sábado, 11 de octubre de 2008

ahora que amo a un hombre

Ahora que tu energía es un amor lejano, besos en los ascensores, miradas cómplices siempre escondidas de los demás. Algunos años compañeros en la universidad, servilletas escritas, ron cubano y vino tinto, hojas de hierba, el auto siempre en una vía que aleja de la ciudad y tu cama siempre para mí estaba abierta.

Ahora que queda tan lejos aquella cabaña en el Melocotón, el bar biógrafo, libro-café, los enfadados, las copas que brindaban a los sueños y a los vientos y a los no-miedos, la luz de vela en ese bar a la hora en que el amor se declara converso.

Ahora que me canso en las reuniones y el comunismo pareciera que empieza a cerrar, y apuro el último suspiro antes que las estrellas comiencen a emigrar a noches que están aún más lejanas. Ahora que vivo en esta casa en que siempre quise vivir y nadie me espera aquí. Ahora que aprendí a llegar a fin de mes y que amo a un hombre---

¡¡Que amo a un hombre!!

Ahora que ya no uso chequera, que recorrí solitario París, que sueño con prados verdes, que ya no escribo cartas en servilletas de bar, que alcanzo más años que promesas, que naufraga mi corazón a pesar que no hay isla donde naufragar, que llego tarde a las fiestas de mis amigos y se me pasan los cumpleaños. Ahora que vivo entre dos cerros cruzados por un río…
Ahora que hay fiestas sin resacas y madrugadas poéticas, ahora que nadie me saluda por los bares de Constitución, que pido en noches desesperada auxilio y besos a cambio de una nueva canción, que fumo menos y a veces lloro mientras duermo. Ahora que muero de frío como un pájaro caído. Ahora que viejos amigos me han traicionado…
Ahora es el momento de volver a empezar, a vivir la realidad, que nazcan las orgías en mi casa en la montaña, de besos y caricias. “Se cayeron mis alas y yo no me rendí, así que ven aquí, brindemos que hoy es siempre todavía, que ya sabes, nunca creí en las despedidas”.

1 comentario:

G! dijo...

ahora no creo en nada y acepto todo... y tambien creo en todo y no acepto nada...
leerte es volver a tener alas.
aceptando el riesgo de volver a caer cuando mis musculos se cansen de sostener el mundo bajo ellos, o sobre ellos si es que vuelo de espaldas... como nadando en un agua que es el aire que sostiene mis latidos, que me mantiene vivo...
vivo y volando.
un abrazo para el que siempre sigue creciendo, aunque nunca lea esto.
G!