Particularmente no he tenido un modelo de lo que me puede o no resultar un hombre guapo. Mi primera pareja resulto ser un chico delgado y alto, muy parecido a un actor de telenovelas del canal católico. Mi segunda pareja fue un chico bajo, menos de un metro setenta, con una fuerte calvicie y 10 kilos de sobre peso, mientras que el último un tipo alto, rubio y de contextura gruesa. Nunca me llamaron la atención los cuerpos de gym ni los tipos en zungas. Un incipiente pancita incluso me resulta seductor. Sin embargo, ver a Camilo desnudo activo cada uno de los átomos de mi cuerpo físico y toda la energía de mi ser espiritual. Salió de la ducha secando sus cabellos rasta con la toalla y su cuerpo salpicado de gotas de agua.La desnudez nunca me ha sido un tema de pudor sino más bien de naturaleza libertaria. Algo que desarrollé aún más desde que conocí el Valle del Elqui. Allí donde lo que menos importa es la personalidad, la vanidad y el ego. Donde bañanarnos desnudos es la cosa más normal que pueda existir, tan normal como estar en casa sin ropa o levantarnos y caminar desde los dormitorios al baño desnudos, en el caso de nosotros, incluso con la erección matutina recién decantando. Sólo fue un tema cuando Muchi y Matías comenzaron a darle personalidad humana a nuestros traseros y terminamos todos analizando nuestros potitos y bautizándolos; poto pálido –Muchi-, poto tabla –Litto-, poto mono – Pablo-, poto rucio –Matías-, poto feliz – Marcos (increíblemente se forman dos margaritas en sus nalgas tal como en las mejillas cuando sonríe-, poto lindo –Angella-, poto libertario –Adeline-, poto “poto” –yo-. Con las ventajas que da vivir en el campo mi niñez fue libre de pudores, claro, apoyado por esos hippies entrañables que son mis padres. Sólo una vez me sentí mal de mostrarme desnudo. Estaba en segundo medio y en el camarín después de educación física unos compañeros comenzaron a burlarse de mi pene llegando a cambiar mi apellido de Mendiburu a Mendiburro. Finalmente lo tomé con humor al comprender que más bien era algo de lo cual cualquiera se jactaría y que ese apodo me acompañaría un buen rato, incluso salió en el anuario.
Y ahí estaba Camilo, secando sus imposibles cabellos mientras me hablaba sobre lo que le gustaría hacer durante el día y me miraba mirarlo encantado y transportado. Siempre imaginé que Camilo era un chico delgado y no pensé siquiera que tuviese un cuerpo tan bello. En efecto, sus bellos rubios de la cabellera pasaban a ser de un color miel oscura en su pecho y pubis. En su abdomen se dibujaban tenuemente unas calugas, sus muslos eran gruesos y sus piernas increíblemente largas, su tórax desarrollado como los de un campeón atlético y su pene largo caía levantándose en el glande como una trompa de elefante. Me agradó la idea que no estuviese circuncidado, no sé porque me había creído, sin razón, que era de origen judío cuando en realidad sus apellidos son italianos. Francamente desnudo es hermoso como la existencia. Junco con un estado de felicidad inexplicable sentí todos los deseos de sentir su cuerpo en toda su plenitud, de perderme en su piel miel, de entrar en su cuerpo hasta lo más adentro que pudiese explorar y que el entrara en mi cuerpo con toda su fuerza y me llenara de su médula alba.
De pronto siento su mirada fija sobre mi y noto el silencio de su voz. Subo la mirada desde sus muslos pasando por su pene hermoso, perdiéndome en el bosque de su pelvis y siguiendo el camino de bellos que atraviesa su ombligo y se derrama como un delta en su pecho amplio hasta alcanzar su rostro. Me miraba con una sonrisa pícara y me levanta sus cejas a la vez que extendía sus labios. Le sonrío. “Quieres que me de una vuelta?” pregunto con ternura. Sí, respondí franco y decidido, entonces su espalda, entonces su pequeño potito bien formado, entonces su columna vertebral como un árbol se dibujaba en su espalda. Y de pronto mi erección se me manifestaba bajo el pantalón mientras mi cuerpo se comprimió con fuerzas para luego comenzar a relajarse. Se vuelve a voltear hasta llegar a mi lado, me tienda su mano invitándome a ponerme de pie y me abraza con su desnudez. Nos besamos ampliamente acariciándonos los cuerpos, el sumergiendo sus manos bajo mi polera, explorando bajo mi pantalón, lamiendo mi frente. Yo acariciando sus nalgas, sintiendo su mano acariciar mi pene sin apretarlo ni agarrarlo, yo sintiendo su pene en mi pierna… nos detuvimos de golpe. Nos miramos como dos niños cómplices de algo…. Me fui a bañar. Y después permanecimos desnudos sobre la cama planificando lo que haríamos en el día. Antes de salir al Museo de Arte Moderno y esa flor de metal que se abre y se cierra según la luz del sol le propuse que cada vez que estemos en la habitación lo hagamos sin ropa. El corrigió diciéndome, “Cada vez que estemos solo en algún lugar, estemos desnudos”.












