombre de felicidad.


Era preciso dejar el calor de mi guarida y acercarme al frio social. Era un riesgo que sentí poder sortear, y recordar como somos los hombres hijos y padres una vez, tener deseos de parar el tiempo como en una vieja tarjeta postal para verla más tarde y descubrir como hacer aquello que no pudo ser. Y así, en silencio de añañucas, en canto de estrellas fugaces, en el fuego del volcán vivo en mis testículos, en mis poros geiser de vapor de amar, en las ventanas abiertas de mi casa cordillerana sentir la existencia entrar y reinar y rehacer todo aquello que alguna vez no se supo realizar.


Por ello quise acercarme al mundo y bajé a las luces de la ciudad con la fe ardiendo de encontrarte y rehacer juntos desde el principio hasta el final la historia del hombre que no se ha historiado, hallar juntos el grial de nuestras no mentes.


Y declaré que son demasiados los que han intentado distraerme de mis intenciones sin siquiera dar un paso para conocerme. Y es que es fácil desde la otra vereda lanzar piedras contras las vidrieras que parecen desconocidas.


Y ese -hijo de una madre que no merece ser llamada Puta pero que lo parió sin culpa- estrujó mis intenciones con acentos desmedidos y en una espuma de quiltro con espuma en el hocico subió la intimidad que le regalé solo a él a una web de comercio sexual. Y yo, pajarón de olimpiadas, le había creído en medio de la ciudad. Y es necesario que comprendas que mañana te busque a ti bajo las piedras, tras los árboles, en los ascensores y en los andenes del metro… por favor, no te detengas, no dudes nunca, mírame llorar que es mejor llorar de verdad que amar de mentiritas. Es mejor ser campesino que esclavo en una ciudad.


Y no me has matado y heme aquí sin renunciar a mis sueños… como dijo Manu con aromas a naranjas, desgraciados los hay en todos lados. No te cedo el triunfo ni la bronca, no te cedo el que me hayas hecho llorar como lloran los buscadores. Te regalo mi victoria sobre ti, heme aquí cantando un canto que no es para ti…


“Quiero dejar todas las palomas en el cedro de tu alma y todo el beso en tu piel, que dejes de mirarme burlón, sé que estoy dando poco y mucho te pediré. Se la nube sola en mis mañanas, que seré tu casa y serás sombra en mi mitad. Y sí ves que mi casa se quema llueve tu llorosa pena y la casa nueva se hará. Y te prometo que no me iré cada mañana tras una meta que alcanzar, quiero ser solo el dueño de tus miradas, pero es preciso que me enseñes a mirar.
Hazte sol cercano en mis inviernos, hazte en el recuerdo un leño y quémate en mi interior, no quiero tener más noches frías ni poder tan sólo en sueños despertarme junto a ti.”

jueves, 1 de mayo de 2008

domingo, 20 de abril de 2008

fin de semanas en tunquén

De viernes en la noche a sábado en la mañana

Hoy he despertado un poco antes que el sol. Creo que fue una noche hirviendo de sueños de todos los tipos que inquietaron mi cuerpo, la mente y el alma y me despertaron de un salto. Sin embargo, no los recuerdo. Sólo una sensación me conectan con ellos…

Anoche fue una noche fresca. Desde la terraza la luz de luna llena iluminaba la playa de Tunquén, algunos roqueríos que la franquean y el horizonte sombrío que se hilvanaba como una cicatriz allá lejos. El día viernes en la tarde, al salir de la última reunión de la semana, decidí venirme después de un profundo y doloroso instante en el cual no se sabe que hacer y todo lo que se puede hacer causa dolor se izaba como un único panorama. Tunquén fue entonces, como lo ha sido en muchas ocasiones, un lugar de reclusión, la oportunidad de volver a mí cuando me he abandonado un poquito y la ocasión de victimizarme se me arrima con encantos de duendes.

En la noche del viernes había una sombra perversa que se paseaba a mí alrededor, la sombra de la mala suerte que parece ser amiga de la muerte. No sabía donde mirar y donde mirara me parecía un abismo por el cual temía caer. No bastaba retroceder a episodios más felices ni volar como un gorrión al Valle del Elqui para salvarme de lo que sentía y vivía. No me quedó más que acurrucarme en mi mismo y llorar la letanía de los pasos mal circulados con un diluvio en cada ojo y la mirada atravesada por un arpón. Nadando en un charco salado de lágrimas me desperté a punto de morir ahogado.

Y corrí por la fría playa de un extremo a otro espantando las gaviotas de mi mente, saltando las olas y escarpando dunas a esa hora en que los visitantes comienzan a despertar y poblar la arena con sus perritos cursis que me ladraban y me perseguían durante unos metros. Cuando pasé por segunda vez delante de aquella actriz, la anterior también me miró, alcé mi mano para saludarla. Ella se quito el sombrero y lo agitó al viento, yo le regalé una sonrisa y le lancé un beso. Ella sonrío mientras el viento despeinaba su cabellera de aquellas y el pañuelo le cubrió por un instante la cara. Podía sentir mis piernas firmes y con fuerzas para poder seguir corriendo, el estomago apretado amenazando con un vómito y una puntada en el pecho que interrumpía mi respiración. Corrí como huyendo de mis días anteriores, arrancando de la pésima táctica empleada, sollozando la ciudad… de alguna forma necesitaba castigarme por todo ello y el estomago escupió un puñado de saliva al instante que el pecho agudizo la lanza y un calambre detuvo mi pierna izquierda. Caí de bruces sobre la arena que extrañamente no estaba húmeda y lloré tragándome los mocos hasta que pierna, pecho y guata cesaron en su dolor y la armonía apaciguada volvió a mis pulmones.

Al levantarme el sol parecía estar decidido a quemar, la arena se había pegado en mi frente. Caminé rumbo a casa zigzagueando olas, los cursis perritos me vieron pasar sin ladrarme y mucho menos seguirme. Cuando debía abandonar la orilla para atravesar las dunas y alcanzar el camino a casa, la actriz que hasta poco leía unas hojas sueltas se quita los lentes, abre sus increíbles ojos y me sonríe. En cualquier otro escenario hubiese mirado a mí alrededor y atrás para asegurarme que no fuese a otro a quien ella saludaba. Pero en ese instante sabía que era a mí. Para cuando dobló las hojas que había leído y las acomodó dentro de un bolso verde con una viva margarita pintada a mano, como si aquello fuese una invitación, me detuve, la saludé y me senté a su lado.

jueves, 20 de marzo de 2008

en caída libre y sin paracaídas

Paso las manos por mi cabeza como restregándome los recuerdos en resignación… respiro rápido en inhalaciones y exhalaciones breves como aleteos de un picaflor. Aprieto los ojos con la presión de los párpados de alguien que no quiere ver. Detengo la respiración en un silencio de peces de arrecifes. Abro los ojos y me pongo de pie. No hay vuelta atrás y hacia delante no hay camino… es el abismo.

Me dispongo a saltar sin paracaídas. Mamá dice que eso es maduración. Papá desde su cama opina que es traición a mi mismo.

Asumo que estoy en Santiago por un tiempo indefinido y en esa indefinición de algo que no existe debo intentar ser feliz en un crecimiento íntimo constante como un horizonte.

Siempre he opinado que quienes han optado por ser feliz y amar en medio de una ciudad son seres VALIENTES. Hay que serlo para amar siempre pero amar en una ciudad se requiere una cuota de valentía que sospecho no tener. Y aquí estoy. Yendo a providencia a diario, a una oficina en una casa vieja con jardín y patio. Sé que no estoy tan mal como los cajeros de los bancos o los funcionarios de las notarias. Trabajo media jornada… ni por toda la plata del mundo estoy dispuesto a renunciar a tener una vida y pasarme el día trabajando. En eso no me pierdo. Conduzco 42 kilómetros de venida y otros tantos de ida. Mantengo un puñado de monedas a la mano por sí la fortuna me sorprende en un semáforo con unos acróbatas o mimos. Conduzco con música tan fuerte como pueda. Intento distintos caminos esperando dar con el ideal… ese que tenga menos conductores suicidas. Por suerte en el ejercicio de mi profesión no requiero las formalidades del sistema… nada de ropa formal, mucho menos corbatas, perfumes etc.

Me preparo para el salto. El paracaídas lo lancé primero. Estoy al filo del abismo.

Y salto al abismo de conocer a alguien con quien crear un compañerismo. No creo en “la pareja” como se entiende en este sistema. Mucho menos como lo codifica el mundo homosexual. Quisiera conocer alguien a un ser que me resulte interesante, guapo, excitante y admirable. Siempre he sentido el placer de admirar a quien comparte en algún sentido mi vida. En el Valle del Elqui, con una población de 4.000 habitantes en cientos de kilómetros cuadrados, se entiende estar solo. Pero, definitivamente, ya no quiero seguir caminando solitario por las avenidas de esta hostil ciudad.

Sé que mucho pediré y de igual forma sé que todo lo daré. Sólo espero que no me huevéen la vida. Nada de celos, exigencias, mentiras, pedir exclusividades. ¿Quién puede ser exclusivo de quien?. Poner pruebitas para comprobar el cariño, el amor, la capacidad de dar o entregarse. Que nadie se convierta en mi mochila, yo no soy mochila de nadie. Yo necesito de silencio para amar, todo ruido me espanta.

Difícil será encontrar a alguien pero hoy estoy más dispuesto a que ello pase, sé que merezco amar y ser amado, descubrirme un hombre capaz de amar y, sobre todo, capaz de ser amado.

Siento que termino una etapa y comienzo otra y que este blog me ha contenido ya todo lo que pudo contenerme. Acá se termina. Sé que luego abriré otro que contenga todas las letras que me desahogan.

Mientras tanto salto en caída libre y sin paracaídas sabiendo que allá abajo no existe una red o un colchón que amortigüen la caída.