miércoles, 22 de octubre de 2008

vegetal

Desperté a la hora en que suele despertar el sol en primavera, así, solito, exita´o en esta cama tan desolada y me vestí lento después de estirarme como trapecista en la cuerda floja. No tenía prisa para responder los mensajes de la gravadora ni esos e-mailes que dejé pendiente anteayer. No deseaba desayunar ni con pepedés ni testigos de jehová ni a media mañana tomarme un cafecito con el muchacho aquel.

Y paso un rato y dos ratos y otros más. Ya no necesitaba explorar mi aparato genital, la urgencia matutina dio paso el letargo habitual y la erección se quedó dormida. Dejé de estar preocupado por la elección municipal y entre desayunar una vitamina o beber un mate sin azúcar y fumar de la hierba no me perdí y elegí la naturaleza del amor y de la paz, que amor estando solo es una cosa y extraña y por suerte conmigo mismo no peleo batallas.

Así, con la mente suave como una noche del Valle del Elqui, así voladito, calentito y transportado advertí extasiado, admirado, la vida sencilla de una mata con flores que floreció ahí sin haber sido sembrada ni menos almacigada ni plantada al lado de mi puerta.

Escuche la suave canción de las plantas que sólo necesitan sol y agua. Me quité las zapatillas y con las patas en la tierra perdí mi esencia animal y quise ser un vegetal.

Vegetal para todos los demás.

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