
Mini vacaciones en una isla de calor húmedo y gente sensual; mujeres vestidas en pareos y hombres vestidos en tatuajes. Toda la familia repartida en pequeñas habitaciones frescas y simples; comiendo juntos, bebiendo juntos, amaneciéndonos juntos. El regalo con que papá nos reunió para confesarnos aquello que todos nos preguntábamos sin verbalizarlo.
Algo raro notó Vera y en silencio me lo comentó luego que papá preguntara a Hannessis sobre sus planes para los próximos meses y luego la misma pregunta se la formulará a Irineo. “¿Cuáles son tus planes para los próximos meses?” fue la pregunta que nos formuló uno a uno en distintos momentos y siempre estando todos presentes. Al contra preguntarle por sus planes el respondía con un simple “vivir”.
Los hermanos con pareja no declaraban planes impredecibles y los dos solteros, Vera y yo, reconocimos el deseo de efectuar viajes. Mi hermana piensa pasar el verano junto a su pololo recorriendo México. Yo declaré volver al Valle del Elqui por, al menos dos meses, y para la próxima primavera del hemisferio norte ir a visitar a Artemisa, quien vive por un tiempo en Roma.
Nada más se habló sobre los planes futuros hasta la ultima noche en Isla de Pascua en que papá, después de la sena y mientras bebíamos en la terraza del hotel, nos pide que desea que ninguno de nosotros cancele, por razón alguna, los planes que habíamos confesados ni abortemos aquellos que podían surgir en los próximos días. Que Hannessis se tome sus vacaciones en una segunda luna de miel con Andrea, que Minerva con Daniel viajen a Iquique para buscar el departamento que desean tener, que Irineo tome el curso de buzo este verano, que Vera viaje a México y que yo me regrese al Valle del Elqui. Que nada se vea alterado.
Ante tal petición se develó una verdad que no deseamos, una verdad infame…
Las expectativas de vida de papá no superan los seis meses.
El silencio reinó en la Isla, el mar dejó de batir olas y de crear espuma, los moais bajaron la vista, las caracolas dejaron de crear islas y todos los ojos de nuestra familia lagrimeo gotas saladas de un mar en tormenta
No pienso en como me podré ir al valle en los próximos días, aún teniendo en claro que ahora no es algo que solamente haya deseado realizar sino que es un deber, una obligación para con papá. Solo pienso en este domingo en que partiré esperando que 40 días pasen pronto para estar de regreso
De regreso a papá, al corazón de papá, al origen del amor.
Algo raro notó Vera y en silencio me lo comentó luego que papá preguntara a Hannessis sobre sus planes para los próximos meses y luego la misma pregunta se la formulará a Irineo. “¿Cuáles son tus planes para los próximos meses?” fue la pregunta que nos formuló uno a uno en distintos momentos y siempre estando todos presentes. Al contra preguntarle por sus planes el respondía con un simple “vivir”.
Los hermanos con pareja no declaraban planes impredecibles y los dos solteros, Vera y yo, reconocimos el deseo de efectuar viajes. Mi hermana piensa pasar el verano junto a su pololo recorriendo México. Yo declaré volver al Valle del Elqui por, al menos dos meses, y para la próxima primavera del hemisferio norte ir a visitar a Artemisa, quien vive por un tiempo en Roma.
Nada más se habló sobre los planes futuros hasta la ultima noche en Isla de Pascua en que papá, después de la sena y mientras bebíamos en la terraza del hotel, nos pide que desea que ninguno de nosotros cancele, por razón alguna, los planes que habíamos confesados ni abortemos aquellos que podían surgir en los próximos días. Que Hannessis se tome sus vacaciones en una segunda luna de miel con Andrea, que Minerva con Daniel viajen a Iquique para buscar el departamento que desean tener, que Irineo tome el curso de buzo este verano, que Vera viaje a México y que yo me regrese al Valle del Elqui. Que nada se vea alterado.
Ante tal petición se develó una verdad que no deseamos, una verdad infame…
Las expectativas de vida de papá no superan los seis meses.
El silencio reinó en la Isla, el mar dejó de batir olas y de crear espuma, los moais bajaron la vista, las caracolas dejaron de crear islas y todos los ojos de nuestra familia lagrimeo gotas saladas de un mar en tormenta
No pienso en como me podré ir al valle en los próximos días, aún teniendo en claro que ahora no es algo que solamente haya deseado realizar sino que es un deber, una obligación para con papá. Solo pienso en este domingo en que partiré esperando que 40 días pasen pronto para estar de regreso
De regreso a papá, al corazón de papá, al origen del amor.

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