jueves, 5 de junio de 2008

noche


Las noches vienen como volantines oscuros. Allá en la noche trazan el espacio con su oscuridad mágica y surcan el viento nocturno en acrobacias perfectas que, de momento, parecen eternas. Y hay noches que vienen como tremendos pájaros de inmensas alas que emigran de un mundo lejano y se alimentan de las estrellas, nuevas y fugaces, los luceros y las lunas.

A lo lejos un perro ladra y en un callejón profundo un amante llora desolado. En ese rincón un niño encuclilla teme crecer y por mis poros el hombre quiere nacer, crecer y agigantarse. Y entonces la cama se me hace un tremendo océano sin ser surcado, un inmenso océano cubierto por una sábana desolada y espumosa y yo el navío sin capitán encallado entre cabos de sueños y esperas densas como las alas de estas noches invernarles.

Es la noche el horizonte definitivo donde me siento y mezo mis piernas como un niño en un columpio. Y es en las noches donde el hombre exige elevarse como un faro único y preciso, eterno y definitivo.

Entonces podría hacerme el digno y manejar hasta ese punto de la ciudad donde te puedes encontrar, extender mi mano como en una ofrenda y mirándote a los ojos desear que me correspondas extendiendo tu mano para agarrarme y no dejarme ir.

1 comentario:

Nacho Cl.ear dijo...

Eres valle y eres muerte. Soy noche y no se que soy...