
Aún no se apaciguaban los pájaros en mi cabeza, que habían revoloteado incansablemente durante semanas, cuando llegó de grandes zancadas mi cumpleaños. Y yo ahí de pie, despierto, desnudo en una mañana lloviznoza de esta extraña primavera, sin nada planeado para lo que supuse debía ser un festejo muy simbólico.
Mi primer diez años lo viví como todo niño criado en una familia numerosa que habita el sereno y generoso paisaje cordillerano de una parcela en Pirque, franqueada por quebradas, un río y la montaña, donde jugué en casas de árbol a poto pela´o sin ninguna otra urgencia que estar con mis hermanos.
Mi segundo diez años fueron de bajar de los árboles y descubrir que más allá del Maipo existía toda una ciudad con un sin fin de callejones oscuros y excitantes. Fue la época de enamoramiento cándido y ese primer amor que me salvó de vivir una vida ordinaria, de adherir al partido y militar, descubrir el vegetarianismo y la cannabis.
Mi tercer diez años fueron de exploración profunda… del nacimiento de mi hija, del amor de pareja profundo y comprometido, la sexualidad florecida en la piel, el descubrimiento de otra forma de vivir la vida, la emigración al Valle del Elqui, la conquista de la soledad de pareja, la sexualidad dormida, el descubrimiento de dios en la forma de la Existencia, la vida en “comuna”, el sosiego, la enfermedad de papá que me trae de regreso a Pirque.
¿Cómo quiero que sean mi cuarto diez años? Y para ello había barajado múltiples posibilidades tales como irme a acampar con Dan –sí es que podía convencerlo de tal cosa- y celebrarlo juntos o irme al Valle del Elqui, o acampar solito –Radal era el sitio escogido-, en Tunquén, salir con mis hermanos y los amigos de siempre (benditos sean) a carretéarnos Santiago…
Los descartes llegaron por si solos…
- Mis padres no me perdonarían un cumpleaños lejos de casa y la familia
- Con mi hija haríamos una teleconferencia el sábado en la mañana
- Dan…
Dan… durante las últimas dos semanas se había encargado de mostrarme la cara más ambigua de la existencia y en tal maremoto me acerqué al filo de un precipicio que de haber saltado… Su juego de inseguridades, el pasarme la cuenta por no sé que cosa, el querer despertar en mí emociones de culpa de supuestos hechos que sólo se podían basar en su imaginación.. Con una relación tan de ir y venir, con sus terminar cada dos semanas y a los tres días una dulce y extendida reconciliación posible de hacernos volar a prados románticos de una exquisita elegancia… y ese clima se mantenía unos días hasta que… OH Dios… sus diablos internos florecían con una violencia desmesurada.
El jueves pasado fue clave y decidor… había acordado juntarme con un chico guapo, excitante y, al parecer, ya maduro y sosegado a “Pisar como los Dioses”, ambos tenemos claro que entre nosotros el vivir lindo sexo es lo único posible que se puede dar y dispuestos estábamos a hacerlo. A él no le complicaba el hecho de que yo estaba en una relación… que para tal día estaba yo soltero al haberme dado Dan la quinta pata en el culo. Las cosas salieron distintas… este chico jamás me llamó el día jueves (ni después tampoco), excitado como gato en celos di vueltas por la ciudad en busca de… a las tres de la madrugada del viernes regresaba a Pirque sabiendo que él hecho de haber tenido sexo casual con un guapo chico imposibilitaba cualquier posibilidad de regresar con Dan… sólo me clavaba la espinita que el chico con quien acordé juntarnos esa noche no me llamó nunca…
El viernes, por insistencia de Dan nos reunimos a almorzar, momento en el cual me hace entrega de una pequeña cajita como regalo de cumpleaños. En su interior en una base de plata un cuadrado de lapislázuli y en el centro, también en plata, el signo del Infinito… fue difícil rechazarlo sin dejar de herirle en alguna forma… esa vez y por primera vez era yo el que declaraba que tal relación estaba concluida. Fuimos a su depto porque así podíamos hablar tranquilos y de paso yo retiraba algunas cosas que tenía ahí (maquina de afeitar, ropa interior, camisa y unos cuantos apuntes de mi trabajo y estudios). Bien sabía que no podía retirarme sin antes dar respuesta a cada una de las preguntas que le surgieran y esperaba que no fuese insistente… y lo fue, y le conté que había acordado tener sexo con un chico con quien me comunico de hace tiempo, quien en un momento me gustó más allá de la excitación y me había llegado a interesar genuinamente, pero que este hombre finalmente no me llamó quizá porque razón… y que caliente me di vueltas por la ciudad, que había notado sus llamadas y que no quise responder y que finalmente en un bar de Vitacura cruce miradas con alguien y nos fuimos juntos a su departamento. Sólo por sus insistentes preguntas confesé haber tenido sexo y que, además, el muchacho me había gustado. Que en ese momento no podía saber sí lo llamaría o no, pero de que me había gustado… me gustó.
Contra todo pronostico Dan guardó serenidad. En un momento miró el techo, mis ojos y luego el piso… “yo te empujé a eso”. Le aclaré que no y le pedí que no se hiciera el culpable de algo en lo cual no existe culpabilidad sino que mi voluntad nada más. Nos despedimos con un abrazo suave… me pidió un beso de despedida… besé su frente, y me retiré sin permitir que me dejará en el jeep ni yo miré atrás.
Mi primer diez años lo viví como todo niño criado en una familia numerosa que habita el sereno y generoso paisaje cordillerano de una parcela en Pirque, franqueada por quebradas, un río y la montaña, donde jugué en casas de árbol a poto pela´o sin ninguna otra urgencia que estar con mis hermanos.
Mi segundo diez años fueron de bajar de los árboles y descubrir que más allá del Maipo existía toda una ciudad con un sin fin de callejones oscuros y excitantes. Fue la época de enamoramiento cándido y ese primer amor que me salvó de vivir una vida ordinaria, de adherir al partido y militar, descubrir el vegetarianismo y la cannabis.
Mi tercer diez años fueron de exploración profunda… del nacimiento de mi hija, del amor de pareja profundo y comprometido, la sexualidad florecida en la piel, el descubrimiento de otra forma de vivir la vida, la emigración al Valle del Elqui, la conquista de la soledad de pareja, la sexualidad dormida, el descubrimiento de dios en la forma de la Existencia, la vida en “comuna”, el sosiego, la enfermedad de papá que me trae de regreso a Pirque.
¿Cómo quiero que sean mi cuarto diez años? Y para ello había barajado múltiples posibilidades tales como irme a acampar con Dan –sí es que podía convencerlo de tal cosa- y celebrarlo juntos o irme al Valle del Elqui, o acampar solito –Radal era el sitio escogido-, en Tunquén, salir con mis hermanos y los amigos de siempre (benditos sean) a carretéarnos Santiago…
Los descartes llegaron por si solos…
- Mis padres no me perdonarían un cumpleaños lejos de casa y la familia
- Con mi hija haríamos una teleconferencia el sábado en la mañana
- Dan…
Dan… durante las últimas dos semanas se había encargado de mostrarme la cara más ambigua de la existencia y en tal maremoto me acerqué al filo de un precipicio que de haber saltado… Su juego de inseguridades, el pasarme la cuenta por no sé que cosa, el querer despertar en mí emociones de culpa de supuestos hechos que sólo se podían basar en su imaginación.. Con una relación tan de ir y venir, con sus terminar cada dos semanas y a los tres días una dulce y extendida reconciliación posible de hacernos volar a prados románticos de una exquisita elegancia… y ese clima se mantenía unos días hasta que… OH Dios… sus diablos internos florecían con una violencia desmesurada.
El jueves pasado fue clave y decidor… había acordado juntarme con un chico guapo, excitante y, al parecer, ya maduro y sosegado a “Pisar como los Dioses”, ambos tenemos claro que entre nosotros el vivir lindo sexo es lo único posible que se puede dar y dispuestos estábamos a hacerlo. A él no le complicaba el hecho de que yo estaba en una relación… que para tal día estaba yo soltero al haberme dado Dan la quinta pata en el culo. Las cosas salieron distintas… este chico jamás me llamó el día jueves (ni después tampoco), excitado como gato en celos di vueltas por la ciudad en busca de… a las tres de la madrugada del viernes regresaba a Pirque sabiendo que él hecho de haber tenido sexo casual con un guapo chico imposibilitaba cualquier posibilidad de regresar con Dan… sólo me clavaba la espinita que el chico con quien acordé juntarnos esa noche no me llamó nunca…
El viernes, por insistencia de Dan nos reunimos a almorzar, momento en el cual me hace entrega de una pequeña cajita como regalo de cumpleaños. En su interior en una base de plata un cuadrado de lapislázuli y en el centro, también en plata, el signo del Infinito… fue difícil rechazarlo sin dejar de herirle en alguna forma… esa vez y por primera vez era yo el que declaraba que tal relación estaba concluida. Fuimos a su depto porque así podíamos hablar tranquilos y de paso yo retiraba algunas cosas que tenía ahí (maquina de afeitar, ropa interior, camisa y unos cuantos apuntes de mi trabajo y estudios). Bien sabía que no podía retirarme sin antes dar respuesta a cada una de las preguntas que le surgieran y esperaba que no fuese insistente… y lo fue, y le conté que había acordado tener sexo con un chico con quien me comunico de hace tiempo, quien en un momento me gustó más allá de la excitación y me había llegado a interesar genuinamente, pero que este hombre finalmente no me llamó quizá porque razón… y que caliente me di vueltas por la ciudad, que había notado sus llamadas y que no quise responder y que finalmente en un bar de Vitacura cruce miradas con alguien y nos fuimos juntos a su departamento. Sólo por sus insistentes preguntas confesé haber tenido sexo y que, además, el muchacho me había gustado. Que en ese momento no podía saber sí lo llamaría o no, pero de que me había gustado… me gustó.
Contra todo pronostico Dan guardó serenidad. En un momento miró el techo, mis ojos y luego el piso… “yo te empujé a eso”. Le aclaré que no y le pedí que no se hiciera el culpable de algo en lo cual no existe culpabilidad sino que mi voluntad nada más. Nos despedimos con un abrazo suave… me pidió un beso de despedida… besé su frente, y me retiré sin permitir que me dejará en el jeep ni yo miré atrás.

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