1978, FEB, quizá el día quince, fui concebido para nacer un día Enlazador de Mundos Galácticos del mismo año. Recibí mi primer nombre por una vieja tradición de mi familia materna, de origen judío, donde adquirían como apellido el nombre de la ciudad en que residían. Pero como Santiago es un nombre católico, ella encontró la manera de hacerlo pagano quitándole la santidad y dejándolo solo en Tiago. El segundo nombre fue un capricho de mi abuelo paterno, quien murió cuando aun era yo una guagua, y así salió el Tadeo, y mi tercer nombre, Mauro, es el diminutivo de Mauricio, el único hermano de mi padre y que murió en las garras malditas de la dictadura dos años antes de mi llegada. Mamá dice que fui malo para comer y papá que lo fui para aprender a hablar, todo mi idioma se basó en un sonido similar a un OUMI, que dependiendo del tono y los gestos de la cara quería decir muchas cosas. Aún cuando gateé a temprana edad, el caminar se me hizo duro y lo conseguí pasado el año. Para mi hermana mayor, Minerva, pasé a ser su juegue regalón desde temprana edad, Hannesis, el segundo de mis hermanos, me sobre protegía mientras que Irineo, el tercero, me cuidaba con celos y una hermandad que durante los años no ha hecho otra cosa que crecer. Y crecí en una parcela de Pirque, con licencia para jugar a pata pel´a, aprender a bañarme en el río, subir cerros y empaparme de la naturaleza silvestre de la zona y los cerros. Tal como a mis hermanos mayores, la vida transcurría en casa tranquilamente para mí, sin apuros paternos por aprender letras, números y eso que todo padre desea que sus hijos nacieran sabiendo. “Ya habrá tiempo para aprender” ha sido su consigna para respetar los procesos individuales de cada uno de los hijos de estos increíbles padres. Y también el tiempo para socializar vendría con el colegio.
Así, durante mi infancia primaria mi mundo estaba habitado solo por mi familia y algunos conocidos que frecuentaban la casa. Avanzando el tiempo llegaron a este mundo los amigos de mis hermanos, básicamente del colegio, y luego mis propios amigos. Y los amigos de cada cual eran los amigos de todos y juntos pasábamos días enteros en la piscina o en el río de nuestra casa.
1983 fue un año eufórico. Con 5 años cumplidos me integro a primero básico en el mismo colegio donde estaba estudiando mis hermanos, en el colegio agrícola. A este colegio asistían hijos de trabajadores obreros y campesinos, algunos de los hijos de los hippis que habían llegado a la comuna y los de los militantes clandestinos de izquierda. Esto me marcó, como a mis hermanos, de manera total, y años más tarde, trabajo me costó aceptar aquello del clasismo social, pues en mi infancia tal cosa no existía. También en este periodo nace mi amistad con una chica que por ese entonces usaba unos alambres en los dientes y solía tomar la delantera en todos los juegos. En términos reales, ella, llamada Ana Luisa y bautizada por los amigos como Analuz, nombre que terminó borrando el real, fue la primera persona fuera del núcleo familiar que perteneció a mi mundo privado. No sospeché nunca que entre los dos nacería un lazo que nos uniría la vida entera. La infancia en el campo y el colegio agrícola me llevaron a interesarme en la flora y fauna y ya de niño me ví como un biólogo, idea que sostuve hasta dos semanas antes de postular a la U.
1988 fue un año de revelaciones. Ya desde el año anterior en casa oía hablar del “NO” al dictador y fui un testigo indiferente de algunas reuniones en casa. Pero también ese año, cuando ya tenía 10, se me fue develado, junto a mis hermanos, un secreto familiar; De los 5 hermanos que éramos entonces, pues Vera nació un año después que yo, tres eran o éramos adoptados. Entonces fue empezar a entender que era esa palabra y que implicaba, y tardé un tiempo en comprenderla del todo. Aún así, y cuando no se nos reveló quienes eran los dos hijos biológicos, no viví una crisis y visto ese periodo desde hoy, algo absolutamente compartido con mis hermanos, esa fue la fecha en que pasamos de ser hermanos a ser hermamigos –un término familiar-, algo que nos ha mantenido hasta hoy, y sin duda hasta todos los mañanas, como los mejores amigos de nosotros mismos.
1993. Ese fue el año en que baje de de jugar a poto pela´o sobre los árboles y descubrí que el mundo era más amplio que mi familia. Me pasaba del liceo a otros lugares, compartía mucho tiempo con Reimundo, un compañero de liceo, a quien extrañaba inconsolablemente cuando no lo veía. Por ese tiempo comprendí que las personas sentimos atracción por otras personas como algunas por nosotros mismos. Analuz había dejado de usar esos alambres en los dientes y era una peliroja linda, delgada y coqueta. También fue la responsable de alejar a muchas chicas que se me podían acercar, pues no dejaba de andar de mi mano, y nos encantaba estar abrazados la mayor parte del tiempo que compartíamos.
El ser el menor de mi curso desde que entre al sistema formal de educación me hacía un tipo poco interesante para mis compañeras, solo Analuz y Reimundo compartían mi mundo de amistad y mis primeros carretes, las primeras pitadas y las idas a acampar sin que estuviese presente algún miembro de mi familia. Construíamos un mundo nuestro, una suerte de club. Luego se agregó Hannessis cuando comenzó a tener una onda con mi amiga.
1994. con 16 años mi sexualidad se había desarrollado en masturbaciones solitarias e imágenes, pensamientos y emociones confusas. No había besado sino que a Analuz. Fue cuando Reimundo sufrió un accidente donde todo se develó. En aquella ocasión me sentí desolado, sufrí profundamente, estaba triste y rehusaba la compañía de todos, incluyendo a Irineo y Analuz. Todos los días después de clases me iba a la casa de Reimundo y permanecía en ella hasta que alguien me pasara a buscar, generalmente mi padre. Los fines de semana también me lo pasaba con él y su familia. Me metía a su cama y le ayudaba en todo lo que fuera posible, desde bañarse, cambiarse ropa y durante toda su rehabilitación. Una tarde, cuando él recupero absolutamente la normalidad, al contarlo en casa, con toda mi familia, me he emocionado tanto que lloré de profunda felicidad en brazos de mi madre. Entonces, al día siguiente, mis padres me llamaron a su cuarto para conversar de algunas cosas. Me hablaron de la sexualidad, luego de la heterosexualidad y finalmente de la homosexualidad, todo muy normal, según ellos todo camino es el correcto, y que nos es algo que elegíamos sino que venía con cada uno de nosotros, entonces, de una, me revelan una verdad; “Nosotros sentimos que tú eres homosexual y amas a Reimundo”. Así, me impulsaron a entender que sentía mi hasta entonces mejor amigo, pues él podía sentir una cosa distinta por mi a la que yo sentía por él. Así, una buena tarde, algunos meces después de esa charla, y con la ayuda de Analuz, a quien le había contado mi verdad y había explorado a Reimundo, me confesé con mi amigo. Entonces esa misma tarde dejamos de ser amigos y comenzamos a ser amantes. Viví mis primera experiencia sexual, maravillosa, mis primeros besos con pasión y una historia que me marcó para siempre.
En el marco de ese relación terminé el cuarto medio –él, por el accidente, se había atrasado un año- y después de dar la prueba postule a sociología en La Chile, una decisión tomada solo unos días antes. Quedé.
1996. Con Reimundo, quien estaba estudiando en el conservatorio, viviamos en el pequeño departamento de Padre Luis de Valdivia, en el barrio Lastarria. Sus padres habían accedido a ello considerando la interminable distancia entre Pirque y La U. Fue un periodo de sublime belleza, yo con 17 años y el con 18 construíamos la vida que deseábamos tener. Y fue 12 días antes de mi cumpleaños en el que él fue a un paseo con algunos de sus compañeros al Lago Rapel cuando se va, trasciende esta vida y 4 días después encuentran su hermoso cuerpo a más de 30 kilómetros de donde el lago se lo tragó. Una semana antes de mi cumpleaños lo enterramos en medio de cantos, sus compañeros de facultad en zancos, banderas amplias de todos los colores, bandas de tambores y guitarras y flautas, una escolta de mimos, nuestras familias, amigos, ex compañeros de colegio y de liceo…
1996 noviembre – 1999 enero NOCHE OSCURA, mi primera crisis, de esas crisis bien perras que después de ellas todo es una cosa distinta.
Durante este periodo me mantuve, sin asumir, ni desear superar, una suerte de luto estricto, mientras todos mis paradigmas caían como hojas de árboles en otoño. Me mantuve en le departamento sin alterarlo en nada, no mantuve relaciones sexuales con ser alguno y mi vida social se basaba en mi familia. En ese estado hoy me es milagroso que haya terminado la U sin echarme ramo aluno, aunque mis calificaciones dejaron mucho que desear. También fue un periodo de mucho vino tinto, mucha marihuana y soldad.
2000 Nuevo milenio. Para marzo de ese año nos fuimos con Analuz a su casa de algarrobo, ella con un fuerte dolor amoroso y yo para acompañarla una semana. Comenzaba el invierno, dormíamos hasta tarde, llorábamos todo el día y bebíamos de noche. Y una noche, una noche, en nuestro consuelo, en esos abrazos que nacieron, los besos que germinaron, las caricias, la soledad nos consolamos amándonos físicamente como tantos años llevábamos amándonos en otras dimensiones. Y nos amamos toda esa noche y toda la mañana siguiente y la tarde y nuevamente toda la noche. Regresamos a nuestras rutinas cada cual más sereno y consolado, más liviano.
Tres meses después Analuz me pide juntarnos y me cuenta que estábamos embarazados. No lo podía creer, el sol amanecía para mí después de una noche tan larga y tan oscura. Reimundo pudo al fin descansar en paz y las escaleras comenzaron a nacer justo a mis pies, para subirlas una a una, peldaño a peldaño. En diciembre del 2000 nace Artemisa.
2000 – 2003 La paternidad fue asombrazo. Nunca más volvimos a hacernos el amor con Analuz ni constituimos pareja y sin embargo dormíamos juntos. Durante un año, mientras ella terminaba un doctorado y yo comenzaba un postitulo que aun no termino, ella y nuestra hija se mudaron a mi departamento. Entonces las jardineras fueron mi uniforme de padre. Con Artemisa paría a la universidad con una mamadera en un bolsillo, unos pañales en otro, alimento en otro, unos juguetes en otros, las jardineras me resultaban una comodidad increíble. En la mochila más pañales, libros, cuadernos, ropas, etc.
Al comienzo del 2002 Analuz comienza a salir con un compañero de doctorado. Las idas a la playa era Analuz con Gonzalo, nuestra hija y yo, como también las comidas familiares y todo acto social. Incluso barajamos la seria idea de comprarnos una parcelita en Pirque y construir una casa para los cuatro y para los otros que deberían llegar. Pero fue la llegada de Georgio, mi segunda pareja, la que me hizo desistir de tal formula.
Para finales del 2002 Analuz y Gonzalo se casaron y al poco tiempo se embarazaban de Isis, la hermana de mi hija. La verdad en que en muchos términos conformamos toda una familia y para disminuir las diferencias, en una gran ceremonia decidimos bautizar a nuestras hijas, obvio, bajo ninguna religión. Así Gonzalo es el único padrino de Artemisa y yo lo soy de Isis, como lo seré de todo hijo que ellos puedan engendrar.
Aun me faltan algunos años….