Durante un rato,
que se asemejó al infinito,
permanecimos en silencio.
Tímidamente
nuestras miradas
se cruzaban
y
nuestras bocas
esbozaban una sonrisa
efímera.
La terraza
del café
literario
se hacía cada vez más pequeña
para nuestro silencio
y
salimos
por unos pasos encontrar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario