miércoles, 19 de noviembre de 2008

cumpleaños feliz III, resumen

Me caga una huevada, y me caga pesa´o

Enrique llego al colegio en primero medio. El nuestro era un liceo chiquito y piola, un curso por nivel donde no se vestía uniforme ni el portón se cerraba con candado. El patio lo cercaba un cerro de aquellos y un canal de regadío generoso. Enrique se sentó delante de mi asiento, al lado de Analuz –ya entonces mí mejor amiga y por ese momento polola de mi hermano Hannessis y más tarde madre de mi hija Artemisa-. Era un chico alto y delgado, me sobrepasaba en unos cuantos centímetros, relegándome del puesto del “Más alto del curso”. Durante unos meses sólo fue un compañero de curso destacado tanto en música como en deportes, taciturnos en los recreos. Hasta que una tarde de domingo de invierno nevado Analuz llega acompañada de Enrique a mi casa… entonces nos fuimos a la leñera, distante de todo, a fumarnos un porro que traía él. Y en medio de eso me sumergí en sus ojos almendrados color madera y me maravillé al descubrir sus facciones precisas.

Para el próximo verano y sus vacaciones no soportamos la separación y planeamos vacaciones conjuntas. Así nos fuimos durante enero con mi familia a la casa del Molco en el lago Villarrica y durante febrero nos fuimos a mochilear a Chiloé. Y fue ahí, en una isla pequeña y húmeda y oscura y fría donde descubrimos los besos y las caricias y la ternura y la excitación y el morbo y el sexo. Cada uno fue para el otro la primera vez y esa primera vez se replicaba cada vez que estábamos solos hasta la noche anterior a esa mañana maldita en que mi padre me va a buscar a la universidad para contarme que Enrique había sufrido un accidente. Entre banderas de colores, amigos en zancos, cantos de guitarras y batucada lo enterramos tres días más tarde. Una semana después su madre me entrega la única foto que nos tomamos juntos tres años antes, en la plaza de Ancud, abrazados y sonriendo a la eternidad.

La noche oscura me acompañó un largo tiempo.

En mi tiempo universitario trabaje como modelo para una agencia importante. En eso me tocó participar en campañas para una marca de ropa gringa. Tiempo después un informe de UNICEF da a conocer que tal marca de ropa empleaba niños en países tercermundistas, entre ellos Perú y Bolivia, como fuerza de trabajo en condiciones de abuso. Tal informe causó tal revuelo en el medio que pronto se organizó una protesta. El lugar escogido fue Viña del Mar, pues tal marca mantenía una sucursal a la calle –diferente a Stgo donde las sucursales más importantes están dentro de mall- la idea era sencilla. Un grupo de “modelos” que habíamos trabajado para tal marcas llegaríamos vestidos de esa marca al frente de esa vitrina y nos desnudaríamos, la ropa sería quemada en medio de carteles con denuncia y globos de colores y serpentinas. A la hora acordada nos reunimos en una esquina, el Partido Humanista –organizador- nos apoyaba y juntos caminamos hasta la tienda y mientras los globos comenzaban a aparecer y los carteles a denunciar, rodeados de turistas con sus cámaras fotográficas y peatones sorprendidos nos desnudamos y la ropa fue quemada. Un par de minutos más tarde llegó la policía y nos dimos cuentas que habíamos olvidado un detalle. No teníamos ropa de repuesto. Los pacos se concentraron en quienes estábamos en pelotas. Un muchacho me alcanza su polera la cual use para tapar mis genitales y culo mientras era subido –respetuosamente, hay que decirlo- a un carro hediondo. Tres horas después salimos de la comisaría como héroes para quienes nos habían acompañado y nos fuimos a casa de alguien del Partido Humanista donde pasamos la tarde y la noche y la mañana siguiente. Ahí fue donde vi a Cristian y agradecido le regreso su polera.

Aquella tarde marcó dos cosas importantes. Abandoné la publicidad ante la certeza de ser un actor más de la compra-venta, de este capitalismo salvaje y esta sociedad ciegamente consumista que para satisfacer sus caprichos es capaz de abusar de niños y quizá cuantas otras cosas atroces que no se saben y, haber conocido a Cristian con quien vivimos juntos un par de años viajando y descubriendo el mundo. Nuevamente me sentía mágicamente enamorado, comprometido, alegre y profundamente feliz. Durante más de tres años construimos un mundo pacifico, hermoso, solidario y gentil. Cuando él estaba a mi lado el mundo me parecía más amable, más humano, menos malo.

La noche que nos despedimos lo hicimos a lo grande. Nos amamos toda esa noche para jamás olvidarnos el uno del otro. A la mañana siguiente le fui a dejar al aeropuerto y lloré al ver ese Iberia despegar de la pista...

Continuará

martes, 18 de noviembre de 2008

cumpleaños feliz II, tiago el zorba


Y llegó el día 14 y aun estaba como una estatua en el centro de la plaza de mi existencia. Definitivamente no estaba bien, me sentía absolutamente huérfano incluso de mi mismo. Hice todo lo posible para que con Dan las cosas fluyeran en paz. Finalmente no supe que pasaba en él y solo sospeché que un miedo atroz fue lo que lo llevó a actuar con tal nivel de desestabilización. Bien sabía que no había vuelta atrás, imposible después de haberme acostado con un chico que… un chico que me envío un mail como alguna vez soñé recibir, proponiéndome que le invitara a conocer la quebrada que más me gusta. Pero el caso es que volvía a estar solo… cosa que no quería que sucediera, que me aterraba e inmovilizaba.

No obstante ahí me encontraba, en medio de mi casa, con una brisa fría y húmeda, erecto como un cactus, bañado de un melancólico rocío. Aquella mañana llore como un niño, no, mejor dicho lloré como un hombre, con lágrimas certeras y silenciosas. Por un momento sentí mucha bronca con Dan y conmigo mismo, con el chico que no me llamó y con el que había escrito ese mail como un horizonte, un oasis quizá.

Mi madre, con esa intuición que sólo tienen las madres, llegó a casa y al ver mis ojos colorados me acunó. “Treinta años ya y sigues siendo mi niño” dijo mientras me abrazaba para comenzar a cantar aquella canción que cantaba cuando era un niño y en las noches de pesadilla buscaba el refugio de sus brazos en su cama. Entonces me acostaban entre papá y ella y cantaba: “Eigo, yo remando voy, mi canoa por el río va y en la noche fresca por la selva voy”, y su voz espantaba mis miedos y entre ellos me dormía seguro, amado y en paz. Pero esta vez mis miedos necesitaban más que una canción y el amor de mis padres para ser espantados.

La razón de la visita era para contarme que el día sábado (mi cumpleaños) ella y papá irían al concierto de Serrat y que por tal razón habían planificado una celebración para la noche del viernes donde habían invitado a los amigos de la familia (lo más cercanos que con mis hermanos hemos tenido a Tios) y a mis amigos de toda la vida. El menú… lo mismo de todos mis cumpleaños “Ñoquis”. Dicho sea de paso, a mi madre le quedan ESPECTACULARES.

Aquel viernes me la pasé en la oficina con mis hermanos, el seminario en Canelo de Nos había concluido el día anterior y volvía a tener mis días libres para mi.

Irineo, uno de mis hermanos mayores y con quien estoy seguro venimos juntos de muchas vidas anteriores, notó que no me sentía del todo bien y nos arrancamos la tarde a un bar de El Golf (Donde están las of) y en dos horas saqué todo lo que me quemaba en el interior. Él, claro como es él y con ese humor que luce espontáneamente me contó su película favorita y como la encontró en un libro de Osho.

“Teñí que dejar de ser Tiago Mendiburu y comienza a ser Tiago el Zorba”. Me aseguro que ahí estaba el secreto…

Al día siguiente su regalo de cumpleaños para mi fue la Película Zorba el Griego y el libro de Osho

“Zorba está vivo pero no sabe nada de las cimas más altas. Es feliz arrastrándose por la tierra: puede abrir las alas, pero no tiene consciencia de ello.


Su jefe es un hombre culto, muy refinado, rico, pero infeliz, continuamente angustiado. Zorba le dice un día:


- Jefe, lo único que a ti te pasa es que piensas demasiado. ¿Por qué no vives? No le veo sentido. ¿Por qué sigues pensando? ¿Qué vas a sacar en limpio? ¡Vive! ¡Ven conmigo!.


Coge su instrumento musical, arrastra a su jefe hasta la orilla del río donde viven y empieza a tocar, a bailar. Y el jefe se queda allí parado, muerto de vergüenza, pensando: "Si alguien ve a este loco, y a mí con él, ¿qué va a pensar?". No baila pero tiene miedo de que si alguien le ve allí... Zorba tira de él y le dice:


- ¡Ponte a bailar!


- No sé bailar -replica el jefe.Zorba le insiste:


- No hay por qué saber bailar -insiste Zorba-.


- El baile no se aprende. Empieza a dar saltos y lo verás. Yo toco la música. Tú sólo tienes que empezar.


Al comprender que aquel hombre no iba a dejarle en paz, el jefe empieza a moverse, y Zorba le anima. Al final, en aquella noche de luna llena, se olvida por completo de su cultura, de su educación, de su civilización, y por primera vez comprende que también puede vivir, que también puede bailar, que sus piernas no sólo sirven para andar. Tiene alas: Zorba le enseña algo de la tierra”

lunes, 17 de noviembre de 2008

cumpleaños feliz I


Aún no se apaciguaban los pájaros en mi cabeza, que habían revoloteado incansablemente durante semanas, cuando llegó de grandes zancadas mi cumpleaños. Y yo ahí de pie, despierto, desnudo en una mañana lloviznoza de esta extraña primavera, sin nada planeado para lo que supuse debía ser un festejo muy simbólico.

Mi primer diez años lo viví como todo niño criado en una familia numerosa que habita el sereno y generoso paisaje cordillerano de una parcela en Pirque, franqueada por quebradas, un río y la montaña, donde jugué en casas de árbol a poto pela´o sin ninguna otra urgencia que estar con mis hermanos.

Mi segundo diez años fueron de bajar de los árboles y descubrir que más allá del Maipo existía toda una ciudad con un sin fin de callejones oscuros y excitantes. Fue la época de enamoramiento cándido y ese primer amor que me salvó de vivir una vida ordinaria, de adherir al partido y militar, descubrir el vegetarianismo y la cannabis.

Mi tercer diez años fueron de exploración profunda… del nacimiento de mi hija, del amor de pareja profundo y comprometido, la sexualidad florecida en la piel, el descubrimiento de otra forma de vivir la vida, la emigración al Valle del Elqui, la conquista de la soledad de pareja, la sexualidad dormida, el descubrimiento de dios en la forma de la Existencia, la vida en “comuna”, el sosiego, la enfermedad de papá que me trae de regreso a Pirque.

¿Cómo quiero que sean mi cuarto diez años? Y para ello había barajado múltiples posibilidades tales como irme a acampar con Dan –sí es que podía convencerlo de tal cosa- y celebrarlo juntos o irme al Valle del Elqui, o acampar solito –Radal era el sitio escogido-, en Tunquén, salir con mis hermanos y los amigos de siempre (benditos sean) a carretéarnos Santiago…

Los descartes llegaron por si solos…
- Mis padres no me perdonarían un cumpleaños lejos de casa y la familia
- Con mi hija haríamos una teleconferencia el sábado en la mañana
- Dan…

Dan… durante las últimas dos semanas se había encargado de mostrarme la cara más ambigua de la existencia y en tal maremoto me acerqué al filo de un precipicio que de haber saltado… Su juego de inseguridades, el pasarme la cuenta por no sé que cosa, el querer despertar en mí emociones de culpa de supuestos hechos que sólo se podían basar en su imaginación.. Con una relación tan de ir y venir, con sus terminar cada dos semanas y a los tres días una dulce y extendida reconciliación posible de hacernos volar a prados románticos de una exquisita elegancia… y ese clima se mantenía unos días hasta que… OH Dios… sus diablos internos florecían con una violencia desmesurada.

El jueves pasado fue clave y decidor… había acordado juntarme con un chico guapo, excitante y, al parecer, ya maduro y sosegado a “Pisar como los Dioses”, ambos tenemos claro que entre nosotros el vivir lindo sexo es lo único posible que se puede dar y dispuestos estábamos a hacerlo. A él no le complicaba el hecho de que yo estaba en una relación… que para tal día estaba yo soltero al haberme dado Dan la quinta pata en el culo. Las cosas salieron distintas… este chico jamás me llamó el día jueves (ni después tampoco), excitado como gato en celos di vueltas por la ciudad en busca de… a las tres de la madrugada del viernes regresaba a Pirque sabiendo que él hecho de haber tenido sexo casual con un guapo chico imposibilitaba cualquier posibilidad de regresar con Dan… sólo me clavaba la espinita que el chico con quien acordé juntarnos esa noche no me llamó nunca…

El viernes, por insistencia de Dan nos reunimos a almorzar, momento en el cual me hace entrega de una pequeña cajita como regalo de cumpleaños. En su interior en una base de plata un cuadrado de lapislázuli y en el centro, también en plata, el signo del Infinito… fue difícil rechazarlo sin dejar de herirle en alguna forma… esa vez y por primera vez era yo el que declaraba que tal relación estaba concluida. Fuimos a su depto porque así podíamos hablar tranquilos y de paso yo retiraba algunas cosas que tenía ahí (maquina de afeitar, ropa interior, camisa y unos cuantos apuntes de mi trabajo y estudios). Bien sabía que no podía retirarme sin antes dar respuesta a cada una de las preguntas que le surgieran y esperaba que no fuese insistente… y lo fue, y le conté que había acordado tener sexo con un chico con quien me comunico de hace tiempo, quien en un momento me gustó más allá de la excitación y me había llegado a interesar genuinamente, pero que este hombre finalmente no me llamó quizá porque razón… y que caliente me di vueltas por la ciudad, que había notado sus llamadas y que no quise responder y que finalmente en un bar de Vitacura cruce miradas con alguien y nos fuimos juntos a su departamento. Sólo por sus insistentes preguntas confesé haber tenido sexo y que, además, el muchacho me había gustado. Que en ese momento no podía saber sí lo llamaría o no, pero de que me había gustado… me gustó.

Contra todo pronostico Dan guardó serenidad. En un momento miró el techo, mis ojos y luego el piso… “yo te empujé a eso”. Le aclaré que no y le pedí que no se hiciera el culpable de algo en lo cual no existe culpabilidad sino que mi voluntad nada más. Nos despedimos con un abrazo suave… me pidió un beso de despedida… besé su frente, y me retiré sin permitir que me dejará en el jeep ni yo miré atrás.

jueves, 6 de noviembre de 2008

un célibat


Desde la terraza no sólo se veía el mar ni el horizonte tiñéndose de naranjo ni de mi vaso bebía sólo ron-tónica… un grupo de chicos se reunía en la playa y mi bebida contenía algo de tristeza.

De pronto la terraza se me hacía minúscula, me estrangulaba… el celular había permanecido apagado en el fondo de un morral para evitar oír sus llantos que, sin duda, hubiese volado a consolar.

Todo me era confuso. Antes de irme a la playa nos juntamos a cenar –elegante manera de decir “adiós”-, siempre he odiado ese: “¿Volvamos a empezar?” y ni por orgullo ni vanidad, en el tema de atracción-amor, nunca he dado un paso atrás y, sin embargo, le dije que no me cerraba a nada… ni a ese volver a empezar como a conocer a otro… en pésimo francés me declaré “un célibat” y de paso liberarlo y liberarme de lo que…

Y sentado en la terraza, con mí entre piernas inquieto y tenso, decido acercarme a la fiesta que se comenzaba a armar en la arena. Por si acaso llevaba una botella de ron, otra de tónica y seis condones en el morral (siempre he sido optimista a la hora de proveerme de preservativos) y baje a la playa con todas las puertas y ventanas de mí ser abiertas.

y bueno… na que hacer, regresé cuatro horas más tarde sin ron ni tónica, cuatro condones, dos números telefónicos y el eco de esta canción que me subió el ánimo de una forma increíble.
(los dos condones faltantes se convirtieron en globos que un viento se llevó)

Arriba todos es un día de sol,
Fucking mezzogiorno de calor
Las flores blancas del amor, las flores negras del dolor
Hoy Frida pinta el cielo desde allá
Todo esto es un sueño que más da
El paraíso es un lugar,
El paraíso es un lugar

No buscaría la razón
La sensación de estar colgado de un avión
Que está a un segundo de arribar
Que está a un segundo de estallar
Que es un milagro despertar
Saber que nada es para siempre y hoy…

Desafiar a las leyes de la gravedad
Sólo reírme hasta verme flotar
No me creo que todo haya ido tan mal
Prueba el efecto de resucitar…

Cuando el mundo se pone oscuro
Se pone lento, todo mal
Por el mundo yo no me dejo desanimar

Preferiría amarte y no pensar
Siempre entre tus piernas quiero más
Amar
Amar
Amar
Amar
El paraíso es un lugar

I can´t get no satisfaction
La dosis justa para la resignación
La maravilla del color
Las endorfinas del amor
Sí todo se acabara hoy
Yo desearía que termine así…

En el cine del barrio de la humanidad
Ver “lo que el viento nunca se llevó”
Y los chicos fumando nos digan que fue
Sólo una broma, nada terminó…

I can´t get no satisfaction…


Está canción, que nunca había oído, fue cantada hasta el delirio por dos chicos secos en percusión y que hicieron de un anochecer anaranjado en la playa una fiesta intimista y carnavalesca como pocas veces se dan en Tunquén, pero cuando se arma la fiesta… la mejor pista es un poquito más allá de esa quebradita que da al mar en Tunquén.