Camilo había planificado ese fin de semana en Buenos Aires cuando llegó a sus manos una oferta en el costo del pasaje aéreo, una oportunidad que no deseo dejar pasar. Nada tenía que ver con el partido de fútbol entre las selecciones de ambos países, ni la ganga que resulta comprar libros y música en una sociedad donde el arte, la cultura y la educación no es un lujo y la problemática social se trata a media luz del día y no entre gallos y media noche. Aun cuando pagué tres veces más por el pasaje aéreo de lo que pago Camilo el tema del hotel no pudimos solucionarlo, simplemente Buenos Aires estaba copada de turistas brasileros y no había, en ese hotel, un cuarto para mi. Así fue como la agencia de viajes donde Camilo compró el paquete hizo lo posible para transformar su habitación simple en un doble. En una habitación doble que resultó ser de una cama, grande, pero solo una cama con la cabecera orientada… nunca he sabido donde esta el este en Baires, el hecho es que recostado se podía ver un sendo parque, uno de esos parques que sólo Buenos Aires tiene. La noche estaba echada y optamos por salir a buscar un sitio donde cenar después de ducharnos. Y encontramos un restaurante chiquito donde Camilo cenó carne y yo una tortilla de acelga.Ya me había dado cuenta yo que cuando estaba lejos de Camilo deseaba acercarme a él, sentir el calor emanando por su piel para entibiar mi cuerpo solitario, lo deseaba tanto como hombre, compañía y como ser. Sin embargo, en su presencia todo era distinto y el sólo saberme a su lado satisfacía mis necesidades más sutiles. A su lado no deseaba su beso, sus manos, su cabellera rasta ni el crepúsculo eternamente recreado en sus ojos. Y así se desarrolló la cena, entre copas de vino tinto, ensaladas, técno-tango, palabras, confesiones, risas y muchas más risas. Esa era su tercera vez en la ciudad y para mi era la quinta. Y con ese dato le pedí que me llevara a la esquina, el bar, la calle o la plaza que más le había gustado de la ciudad a cambio de que yo le llevara al sitio que más me había encantado. Accedió con una de las sonrisas más generosas que le haya visto.
Regresamos al hotel caminando lentamente desde una plaza que no conocía de Recoleta hasta nuestro hotel en Retiro. El cielo oscuro, la temperatura grata y esa humedad hacían que las calles solitarias parecieran más intimas que de costumbre. El se recordó de una primavera en Londres y yo de un otoño en Saint-Germain-des-Prés. Al doblar una esquinita una pareja se besaba como transportados a un lugar desconocido. “¿Alguna vez hiciste el amor en esta ciudad?”, me preguntó de sorpresa. Y yo hubiese querido decirle que nunca lo había hecho en esa ciudad… “Dos veces vine aquí con mi ex pareja”. Guardó silencio. Quizá esperaba que le contra preguntará con la misma pregunta, pero temí, me dio miedo un sí, todas las veces. Él comenzó a silbar una melodía que me resultó familiar sin lograr recordar con exactitud la letra. Entonces me aproximé a él hasta que nuestros hombros se tocaron y nuestras manos rozaron. Entonces caminamos hasta llegar al hotel abrazados. Y en el hotel…
En el hotel nos fuimos al bar que se extendía en una pequeña terraza del décimo piso con vista al parque y a las luces de unos edificios delgados y altos. Entonces no aguanté y se lo pregunté de una, a quema ropa, con alevosía y expectación. “Te vi caminar esa tarde hacia el café de providencia, me llamó la atención un tipo vestido entero de blanco, me resultaba curioso… y cuando te observé más cerca me dije “éste es un hueón que quiero conocer”, tu ni me miraste, no reparaste en mí, ni en nadie, y pensé que eras el típico hueón que se sabe rico y no pesca a nadie. Pero cuando te sentaste al frente mío y vi el libro que tenías me dije, ¡tate!, no puede ser casualidad, y fue una certeza que te conocería. Pero cuando me miraste la primera vez reparé en tus ojos, en tu cara, en tus labios…. ¡¡Que labios Mama Mía!!”. Guardó silencio como recordando en imágenes lo que me contaba mientras yo me sentía ponerme colora´o. Entonces interrumpí su silencio y su mirada preguntando si era homosexual. Y entonces me respondió con un “Tú me gustas… mucho”.
Así nació nuestro primer beso

1 comentario:
ASi comenzo todo!!!
WOW!
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