El hospital es pequeño y carece de todo aquello que carecen los hospitales de provincia. Y, sin embargo, le sobra todo lo que no tienen los hospitales de Santiago, La Humanidad.
Al llegar descubrí que la realidad era mayor a la que imagine mientras conducía de noche y de un único tiro de Santiago a Coquimbo. Ni en mis pensamientos más atroces imaginé que se trataba de riesgo vital para Angella y compromisos muy serios para Tomás. Por fortuna no hubo un tercero involucrado en el accidente.
La última vez que ví a Angella –así como al resto de la comuna- fue para el último año nuevo gregoriano al que asistió toda mi comuna a festejarlo con mi familia y transformando todo en un colorido y amoroso carnaval que duró dos semanas con todas sus horas, soles y estrellas. Entonces recuerdo aquella tarde veraniega que pasamos juntos caminando por los cerros que rodean mi ruka-loft. Yo me había rapado la cabeza y la salvaje y siempre libertaria cabellera de Angella llegaba a mi cara con el viento de la tarde…. Ahora su cabellera esta atada en un moño –jamás la vi así- y su rostro pálido mientras por las narices y boca le entran tubos y agujas pinchan sus brazos introduciéndoles líquidos de esperanzas. Milagrosamente sus huesos salieron intactos, salvo uno que otro hematoma y algunos rasguños.
Es su mente la que ha caído en un profundo sueño del cual no se sabe cuando despertará.
En el caso de Tomás es al contrario… su cuerpo físico es el que sufrió todos los impactos… los médicos dicen que con esfuerzo, paciencia y ayuda sus huesos volverán a soldar, sus músculos a resistir movimientos y sus tendones a generar movimientos. Tomás era quien venía conduciendo y ha relatado tanto a carabineros como a médicos y a quien le pregunte los detalles del accidente. Así la cosa, él y Angella venían de regreso de haber comprado verduras y otras cosas desde Vicuña. Ella traía en sus brazos una bolsa repleta de mandarinas que tenían la cabina de la camioneta perfumada. De pronto la frutas se escaparon de la bolsa y cayeron por todos lados, llenado todos los espacios y algunas ubicándose bajo los pedales de conducción. Así fue como Tomás, al acercarse a una curva no pudo disminuir la velocidad, el camino se acabó y nació la quebrada por la cual cayeron.
Aún con los huesos hecho trizas, fue él quien se acerco a Angela, tomó su pulso, la beso, la sacó de la camioneta procurando no agitarla, la acomodo intentando mantenerla recta y subió la quebrada en un tramo que Pablo calcula 60 metros. Así pidió ayuda al primer vehículo que encontró y volvió a bajar para acompañar a Angella mientras llegaba ayuda. Ayudo a los bomberos, les dio indicaciones de cómo avisar al resto y una vez que Angella era subida en camilla se oyó un grito desgarrador. Fue un ser anónimo, de esos que siempre llegan en esos momentos, quién afirmó en su desmayo a Tomás para evitar que su cabeza diera contra las piedras. Luego se supo de sus costillas trizadas, una muñeca quebrada, la tibia… la rodilla, la pelvis,,, etc
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