jueves, 28 de febrero de 2008

papá


Es cierto, el dolor existe, se hace sentir y sabemos que durará un tiempo, mas no será eterno. Es cierto, el llanto se hace presente en todo momento. Es cierto, buscamos cada cierto rato un instante de soledad donde empuñamos nuestras manos y nos mordemos los labios. Es cierto, nos abrazamos y consolamos unos a otros. Es cierto, lo es.

Papá ha podido tener ocho hijos porque su corazón lo ha podido resistir y su capacidad celebrar atender. Es cierto que se confundía con las fechas de nacimientos, que a Minerva le regaló un libro para navidad y dos semanas después le regala el mismo libro para su cumpleaños, que a mis dos hermanos mayores, siendo unos niños, los fue a dejar a un colegio distinto al que estudiaban y debieron aguantarse hasta que, con carabineros, mamá dio con ellos al anochecer.

Sin embargo, jamás ha dejado de estar presente en algún momento que ha sido importante para cada uno de nosotros. Ha estado en todos los partos de sus nietos; es él quien nos esperó a la salida cada vez que alguien dio la PAA y nunca preguntó ¿Cómo te fue?; de preferencia él nos ha ido a dejar y a buscar para nuestros viajes; se ha desvelado a la par con mamá cuando uno de nosotros ha estado enfermo. Hasta último se le puede ver caminando del brazo de alguno de nosotros por la parcela, lentamente, conversando cosas íntimas, y cada uno de nosotros somos sus hijos y sus nueras y su yerno y sus nietos.

Mi hermano mayor tiene 37 años y jamás ha recibido, a modo de castigo o como muestra de molestia, una palmada siquiera de nuestros padres. Y como él, todos nosotros. Los castigos de papá estaban situados en otro lado, en otros aspectos, y se trataba de castigos duros a los cuales no amnistiaba hasta que se cumpliera en su totalidad. A Irineo le castigo durante un año sin ver partidos por TV, un año en que hubo un mundial de fútbol. Minerva, después de un parte por una luz roja, la mantuvo medio año sin conducir para que pudiese reflexionar en paz sobre la imprudencia.

Él ha sido quien ha celebrado todos nuestros éxitos, conquistas y nos ha acompañado en forma lúdica en nuestros fracasos. Hannessis se la paso todo un fin de semana dibujando un mapa para el colegio…

- ¿Cómo está papito?
- ¡Lindo hijo!
- ¿Cómo está mamita?
- Lindo mi niño

Y el lunes se fue a la escuela con su mapa bajo el brazo, con cuidado para no arrugarlo. Después de almuerzo ha regresado a casa con una cara largísima y en el mapa, con lápiz rojo y encerrado en un círculo del porte de toda Europa un inesperado 2. Entonces papá se mata de la risa y a la semana, en una de las paredes de su estudio en casa, en perfecto marco, el mapa de Hannessis con su reluciente calificación adorna una pared hace ya 26 años.

lunes, 25 de febrero de 2008

hola papá

Los viajes se me ha hacen como la concreción de la libertad en esta dimensión. En el Elqui me encantaba hacer dedo y viajar tendido en la parte de atrás de alguna camioneta, mirando el cielo rodeado de todas esas cumbres. La sensación de trasladarme, como decía Whitman, es la que me excita, el dejar todo atrás para llegar a un sitio donde todo es nuevo. Pero esta vez, en este viaje, nada de eso se dio; Ni la sensación de libertad, ni las cimas rodeando el cielo. Sólo no sabía a donde llegaba esta vez.

A la salida del aeropuerto, con dos horas de retraso, mi hermano Irineo y mi cuñado Luis me esperaban con un abrazo. Sentí miedo preguntar sobre papá, sobre las cosas en Santiago, sobre la realidad. Mientras caminábamos al auto Luis se atrevió a dejar dar una pista: “¿Nos vamos derecho a la clínica o prefieres ir a casa primero?”. Irineo detiene un momento su paso, se voltea mirándome a la cara. En sus ojos veo que está triste. Aprieta los labios presionándolos con los dientes y sin respirar me dice con su suavidad característica: “Como tu quieras”. Clina, respondí con un dolor lacónico.

Cuando Luis, mientras viajábamos por el túnel de la costanera y mirándome por el retrovisor, me dice que hay cosas que quizá deba saber antes de llegar, simplemente se me trisó el corazón. Entonces, una vez más desde que era un niño, busqué la protección en Irineo que viajaba a mi lado, en sus ojos húmedos, en su abrazo calentito. No, no tengo nada que saber antes de llegar.

La clínica es un edificio que se esfuerza en mostrarse moderno, acogedor a pesar de su fría atención y sus ordenaditos letreros. Desde la bajada del ascensor y mientras caminábamos por el pasillo a la habitación de papá me fui encontrando con mis sobrinos, cuñados, hermanos, hermanas y al llegar a la sala, al verme en la puerta, mamá, que sostenía la mano de papá entre las suyas, me sonríe

Se le humedecen los ojitos verdes que tiene

Le dice a papá que yo ya había llegado. Tomo la mano de Vera buscando fuerza y entró a la sala. Fue inevitable, no pude dirigir la vista a papá y me refugié en mi madre. Nos besamos tan desesperadamente mientras le pedía disculpas por no haber estado en el momento aquel, por no haber podido llegar antes, por no haber hecho quizá todo lo necesario para regresar el mismo día en que papá cayó… “Siempre hablando tonteras” me dijo al oído para que papá no oyera y perdonando de un plumazo mi ausencia. Entonces lo vi…

Delgadito como un arbolito, con unas mangueras que se metían por sus narices, con la vista algo cansada pero sin perder esa energía. Me acerco a él arrastrando los dedos sobre la cama hasta encontrarme con su manota de siempre, aun que más huesuda y sin esa fuerza de hombre valiente que siempre le acompañó.

No sabía que decirle y no podía decirle nada y nada se me alcanzó a ocurrir cuando al acercar mis labios para besarle él susurra con voz suave un: “Discúlpame hijo, no quería yo asustar a nadie”. Viejo tonto, le dije sin evitar las lágrimas ni pudiendo contener el abrazo más intenso que alguna vez me haya nacido.

Después de un momento en que estábamos tan entregados comenzaron a ingresar mis hermanos, sobrinos, todos…

Entonces me senté a su lado, con sus manos en mis manos, respondiendo todas sus preguntas sobre su nieta y la hermanita de estas. Habla más italiano que español, fue lo primero que le dije sin calibrar mis palabras. Entonces se emociona y dice: Mi mamá y la Carla –madre de mi mamá y a quienes yo no conocí- estarían felices de escucharla. (Mis dos abuelas fueron italianas, una piamontesa y la otra siciliana). Pronto llegarán, agregué…

viernes, 22 de febrero de 2008

solo espero de ti que por siempre me recuerdes amándote


Hace cuatro días una llamada telefónica nos despertó de madrugada.

Mi madre me informaba desde Santiago que papá había sufrido una compensación y estaba internado en un centro médico.

Su voz era suave, como informándome de algo muy grave sin ánimo de alarma, dolor ni complicación. Me informaba porque como hijo tengo el derecho de saberlo.

Y como él tiempo no existe, reviví aquella tarde de febrero que me enteró de la enfermedad de papá. Y como esta vez, también me encontraba lejos. Entonces en el Valle del Elqui. Y entre cerros y quebradas, entre cielo y planeta lloré como sólo lloran los hombres que aman. Y es que a este hombre de mirada transparente, voz varonil y de líder, alto como un faro, de manos rudas y grandes y un corazón suave como el vuelo de una mariposa yo lo amo. Y entonces lloro hoy, nuevamente, lejos en un momento despiadado.

Claramente lloro porque tengo miedo de que el inicio de su viaje se adelante. Aun cuando sé que todo es parte de un plan divino, de un proceso único, personal, existencial, no quiero dejar de estar ahí y desearle un buen viaje.

Las llamadas se han sucedidos de un lado al otro del planeta. Necesitaba cambiar mi vuelo de regreso. Quise partir esa misma mañana cuando mamá llamó. Me comuniqué con cada uno de mis hermanos solicitando que hicieran lo posible para conseguirme el próximo vuelo de regreso. Desde acá Analuz, Gonzalo y varios de sus amigos hicieron miles de gestiones. Salir de Roma resultaba fácil, no así convencer a Lan Chile el cambio del regreso, para lo cual me cobraban un nuevo billete de sus aviones.

Papá es un gran hombre que esta terminando su etapa en esta existencia, desencarnando como muchos seres en estos tiempos. Pocos seres pueden dar tanto amor a dos hijos biológicos y seis adoptados sin haber existido diferencia alguna.

Floria ha sido mi gran compañera en estos días. Al enterarse de mi urgente regreso a Santiago y las dificultades que enfrentaba, se vino a instalar como un guerrero en campaña. Me pasó su móvil con su mega plan ilimitado y ha sido chofer, guía, traductora y un consuelo gigante cuando el dolor ha trizado mis momentos.

Las llamadas con Santiago han sido al menos cada una hora (esa es la suerte de tener una madre amorosa, 7 hermanos bellos y un cuñado y dos cuñadas con rango absoluto de hermanos. Cada uno me llama una vez al día. Es estar con ellos todo el día.

Ante la inminente partida Analuz coordina todo para partir la próxima semana a Santiago e instalarse para que las niñas disfruten a su abuelo a destajos. Es por ello que hemos hablado con las niñas, 7 y 5 años, contándole que el “tata” partirá aun viaje a la estrellas. Artemisa e Isis han comenzado a escribir una carta con letras españolas y romanas, dibujos y plastilinas, para que él haga de correo con las estrellas y los cometas. Cosa que sé que él hará dichoso.

Todas las tratativas para adelantar el regreso se resumen a obtener un vuelo desde Roma más tarde que disminuye considerablemente mi tiempo de transito en Madrid.

Parto en una hora de este departamento. Escribo esto después de haberme duchado largamente a fin de dejar un mensaje a mis hermanos, especialmente a mi madre, y a mis amigos en todas estás horas en que no tendré comunicación posible.

Bendigo y el bien de la situación. Confío en la existencia, me entregó a ella, y sé que estoy divinamente guiado en este proceso. Como equipaje de mano sólo llevo un abrazo gigante y un beso eterno de esta familia romana para papá, mis hermanos y mi madre. Para el sosiego y la paz me llevo el Mala que también me acompañó en el viaje del Elqui a Pirque en marzo pasado.

Papi, nos vemos en poquito rato más. Te envío todo mi amor para protegerte y bendecirte. Y en caso que partas antes que yo llegue, solo espero de ti que por siempre me recuerdes amándote.

viernes, 15 de febrero de 2008

floria y una excursion gay en roma



Floria es una chica italiana que tiene todo lo que uno no imagina en una mujer italiana.

Ni los pechos de la Loren, ni la sensualidad derramada de Mónica Belluci, ni los gritos de las mammas. Nada de labios carnosos, ojos almendrados, pelos selváticos y caderas de potranca siciliana. Floria es una mujer delgada y alta, de una cabellera rubia que cae suave hasta rozar sus hombros delicados, una nariz filuda y recta y unos labios discretos por los cuales emana un irónico humor.

La conocí en el cumpleaños de Gonzalo con su perfecto español aprendido en Madrid, con zetas y eses por doquier y tiempos verbales que sólo los españoles pueden conjugar. Y también se caga en la hostia por cualquier cosa, como los españoles. Entonces me la presentaron como una gran amiga de la familia, una de esas amigas que siempre está, siempre llama, siempre llega, siempre va y viene sin jamás dejar de ir y venir. Se le tiene y no se le tiene. Bebimos una copa del vino que traje desde Chile, de la zona de Pirque (para mi vanidoso orgullo) y charlamos algo, sólo algo.

A los dos días, que era mi tercer día en la ciudad, llamó al saber que estaría solo parte del día (Gonzalo trabaja, Analuz estudia y las niñitas también) y se ofreció para acompañarme a conocer un poco más de la ciudad. Accedí con cierta timidez; esa mujer poseía una personalidad demasiado fuerte e irónica para mí. Pasó a buscarme y a penas subí a su auto me dice: Nada de Iglesias, de piedras caídas, edificios antiguos ni piazzas ni fontanas… “La Roma de los romanos”. Exclamó como desafiándome. Nunca pensé que eso significaria beber capuccino hasta las once de la mañana en dos locales distintos. Luego dos expresos italianos en dos cafeterías más, almorzar una colación de € 70- ($ 50.000) en la azotea de un restaurante sobre una colina con una vista increíble. La verdad, la comida costó € 10 y la vista € 60.- Pasamos la tarde bebiendo vino en un restaurante con terraza a una plaza de esas de postales. A pesar del frío, era lindo y, además, podíamos fumar a nuestras anchas.

Unos días más tarde, comenzando la noche, me invita a bebernos algo en un sitio de moda y lleno de bello popolo. Le preguntó a Analuz que si eso significaba vestirse de alguna forma determinada: En Italia hasta el más adinerado no desaprovecha la oportunidad de vestirse cómodo, hasta en el restaurante más caro y fino, la gente anda de zapatillas. Así que todo bien para mí. Solo me puse una parca y a la calle.

El local resultó ser interesantísimo, hermoso y de un gusto milanes, sin considerar que las personas presentes parecían habar sido invitados después de un casting. Floria se veía hermosa,- muy “rica” diría mi hermano Irineo-, sexy, sensual, divertida, cosmopolita y alegre. Nos sentamos en una mesita que ella había reservado antes y sin el primer trago en la mano me suelta un combo en el hocico que no esperaba. “Me caen muy bien los gay, mis mejores amigos lo son, debes conocerlos antes de regresarte”. Me quedé congelado, mirándola a los ojos, pensando en que quizá… y por fin llegaron nuestros tragos. Prendimos un cigarrillo y otro más, y ella como si me hubiese dicho “que linda tu polera”.

- Analuz me pidió que te presentara un lugar que frecuentan los gay italianos, y a este he venido con mis amigos que pronto han de llegar.

La guata se me hizo un nudo. Y ahí noté que el 90% de las personas en ese local éramos hombres, que la mayoría estaba solo y que los bármanes usaban una camisa abierta exhibiendo marcados pectorales. Pero nada de locas, plumas ni jotes chilensis, ni nadie vestía en un estilo similar al de otros. Tampoco notaba un perfume predominante en la atmósfera ni la música era las típicas. También podía ocurrir que acá los códigos sean distintos y que yo no sepa interpretar miradas, gestos, etc.

Continuara…

martes, 12 de febrero de 2008

extraño juego diplomatico en amalfi invernal


El fin de semana nos fuimos a Amalfi. Amalfi en invierno. Una seguidilla de pueblitos desprendiéndose de los acantilados como racimos de uva que alcanzan el mar Tirreno. Lo que supuse como un fin de semana familiar resulto serlo, pero esta vez con la familia grande; una manada de amigos de Analuz y Gonzalo.4 niños y 13 adultos (4 chilenos, 1 italiano, 1 holandés, 2 españoles, 1 mexicana, 2 argentinos, 1 alemán y 1 australiano. Casi todos diplomáticos o parejas de tales). Todos jóvenes. Sí no me equivoco el mayor tiene 37 y es el escritor-guardaparque. La menor Analuz.

Ya me había dicho Analuz que lo mejor de los diplomáticos no políticos es su cultura y sencillez. Y así fue.

Las anécdotas me son difíciles de narrar, no es simple traducir el idioma de babel en el que se habla. Lo que sí fue mágico fue la segunda noche.

En realidad era un atardecer algo frío y oscuro. En el hotelito de pocas habitaciones y gran calidez, sólo éramos nosotros los huéspedes (en Europa los hoteles de las zonas históricas no tienen más de 20 habitaciones). La terraza daba a una vista amplia del mar y de las luces de un cercano pueblito.

Alguien llegó con unas bottiglia de vino y de licor regional. Y de pronto el guardaboschi propuso un juego que entre risas Analuz y Gonzalo me traducían. La cosa consistía en el azar de la mente, el corazón y la intuición. Para ello consiguió una copa muy grande y uno a la vez la llenó de vino, licor o agua, según gustase. Entonces todos a la vez levantábamos la copa y brindábamos al unísono por quien la había servido. Entonces el “dueño” de la copa la ofrecía a una persona, ésta bebía mirándolo a los ojos y se la devolvía agradecido. Así daba la vuelta. Al final el “homenajeado” bebía lo que quedase y daba las gracias.

Acto seguido quien había hecho de dueño de la copa decía una frase corta y luego alguien agregaba otra de tal modo que cada uno tendría un mensaje compuesto por trece frases. Y este mensaje podría cambiar tantas veces como se cambie el orden de las frases.

Así la cosa llegó mi turno. No tengo claro de donde me salió la frase inicial, pero salió. Luego vino el orden en que me fueron entregados los mensajes.

El cambiar es un buen camino - Yo.
Camina por los desafíos que se te presenten – Gonzalo, chileno – carrera diplomática
Siempre regresa a tu interior – Josemaría, español – Carrera diplomática
Mira las señales que te da la naturaleza –Paolo, italiano – ex guardabosques, escritor
Aliméntate de la oración – Jimena, mexicana – Periodista, carrera diplomática
Camina ampliando tu concentración – Geert, alemán – Profesor de filosofía
Canaliza tu amor en creación – Eduardo, chileno – carrera diplomática
Date permiso para trascender tus esquemas – Sofia, española - historiadora
Has un acto de amor verdadero por ti – Jeroen, holandés – Carrera diplomática
Has algo artístico – Consuelo, argentina - Pintora
Sin que nada te encadene – Matthew, australiano – Carrera diplomática, abogado
Comprométete sólo contigo mismo a dar más amor – Analuz, chilena – mi gran amor femenino
Trasciende tu propia verdad – Federico, argentino – estudiante de filosofía


Entre todo este grupo de babel existen parejas, amistades y ex parejas. Todos se conocen por que son, o sus parejas, o mejores amigos, diplomáticos de carrera. Tiene en común habar vivido en distintos puntos del planeta y saber que aún tienen más lugares a donde han de ir a vivir un tiempo. No pertenecen a ningún lado porque son seres de viento.

El resultado para cada juego fue similar a mi propio resultado. Salvo que los mensajes que se daban quienes más se conocían a puntaban a cosas concretas de la vida vivida.

Ha sido un bello juego.

Me he quedado leyéndolo una y otra vez en este frío y oscuro fin de invierno romano.

jueves, 7 de febrero de 2008

primer carrete en roma

Hacia ya tiempo que tenía el temor de que la vida diplomática en la cual estaba inserta mi hija le estuviese quitando la espontaneidad infantil. Y con ese temorcillo arribe un atardecer de invierno a Roma. Una Roma oscura y fría, por cierto.

Sin embargo nada de ello había sucedido, y eso quedó presente desde el momento mismo en que las ví al salir de ese tremendo aeropuerto.

Los dos primeros días fueron de ir a dejar a las niñas (mi hija y su hermana Isis) al colegio; un pequeño recinto donde aprenden el idioma y arte. Nada de matemáticas ni esas cosas. Y continuaba el día en compañía de Analuz (madre de mi hija), un poco acompañándola en su rutina y un poco conociendo los cafés y rinconcitos que ella había descubierto.

Anoche fue especial.

Gonzalo, esposo de Analuz, había organizado una reunión entre algunos funcionarios de otras embajadas en el departamento para celebrar su cumpleaños (cosa ignoraba y, por supuesto, no tenía un regalito para él). Me imaginé una reunión de gente formal, sería, hablando de algún tema aburrido en varios idiomas. Cosa que no me tincaba. Así la cosa, esperé resignado la reunión.

Y fue todo lo contrario… todo lo contrario.

Se trataba de un encuentro multicolor en facciones y colores, estilos y formas, idiomas y modos. Trabajo me costó creer que un tipo de unos 38 años, delgado como un palillo, tan rubio que parecía albino, vestido de pantalones rojos y un suéter naranjo, con un gran cadena al cuello y un anillo de alguna exótica piedra, era el secretario comercial de la reina Beatriz de Holanda. Bien estaba vestido para una de esas discotecas marica de Santiago. Luego Gonzalo me explico que en Europa la carrera diplomática es una como cualquiera otra, que las reglas son menos estrictas y que todos tienen derecho a ser como son, sin ese arribismo sudamericano.

Pronto el departamento, bastante amplio por lo demás, se llenó de personas que me resultaron muy entretenidas, a pesar de mi mal inglés, idioma realmente universal. Gonzalo y Analuz me presentaron, simplemente, como el padre de Artemisa, a quien conocían de sobra, y nadie tuvo alguna expresión de sorpresa, de no entender.

Analuz me contaba que las reuniones en casas de latinos resulta un éxito pues es muy difícil que alguien invité a su hogar, menos a una multitud como tal. Me contó que a quien considera su mejor amiga solo después de un año comenzaron a saludarse con un beso perdido a la altura de la oreja. Lo normal es saludarse de mano y juntarse fuera de las casas. El holandés resultó ser un viejo amigo de Gonzalo, pues ambos se conocieron años atrás cuando trabajaban en la representación de sus respectivos países en Bruselas. “Aún no llega su novio… te enamorarás de él”, profetizó Analuz.

En efecto, pasado un buen rato en que bebimos las 6 botellas de vino que traje desde Santiago, llegó un hombre de unos 38 a 42 años, guapo, de estatura normal y de una apariencia muy sencilla. Entonces Analuz llegó con él, tomados de las manos, a mi lado y me lo presenta como Paolo. Me dio la impresión que ella le había hablado ya de mí y temí que cosa pudo haberle contado. Nos saludamos de manos, ellos hablaron algo en italiano que no pude adivinar aun que estaba claro que elle le hablaba de mi. Luego tradujo y me contó…

Paolo estudiaba para jurista cuando una buena tarde mandó el mundo a la punta de cerro, dejó todo y se largó a vagar hasta que encontró un trabajo como Guarda Parques en el norte del país. Vivió ahí a pesar del llanto familiar, soportando 4 años de duros inviernos y calientes veranos. De a poco, para sentirse acompañado, comenzó a escribir cuentos que fue guardando hasta que un día, cuando ya había regresado a la vida moderna, presentó a un concurso literario del Municipio de Roma. Y lo ganó. Una editorial se interesó por su trabajo y compró los derechos de publicaciones de todos los cuentos que escribió durante su vida ermitaña. Hoy en día es un reconocido escritor y ha sido traducido al inglés. Analuz le había contado de mí por mi vida ermitaña en el Valle del Elqui, la vida en una “comuna” y el estrecho contacto con la naturaleza. Me preguntó mil cosas y yo le pregunté mil y una cosas. Y todas las tradujo Analuz. Luego ella me contaría que en Italia un guarda parque gana cerca de los cuatro mil euros, le pasan una cómoda casa completamente equipada, con teléfono, internet y todo. No se gasta en comida, bebidas ni luz, todo corre por cuenta del estado.

El cumpleaños terminó muy tarde, a eso de las 11 de la noche (no se conocen reuniones en casas particulares hasta la madrugada), y con Analuz nos amanecimos bebiendo whisky y poniéndonos al día de todo este tiempo.

Este fin de semana nos vamos a Amalfi, que dicen que en invierno es aún más bello.

viernes, 1 de febrero de 2008

un hombre y su volantín




Él tenía un blog en la web y yo lo leí con indiferencia inicial y luego como si sus letras fueran un resbalín de plaza de pueblo caí a un costado de su naturaleza.

Y entonces me nació suave como nacen las marejadas desde el otro lado del horizonte.

Yo no buscaba nada, sólo era un naufrago en la red y él, desde su montaña, elevaba un volantín de color igualdad que alcanzaba el cielo y era visto desde otras provincias. Mientras una piedra le pesaba en el corazón. Y entonces quise yo abrazarlo con mis brazos de ermitaño urbano. Pero el estaba en la montaña y yo en el mar.

Y desde la proa de mi nave amenacé paralelos y meridianos temiendo trizar el agua. Y él, desde su alta montaña, desafiaba la fuerza de gravedad elevándose ligero como su volantín.

Y yo le miraba, algo en él había que me encantaba. Y pasa que el intelecto me resulta tan excitante y la humildad una brisa que alivia la sed de todos los desiertos. Entonces le comencé a admirar desde mi lugar, a espiar en sus blog y en sus volantines de otras provincias. Yo imaginaba que en todas ellas las campanas replicaban en su honor.

El hombre de montaña lloraba un amor ido. Hubo veces en que creí que todo el amor que tenía era el amor perdido.

Yo, en cambio, esperaba el amor que algún día ha de llegar, algún día, algún día.

Y hubo instante que la red unió nuestras soledades y por un segundo nos acompañamos. El desde la montaña fue un hombre generoso.

Han pasado los días como pasan los días y aún, de vez en vez, en un punto del espacio nos encontramos y nos saludamos.

Temo conocerle, beber un vino a su lado. Sé que yo saldría lastimado. Quizá él también, y no estamos para hacernos daños.

Desde la cubierta de mi barco brindo a tu salud y te envío todo mi amor y lo consagro como uno de los seres más atractivos que han pasado, de alguna forma, por mi existencia.

Me alegra ver, aun que sea de vez en cuando, su volantín color igualdad surcando el cielo. Que nunca le falte el viento.

A tu Salud