jueves, 28 de febrero de 2008

papá


Es cierto, el dolor existe, se hace sentir y sabemos que durará un tiempo, mas no será eterno. Es cierto, el llanto se hace presente en todo momento. Es cierto, buscamos cada cierto rato un instante de soledad donde empuñamos nuestras manos y nos mordemos los labios. Es cierto, nos abrazamos y consolamos unos a otros. Es cierto, lo es.

Papá ha podido tener ocho hijos porque su corazón lo ha podido resistir y su capacidad celebrar atender. Es cierto que se confundía con las fechas de nacimientos, que a Minerva le regaló un libro para navidad y dos semanas después le regala el mismo libro para su cumpleaños, que a mis dos hermanos mayores, siendo unos niños, los fue a dejar a un colegio distinto al que estudiaban y debieron aguantarse hasta que, con carabineros, mamá dio con ellos al anochecer.

Sin embargo, jamás ha dejado de estar presente en algún momento que ha sido importante para cada uno de nosotros. Ha estado en todos los partos de sus nietos; es él quien nos esperó a la salida cada vez que alguien dio la PAA y nunca preguntó ¿Cómo te fue?; de preferencia él nos ha ido a dejar y a buscar para nuestros viajes; se ha desvelado a la par con mamá cuando uno de nosotros ha estado enfermo. Hasta último se le puede ver caminando del brazo de alguno de nosotros por la parcela, lentamente, conversando cosas íntimas, y cada uno de nosotros somos sus hijos y sus nueras y su yerno y sus nietos.

Mi hermano mayor tiene 37 años y jamás ha recibido, a modo de castigo o como muestra de molestia, una palmada siquiera de nuestros padres. Y como él, todos nosotros. Los castigos de papá estaban situados en otro lado, en otros aspectos, y se trataba de castigos duros a los cuales no amnistiaba hasta que se cumpliera en su totalidad. A Irineo le castigo durante un año sin ver partidos por TV, un año en que hubo un mundial de fútbol. Minerva, después de un parte por una luz roja, la mantuvo medio año sin conducir para que pudiese reflexionar en paz sobre la imprudencia.

Él ha sido quien ha celebrado todos nuestros éxitos, conquistas y nos ha acompañado en forma lúdica en nuestros fracasos. Hannessis se la paso todo un fin de semana dibujando un mapa para el colegio…

- ¿Cómo está papito?
- ¡Lindo hijo!
- ¿Cómo está mamita?
- Lindo mi niño

Y el lunes se fue a la escuela con su mapa bajo el brazo, con cuidado para no arrugarlo. Después de almuerzo ha regresado a casa con una cara largísima y en el mapa, con lápiz rojo y encerrado en un círculo del porte de toda Europa un inesperado 2. Entonces papá se mata de la risa y a la semana, en una de las paredes de su estudio en casa, en perfecto marco, el mapa de Hannessis con su reluciente calificación adorna una pared hace ya 26 años.

1 comentario:

G! dijo...

No he de insistir respecto de tu familia.

Pero, al leer lo que escribes, se me ocurre que, a diferencia de ti, a mi me tocó tratar de reunir trozos separados y muy distintos de un cuadro... que bien podría ser un plato roto.

Y me gusta mi familia.

Un abrazo, amigo.. ánimo, y como siempre, estaré acá.